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sábado, 25 de noviembre de 2023

Cómo EEUU y las potencias europeas dividieron el mundo árabe para poder debilitarlo

La región se ha mostrado incapaz de tomar medidas drásticas para acelerar el fin de las hostilidades en Gaza, una consecuencia directa de la atomización diseñada por Occidente para mantener el control geopolítico de la zona y sus recursos.

Dada esta situación, la pregunta que surge es: ¿por qué los países árabes no pudieron unirse detrás de una defensa más contundente de los palestinos en Gaza? La respuesta puede estar en el hecho de que el mundo árabe presenta más diferencias de las que uno podría imaginar a primera vista.

Estos contrastes fueron astutamente fomentados durante siglos por potencias occidentales, instigando divisiones internas en la región. Debido a su posición estratégica, en la confluencia entre los continentes africano, europeo y asiático, el mundo árabe ha atraído tradicionalmente el interés.

Aunque en el siglo XX las sociedades árabes buscaron liberarse de influencias externas, no pudieron evitar la instalación de la presencia francesa, británica y más tarde estadounidense en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

A su vez, con el advenimiento de la Guerra Fría, a su vez, en la región árabe se llevó adelante una disputa entre las superpotencias por establecer asociaciones regionales que pudieran debilitar a su adversario geopolítico. En este contexto, Egipto y Siria terminaron convirtiéndose en importantes aliados de Moscú, mientras que Arabia Saudita, rica en recursos naturales como petróleo y gas, se convirtió en socia de los estadounidenses.

Las rivalidades artificiales provocadas impidieron la consolidación del mundo árabe en torno a un objetivo común, lo que, sin lugar a dudas, le condicionaría a desempeñar un papel destacado en el ámbito internacional.

Después de todo, tales esfuerzos por una unión política en el mundo árabe se verían facilitados precisamente por su riqueza cultural y lingüística compartida, así como por la fe islámica, predominante en todo Medio Oriente.

Hoy, sin embargo, el mundo árabe está dividido en más de dos docenas de Estados, cuyas diferencias políticas ya no permiten pensar en actuar al unísono ante la crisis que se ha apoderado de la Franja de Gaza.

Por si fuera poco, elementos como las fronteras irregulares trazadas por las potencias europeas, los enfrentamientos religiosos dentro del propio Islam (entre suníes y chiítas) y las disputas internas de carácter sectario no hicieron más que ampliar la distancia artificial entre los distintos países árabes.

Para empeorar las cosas, la posición estratégica del mundo árabe ha atraído el interés de diferentes imperios extrarregionales a lo largo del tiempo. A partir del siglo XVI, los árabes vivieron bajo la hegemonía otomana, liderada por los turcos. Al final de la Primera Guerra Mundial y con la disolución del Imperio Otomano, fue el turno de la influencia británica y francesa de convertirse en dominante en Oriente Medio.

A esto le siguió la promoción de misiones y escuelas locales cuyo objetivo principal era transmitir los ideales europeos al mundo árabe, incluidos conceptos como el secularismo y el nacionalismo, en detrimento de las lealtades transnacionales basadas en la etnia o la religión.

En la práctica, París y Londres se dividieron la región, estableciendo zonas de influencia con el objetivo de debilitar e impedir la solidaridad árabe hacia las potencias occidentales.

Además, la implementación del modelo de Estado-nación europeo en la región sirvió sólo como una herramienta utilizada con el objetivo de "divide y vencerás", una táctica aplicada principalmente por Occidente.

Tras la llegada del Estado de Israel a la región en 1948, y a pesar del sentimiento antioccidental existente en el mundo árabe, motivado principalmente por la deportación forzosa de miles de palestinos de sus antiguos hogares en 1947-1948, no ha habido ninguna organización política panárabe que haya podido oponerse a los intereses de Occidente (y principalmente de Estados Unidos) en Oriente Medio.
Incluso después de los procesos de descolonización en África y Asia en los años 1960, la unión del mundo árabe no se produjo, a pesar de algunos intentos del entonces presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (apoyado por la Unión Soviética) y Siria.

