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martes, 14 de febrero de 2017

La deuda pública estadounidense, la gran afectada de 'Trumponomics'

La era Trump ya ha empezado, y no está dejando indiferente a nadie. Como primeras medidas ya hemos visto como ha firmado la orden ejecutiva para retirarse del Acuerdo Transpacífico (TTP), revivir el proyecto del oleoducto Keystone XL, decretó el cierre temporal de las fronteras estadounidenses para los inmigrantes que pertenecieran a siete países que se ha visto en suspensión judicial.

Y aún no se ha iniciado la parte más esperada por muchos de sus votantes... Uno de los mayores recortes de impuestos que ha vivido Estados Unidos en los últimos años y la puesta en marcha de diferentes proyectos de infraestructura.

No obstante, la fuerte reducción de impuestos añadido al incremento de gasto público nos plantea uno de los problemas más relevantes para un país... ¿Y qué sucede con la deuda? En las siguientes líneas veremos cómo se estructura su reforma fiscal y cómo enfocara su política de mayor gasto público y los efectos que tendrá sobre la deuda pública del país.
Menos impuestos y más gasto público

Trump llevará a cabo una reforma fiscal en Estados Unidos que supondrá los mayores recortes de impuestos desde el mandato de Ronald Reagan. Tanto el IRPF como el Impuestos sobre Sociedades se verán duramente recortados lo que incrementará la renta disponible de familias y los beneficios netos empresariales.

Si nos centramos en el impuesto sobre la renta, en la actualidad nos encontramos con siete tramos impositivos en el modelo fiscal estadounidense mientras que Trump pretende una simplificación hasta tres tramos con el 12,25 y 33 por ciento. Por su parte si el tipo marginal máximo actual es del 39,6%, quedaría rebajado 6 puntos porcentuales hasta el 33%.



El impuesto de sociedades de Trump es otra de las medidas estrellas. La parte superior marginal del impuesto de sociedades se reduciría a una tasa del 15%, desde el 35% que se mantiene en la actualidad, según la propuesta de Trump.

También ha propuesto una moratoria fiscal para las empresas que repatriaen sus beneficios realizadas en el extranjero a una tasa del 10%. Se espera que estos cambios generen incentivos de acumular dinero en efectivo en el extranjero, y para cambiar las bases tributarias de otros países a través de las inversiones.

Trump se ha comprometido a aumentar drásticamente la inversión en infraestructura. Su proyecto más notable es el muro que ha prometido construir a lo largo de la frontera con México. El 25 de enero Trump ordenó la construcción "inmediata" del muro. A pesar que en primer lugar,se estimo que costaría entre 5.000 y 10.000 millones, las estimaciones independiente valoran el proyecto en 25.000 millones de dólares.

En el resto de proyectos de infraestructura nos encontramos en inversiones en los sistemas de la red eléctrica y de telecomunicaciones, así como reparaciones y mejoras a carreteras, puentes, puertos, aeropuertos y oleoductos. Todo ello se ha valorado en un billón de dólares en inversión en infraestructura en los próximos diez años.
Consecuencias del programa fiscal

En el mes de septiembre, el centro de investigaciones independiente 'Tax Foundation', estimó que el plan de Trump reduciría los ingresos fiscales federales entre 4,4 y 5,9 billones de dólares durante la próxima década en una base estática. Aunque incorporando la previsión del crecimiento este importe se situaría entre 2,6 y 3,9 billones de dólares.

La pregunta que nos surge a todos es si es sostenible para el equilibrio presupuestario de las cuentas públicas estadounidenses, pues la contrapartida de reducción de gasto público sería 'reducción de la burocracia, eliminación de los gastos superfluos y mejora recaudatoria en los ingresos', lo que no es especialmente especifico dado el fuerte ajuste de ingresos.

Muchas instituciones o los departamentos de Research de algunos bancos han evaluado el impacto de las medidas propuestas por Trump sobre el déficit y la deuda pública de los próximos años.

Según CBO (Congressional Budget Officve), la previsión actual es que la cantidad que los gastos superen los ingresos del gobierno entrante, sea de 559.000 millones de dólares en el año fiscal 2017 (termina el 30 de septiembre), en comparación con 587.000 millones un año antes, y aún inferiores en el año 2018 a que el déficit sería de 487.000 millones de dólares.