Por lo tanto, en vista de su división interna, fomentada principalmente por potencias extranjeras a lo largo de los siglos, el mundo árabe no ha podido evolucionar y convertirse en una unidad cohesiva capaz de reunir recursos suficientes para oponerse a Occidente en Oriente Medio.

No es casualidad que la región haya acabado siendo víctima de varias catástrofes como la intervención estadounidense en Irak en 2003, la destrucción occidental en Siria y Libia a partir de 2011 y, más recientemente, los desproporcionados ataques de Israel a Gaza.

Dichos ejemplos solo reafirman la noción de que, desafortunadamente, Occidente surgió como el principal –y quizás el único– vencedor de toda esta historia de atomización árabe.

Después de todo, al dividirlo para debilitarlo, los imperios occidentales terminaron impidiendo la consolidación de la comunidad árabe, que tenía el potencial de convertirse en uno de los polos de poder más importantes del mundo multipolar.

Queda por ver si los países de la región algún día podrán cambiar esta situación. Hoy, al menos, esta posibilidad es muy remota.

sábado, 8 de agosto de 2020

El islam político contra China

por Thierry Meyssan

Usted ha notado probablemente que la información que posee sobre lo que se trama alrededor de Myanmar es muy incompleta y es posible que ni siquiera haya oído hablar de la coalición militar que se prepara para atacar ese país. Lo cierto es que, como Thierry Meyssan revela en este trabajo, los acontecimientos actuales venían siendo organizados por Riad y Washington desde 2013. No tome posición sin haber leído antes este artículo y haber analizado la información que aquí se expone.

En la continuación de su Gran Estrategia de Extensión del Ámbito de la Guerra [1], el Pentágono venía preparando simultáneamente la utilización de los kurdos en el Medio Oriente ampliado, una guerra civil en Venezuela y una guerra de desgaste en Filipinas. Pero esos conflictos van a tener que esperar porque se ha dado la prioridad a un cuarto teatro de operaciones: Birmania, a las puertas de China.


En la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU realizada el 28 de septiembre, la embajadora de Estados Unidos y varios de sus aliados acusaron de «genocidio» al gobierno de coalición de Myanmar [2].

La sola mención del término «genocidio», que en derecho europeo designa una masacre masiva pero que el derecho estadounidense aplica a un método de asesinato –aunque el criminal tenga en su haber una sola víctima–, es suficiente para que Washington considere que se justifica una guerra, con respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU o sin él, como ya pudo verse en el caso de Yugoslavia [3]. La reunión del Consejo de Seguridad de la ONU se convocó a pedido de la Organización para la Cooperación Islámica (OIC, la antigua Organización de la Conferencia Islámica).

Para hacer que los hechos concuerden con su narración particular, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, que durante la «revolución azafrán», en 2007, tanto celebraron la resistencia no violenta de Aung San Suu Kyi y los monjes budistas frente a la dictadura del SLORC (State Law an Order Restoration Council) [4], simplemente metieron en un mismo paquete al ejército birmano, a la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi [5] y a todos los budistas del país [6] y los clasificaron, a todos juntos, como “los malos”.

Desde los tiempos de la dominación extranjera –primeramente británica y más tarde japonesa [7]– nunca hubo en Birmania un periodo de paz civil y desestabilizar ese país se hizo mucho más fácil desde que la junta militar del SLORC aceptó compartir el poder con la Liga Nacional por la Democracia (LND) y que ambas comenzaron a tratar de resolver juntas los numerosos conflictos internos del país.

Por un azar de la geografía, el oleoducto que vincula la región china de Yunnan con el Golfo de Bengala pasa por Birmania, país que además alberga varias estaciones chinas de vigilancia electrónica de las rutas navales que pasan frente a sus costas. Llevar la guerra a Birmania resulta por tanto más importante para el Pentágono que bloquear las dos «rutas de la seda» en el Medio Oriente y Ucrania.

Herencia de la colonización británica, entre las poblaciones discriminadas en Birmania se cuentan los 1,1 millones de descendientes de los obreros bengalíes que Londres desplazó para utilizarlos en Birmania [8]. Pero resulta que esta minoría nacional –que no es una minoría étnica– es de confesión musulmana mientras que la gran mayoría de los birmanos son budistas. Y resulta también que, durante la Segunda Guerra Mundial, los rohingyas colaboraron con el Imperio británico en contra de los nacionalistas birmanos.

En 2013, en momentos en que el Pentágono y la CIA habían desplegado hordas de yihadistas en Siria, donde libraban una guerra de posiciones, Arabia Saudita creó en La Meca una enésima organización terrorista: el Movimiento por la Fe (Harakah al-Yaqin). Ese grupo, que dice reunir a combatientes rohingyas, está en realidad bajo las órdenes del pakistaní Ata Ullah, quien luchó contra los soviéticos en Afganistán [9]. El reino saudita albergaba la más importante comunidad masculina de rohingyas, después de Birmania y antes de Bangladesh, con 300 000 trabajadores, todos hombres sin sus familias.

Según un informe de los servicios de inteligencia bengalíes, redactado antes de la actual crisis, el Movimiento por la Fe actúa desde hace un año con una escisión de la organización bengalí Jamat-ul-Mujahideen bajo el eslogan «La Yihad de Bengala a Bagdad». Ese grupúsculo juró fidelidad al Califa del Emirato Islámico (Daesh), Abu Bakr al-Baghdadi, y ha reunido en el seno de una coalición a grupos como los Mudjahiden indios, Al-Jihad, Al-Ouma, el Movimiento de Estudiantes Islámicos de la India (SIMI), el Lashkar-e-Toiba (LeT) y el Harkat-ul Jihad-al Islami (HuJI) pakistaní. Todo ese conjunto de grupos recibe financiamiento de la fundación Revival of Islamic Heritage Society (RIHS) con sede en Kuwait.

Hace menos de año y medio, en marzo de 2016, cuando el SLORC aceptó compartir el poder con el partido de Aung San Suu Kyi, Estados Unidos trató de utilizar a la Premio Nobel de la Paz en contra de los intereses chinos. Al mismo tiempo, sabiendo que no iba a ser fácil manipular a la hija del padre de la independencia birmana –el comunista Aung San–, y fiel a su eterna estrategia de apostar simultáneamente a dos caballos, Estados Unidos también estimuló el Movimiento por la Fe.

En septiembre de 2016, Aung San Suu Kyi representó a su país en la Asamblea General de la ONU [10]. Muy ingenuamente, explicó los problemas de su pueblo y a través de qué medios ella estaba tratando de resolverlos paulatinamente, comenzando por la cuestión de los rohingyas. Ya de regreso en su país, se dio cuenta de que sus antiguos respaldos estadounidenses eran en realidad enemigos de su patria. El Movimiento por la Fe emprendió una serie de ataques terroristas, como el perpetrado contra el puesto de la policía fronteriza de Maungdaw, donde 400 terroristas robaron el arsenal y mataron 13 aduaneros y soldados.

Aung San Suu Kyi prosiguió tenazmente la instalación de una comisión de consulta encargada de analizar la cuestión de los rohingyas y de proponer un plan concreto para poner fin a los actos de discriminación contra ellos. Esa comisión se componía de 6 birmanos y 3 extranjeros –la embajadora de los Países Bajos Laetitia van den Assum; el ex ministro libanés de Exteriores Ghassan Salamé, que en realidad representa a Francia; y el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, como presidente de la comisión.

Los nueve miembros de esa comisión iniciaron un trabajo de singular calidad, a pesar de todos los obstáculos birmanos. Varios partidos políticos fracasaron en su empeño por lograr que la Asamblea Nacional disolviera la comisión, pero lograron que se adoptara contra ella una moción de desconfianza en la Asamblea local del antiguo Arakan (el Estado donde viven los rohingyas). En definitiva, la comisión entregó su informe el 25 de agosto de 2017 con una serie de posibles recomendaciones que podrían aplicarse –sin ningún tipo de trampas– para mejorar las condiciones de vida de todos [11].