Tras esos dos años fiscales la cosa empezaría a cambiar... Se esperaría que el déficit crezca de manera constante durante la próxima década hasta alcanzar la cifra de 1,4 billones de dólares para el año fiscal 2027, en parte debido a los costes asociados a la jubilación del baby boom. Eso implicaría un nivel de déficit más o menos similar al año fiscal 2009.

Una de las publicaciones más recientes la ha elaborado Goldman Sachs, en la que prevé que en todos los años se vaya incrementando el nivel de déficit público de Estados Unidos. En el ejercicio fiscal de 2017 sería de 650.000 millones de dólares, mientras que en el año 2020 superaría el billón de dólares.



Como es lógico, el déficit continuado en los próximos años incrementaría los niveles de deuda público que asume la primera economía del mundo, lo que implicaría un mayor riesgo para hacer frente a los vencimientos. Dado que Estados Unidos ocupa una posición privilegiada en los mercados financieros, este riesgo es más relativo que en cualquier otro país para las condiciones de financiación por el polo de atracción de capital.

Actualmente, la deuda pública sobre PIB se sitúa en el 108%, pues bien, si los recortes de impuestos son compensados ​​por recortes de gastos, la deuda nacional aumentaría en más del 26 puntos porcentuales sobre PIB en el año 2026 y más del 50 puntos sobre PIB en 2036.
¿Quiénes son los titulares de la deuda?

Estados Unidos cuenta con una elevada deuda pública de la que el 16% corresponde queda integrado en el balance de la Reserva Federal gracias a su programa de compras, el 46% pertenece a bonos y obligaciones de los que son titulares los inversores privados y el 38% restante, es de tenedores extranjeros.

Entre esos tenedores extranjeros nos encontramos en primer lugar a Japón, que suma en títulos de deuda pública 1,13 billones de dólares, mientras que China suma 1,12 millones de dólares (la relación más baja de la deuda de Estados Unidos desde 2010).

Durante los últimos meses, China ha estado vendiendo deuda estadounidense desde hace meses para apoyar a su moneda y evitar una considerable depreciación del yuan que perdió un 7% el pasado ejercicio.

La interdependencia entre Estados Unidos y China es crucial para ambos... Y es que, tal y como prometió Trump, si Estados Unidos pretende atacar su déficit comercial impactando directamente a China, la segunda economía puede contraatacar y lanzarse a vender deuda estadounidense al mercado.

Bajo este supuesto, los intereses de la deuda estadounidense se acelerarían haciendo que refinaciar la deuda sea más caro y que la partida 'intereses' se incremente en los presupuestos.
Trump catalizador de la bolsa estadounidense y mejora de los indicadores económicos adelantados

A pesar de que la política proteccionista de Trump puede llevar a una nube de incertidumbre en el medio y largo plazo, la política fiscal que se pondría en marcha y la desregularización prometida está siendo descontada por Wall Street y las bolsas se encuentran en máximos históricos.

La elección de Donald Trump ha sido un verdadero catalizador para las principales bolsas estadounidenses. El S&P500, en índice bursátil más representativo de Estados Unidos, ha sumado un avance del 8,25% hasta los 2.316 puntos (máximos históricos) desde el 8 de noviembre del año pasado.



Los principales indicadores adelantados, que estaban en claro descenso en la primera mitad de 2016, mostrando un aviso al riesgo de recesión, han repuntado con fuerza, disipando el fantasma de la recesión.

Por ejemplo, el índice de actividad empresarial del sector servicios se incrementó en enero al nivel de 55,6 desde los niveles de 53,9 mantenidos en diciembre, situándose en los niveles más altos desde noviembre de 2015.



Lo mismo nos ocurre con el ISM manufacturero, que nos muestra una perspectiva anticipada sobre la fortaleza del sector manufacturero en los Estados Unidos, pues subió en el primer mes del año hasta 56, desde 54,5 en el mes de diciembre. Estos datos suponen el nivel más alto desde que en noviembre de 2014 alcanzara los niveles de 57,5.

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