Ese mismo día, los servicios de inteligencia de Arabia Saudita y Estados Unidos emitieron la señal para desatar la respuesta: el Movimiento por la Fe, rebautizado por los británicos como Ejército de Salvación Rohingya de Arakan, dividido en 24 comandos, atacó varios cuarteles del ejército y puestos de la policía, dejando un saldo de 71 muertos. Durante una semana, las tropas birmanas realizaron una operación antiterrorista contra los yihadistas. Unos 400 familiares de estos últimos huyeron hacia Bangladesh.

Tres días después, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan comenzaba a comunicarse telefónicamente con todos los jefes de Estado de países musulmanes para alertarlos sobre «el genocidio contra los rohingyas». El 1º de septiembre, o sea el día del Aid al-Adha, la fiesta más importante del mundo musulmán, el propio Erdogan llamaba, en un vibrante discurso pronunciado en Estambul en su calidad de presidente en funciones de la Organización para la Cooperación Islámica, a salvar a los rohingyas y apoyar su Ejército de Salvación [12].

Sin embargo, lo cierto es que esos yihadistas nunca defendieron a los rohingyas sino que intervinieron sistemáticamente para hacer fracasar todos los intentos por mejorar sus condiciones de vida y poner fin a la discriminación contra ellos.

El 5 de septiembre, el presidente del Consejo de Discernimiento de Irán, Mohsen Rezaei, proponía unir las fuerzas de todos los Estados musulmanes y crear un ejército islámico para salvar a los «hermanos rohingyas» [13]. La importancia de esa declaración reside principalmente en el hecho que el general Rezaei fue comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución.

A pesar de que el ejército birmano había cesado toda acción contra los terroristas, seguían los incendios de aldeas rohingyas mientras que la población rakhin de la región de Arakan linchaba musulmanes, por considerar que estaban todos vinculados a los terroristas. Según los rohingyas, los soldados del ejército birmano estaban quemando sus aldeas, pero según el ejército birmano eran los yihadistas quienes cometían esos hechos. Poco a poco, todos los rohingyas del norte de la región de Arakan se marchaban para buscar refugio en Bangladesh, cosa que curiosamente no hicieron los rohingyas que viven en el sur de la misma región.



El 6 de septiembre, una delegación oficial turca viajaba a Bangladesh para distribuir víveres entre los refugiados. Encabezaban esa delegación el ministro turco de Exteriores Mevlut Cavusoglu, así como la esposa y uno de los hijos del presidente Erdogan.

La campaña de movilización en marcha en los países musulmanes recurre a elementos visuales especialmente fuertes, como esta fotografía, divulgada por el gobierno turco, que supuestamente muestra cuerpos de musulmanes asesinados por los monjes budistas en Birmania. En realidad es una foto antigua de una ceremonia fúnebre donde se ven víctimas de un terremoto en China.


En los países musulmanes, una amplia campaña de desinformación aseguraba, recurriendo a la presentación de fotos como prueba, que los budistas estaban perpetrando grandes masacres contra los musulmanes. Pero ninguna de las fotos utilizadas había sido tomada en Birmania y esas noticias falsas acabaron siendo desenmascaradas una tras otra. Sin embargo, en los países donde el nivel de educación de la población es bajo esas fotos convencieron a la gente y los desmentidos fueron inaudibles. Sólo Bangladesh emitía reservas en cuanto al papel de los yihadistas y garantizaba a Myanmar que podía contar con su cooperacion contra los terroristas [14].

El 11 de septiembre, el presidente en funciones de la Organización para la Cooperación Islámica, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, intervenía ante la comisión científica de la organización, reunida en Astaná (Kazajstán), comisión que no tiene nada que ver con el asunto, para reclamar «salvar a los rohingyas».

Al día siguiente, 12 de septiembre, el Guía de la Revolución iraní, el ayatola Alí Khamenei tomaba posición. Muy inquieto ante la proposición del general Rezaei, Khamenei deslegitimó la guerra de religión que actualmente se prepara, el «choque de civilizaciones», aunque criticando la presencia de una mujer a la cabeza de un Estado. El Guía se empeñó principalmente en cerrar la puerta a toda implicación militar de los Guardianes de la Revolución, declarando: «Es muy posible que el fanatismo religioso haya desempeñado un papel en esos acontecimientos, pero se trata de una cuestión totalmente política ya que el responsable es el gobierno de Myanmar. Y a la cabeza de ese gobierno está una mujer cruel, laureada con el Premio Nobel de la Paz. En realidad, esos acontecimientos han firmado el acta de defunción del Premio Nobel de la Paz.» [15].

Inmediatamente, también en Teherán, el presidente-jeque Hassan Rohani recurría al ejército regular para participar en el conflicto en ciernes. El 17 de septiembre, los jefes de los estados mayores de los ejércitos de Irán y de Pakistán se ponían en contacto para unir sus fuerzas en el marco de la crisis [16]. Se trata de la primera iniciativa militar, pero quien participa no es el cuerpo de Guardianes de la Revolución –que están luchando junto a los sirios contra los yihadistas– sino el ejército iraní –que ya trabaja con los ejércitos de Turquía y Pakistán para defender Qatar. Irán también está enviando grandes cantidades de ayuda a los refugiados.

El 19 de septiembre, ignorando las explicaciones de Aung San Suu Kyi [17] y aprovechando la ocasión que le ofrecía la apertura del periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Erdogan reunió el grupo de contacto de la OCI para solicitar a todos los Estados miembros que suspendan toda forma de comercio con Myanmar y pedir al Consejo de Seguridad a que se pronuncie [18].

Saliendo por fin de la sombra, Arabia Saudita afirmó entonces que ha venido apoyando discretamente a los rohingyas desde hace 70 años y que les ha aportado 50 millones de dólares en todo ese tiempo. El rey Salman agregó a esa suma una donación de 15 millones de dólares [19]. El embajador de Arabia Saudita ante los órganos de la ONU en Ginebra, Abdulaziz ben Mohammed Al-Wassil, movilizó allí al Consejo de los Derechos Humanos.

Olvidando las guerras que los enfrentan entre sí en Irak, Siria y Yemen, Turquía, Irán y Arabia Saudita, las tres principales potencias militares musulmanas, se congregaron nuevamente, por simple reflejo comunitario [20] y tomaron posición a favor de los rohingyas, designando además como enemigo común al gobierno de coalición del ejército birmano y Aung San Suu Kyi.

Ese cambio radical de situación en el Medio Oriente tiene como precedente las guerras de Yugoslavia. En Bosnia-Herzegovina (de 1992 a 1995) y en Kosovo (de 1998 a 1999), los países musulmanes y la OTAN lucharon juntos contra los cristianos ortodoxos vinculados a Rusia.

En Bosnia-Herzegovina, el presidente bosnio Alija Izetbegovic tuvo como consejero diplomático al estadounidense Richard Perle, quien incluso dirigió la delegación bosnia que participó en la adopción de los acuerdos de Dayton. Como consejero mediático tuvo al francés Bernard-Henri Lévy, según ha afirmado este mismo personaje, lo cual nunca ha sido desmentido. Finalmente, en el plano militar, el presidente Izetbegovic tuvo como consejero a un tal… Osama ben Laden, quien organizó para él la Legión Árabe y recibió incluso un pasaporte diplomático bosnio. Durante el conflicto, respaldado por la OTAN por debajo de la mesa, Izetbegovic recibió públicamente apoyo de Turquía, Irán y Arabia Saudita [21].

El conflicto kosovar comenzó con una campaña terrorista del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) contra el gobierno de Belgrado. Los combatientes fueron entrenados por las fuerzas especiales de Alemania en una base de la OTAN en Turquía [22]. El hoy jefe de los servicios secretos de Turquía, Hakan Fidan, fungió como oficial de enlace con los terroristas en el estado mayor de la OTAN. Fidan, dirige actualmente el MIT, los servicios secretos turcos y es incluso el número 2 en la jerarquía del régimen de Erdogan. Al principio de la guerra, 290 000 kosovares huyeron de Serbia en sólo 3 días para refugiarse en Macedonia. Las televisoras occidentales divulgaron ampliamente las imágenes de aquella larga procesión de fugitivos. Según los varios millones de macedonios que los acogieron, nada justificaba aquella ola migratoria, ampliamente estimulada por la OTAN, pero ese desplazamiento de población fue ampliamente explotado para acusar al presidente Slobodan Milosevic de haber reprimido de manera desproporcionada la campaña terrorista contra su país y la OTAN le declaró la guerra sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

El trabajo sucio que hoy se prepara extiende el teatro de operaciones hacia el este. El Pentágono no tiene posibilidades de imponer una alianza turco-irano-saudita, pero tampoco lo necesita. En Yugoslavia, cuando esos tres países no tenían contactos directos entre sí, fue la OTAN quien los coordinó. Sin embargo, para luchar juntos en Birmania tendrán que llegar a arreglos en Irak, Siria y Yemen, e incluso en Libia. Teniendo en cuenta el estado actual de devastación del Medio Oriente y la perseverancia de los pueblos que siguen resistiendo, el Pentágono puede decidirse a dejar que esta región restañe sus heridas durante una década, sin temor a ver surgir allí la menor capacidad de oposición a su política.

En vísperas de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que sentó las bases de la futura guerra contra Birmania, el Departamento de Estado anunció a Massud Barzani, que Estados Unidos no apoyará la independencia del Kurdistán iraquí. El problema es que el Pentágono no puede movilizar a Turquía e Irán en el sudeste asiático si les crea problemas con los kurdos en sus propias fronteras. Así que, después de haberse comprometido a fondo con el tema del referendo de independencia del Kurdistán en Irak, Massud Barzani pronto se verá obligado a retirarse de la vida política, tanto más cuanto que las exhibiciones de banderas israelíes en Erbil –ciudad sede del gobierno regional kurdo iraquí– fueron masivamente difundidas por los canales de televisión árabes, persas y turcos, debido a lo cual todos los vecinos de Barzani le han dado la espalda.

Si el Pentágono sigue adelante con su guión, la guerra contra Siria podría extinguirse por falta de combatientes, ya enviados a otras latitudes, para servir al «Imperio Estadounidense» en un nuevo teatro de operaciones.

Thierry Meyssan

jueves, 30 de noviembre de 2017

La "OTAN árabe" está en marcha

La Alianza Militar Islámica contra el Terrorismo (IMAFT), conocida como la 'OTAN árabe', tuvo su primer cónclave oficial el pasado domingo en Riad. Integrada por 41 países, y cuya creación fue anunciada por Arabia Saudí en 2015, su primera cumbre estuvo marcada por la obvia ausencia de uno de sus miembros más ilustres: Catar.



El cometido de esta alianza militar es "perseguir a los terroristas hasta que sean borrados de la faz de la tierra". Así lo anunció el príncipe heredero saudita Mohamed bin Salmán a los ministros de Defensa y a otros oficiales de alto rango de los países miembro de la coalición. Los extremistas ya no "mancharán nuestra hermosa religión", según sus palabras.

Una alianza militar de poco o ningún recorrido, según el presidente del Observatorio Hispano-Ruso de Eurasia, Fernando Moragón.

"Como tal coalición de más de 40 países es una declaración grandilocuente pero que no va a ir a ningún lado. Nunca ha existido unidad árabe ni en los mejores momentos".

El anfitrión puso de relieve que durante los últimos años el terrorismo ha estado actuando en todos los países de la nueva alianza, que al carecer de coordinación no lograron combatirlo.

"Esto termina hoy, con esta alianza", afirmó el príncipe saudita, apuntando a que la reunión del domingo envía "una fuerte señal de que vamos a trabajar juntos y coordinarnos para ayudarnos los unos a los otros".

Catar, que integra la coalición, no participó de la cumbre. Y es que cuatro países árabes, entre ellos Arabia Saudí, en junio pasado rompieron relaciones con dicho país al acusarlo de apoyar a grupos terroristas. No obstante, Salmán quiso quitarle hierro al asunto: "Cada país contribuirá a la altura de sus posibilidades", zanjó.

El analista explica que una gran coalición de países árabes contra el terrorismo no va a funcionar, "porque cada país tiene sus intereses, tienen enfrentamientos internos, como pasa en el caso de Arabia Saudí y Catar. Por ahí no va a haber absolutamente nada. Retórica, como la Liga árabe", sentencia Fernando Moragón.

viernes, 27 de octubre de 2017

"Se avecinan tiempos de grandes cambios para el mundo musulmán"



Mientras el mundo mira con atención los sucesos más destacados del acontecer mundial, han pasado poco desapercibidas las últimas declaraciones públicas del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán. No obstante, sus palabras avecinan cambios radicales para el mundo musulmán y, por ende, para todo el mundo, estiman los expertos en el tema.

Arabia Saudí podría estar ante cambios tectónicos. En lugar de la corriente radical del islam —el wahabismo, que rige la vida de los saudíes desde la fundación del propio Estado— podría llegar un islam más 'moderado'. Al menos eso es lo que se puede deducir de las palabras del príncipe heredero pronunciadas en el marco del foro Iniciativa para el Futuro de la Inversión de Arabia Saudí.

"Volveremos a ser lo que éramos antes: un país del islam moderado que estará abierto a todas las religiones", anunció Mohamed bin Salmán.

Esa no fue la única declaración atrevida del heredero al trono saudí. Entre otras cosas, agregó que el 70% de la población de su país tiene menos de 30 años y "no vamos a gastar 30 años más de la vida en ideas destructivas, vamos a eliminarlas".



Pero, ¿por qué la monarquía más totalitaria del mundo se decidió a realizar una revolución desde arriba? El estudioso del islam y especialista del instituto ruso Diálogo de Civilizaciones, Alexéi Malashenko, comentó al diario ruso Vzgliad que los tiempos de grandes cambios ya se venían avecinando.

El experto recordó que los saudíes habían hecho público un plan de modernización profunda de su Estado y de su sociedad en dos etapas: una hasta 2025 y otra hasta 2030. Estos programas incluyen puntos revolucionarios para el mundo islámico más conservador, como la construcción de centros de recreación para jóvenes y turistas.

"Los saudíes ponen un extraordinario empeño en su intento de escapar de lo que llaman 'un Estado conservador'. Plantean su programa partiendo desde el punto que el petróleo tarde o temprano se acabará. Por eso utilizan todo los recursos para modernizarse y no puedo excluir que tengan éxito y en 15 años veamos otra Arabia Saudí", recalcó Malashenko.

Este no sería el primer intento de modernización social desde arriba. En los años 1960, dentro de la casa real saudí y las élites del país creció un movimiento liberal conocido por el nombre de Emires Libres. Similar a los Oficiales Libres egipcios, los emires tenían como meta realizar reformas progresistas en el país y encaminar su nación hacia una apertura al mundo. No obstante, en aquella época sus ideas no encontraron respaldo en el poder y los miembros de ese movimiento fueron o encarcelados o castigados con la pena de muerte.

Otro intento tuvo lugar entre los años 1970 a 1990, cuando se fundó y ejerció el Partido Comunista de Arabia Saudí, respaldado por los gobiernos progresistas de la región. El partido incluso tenía una organización de jóvenes saudíes, denominada Unión de Jóvenes Demócratas.

"Aún en los años 80, los comunistas saudíes me aseguraban que el islam fanático, el islamismo, algún día producirá un nivel de protesta extrema. Incluso entonces predijeron una división ideológica en la sociedad y me ofrecieron esperar entre unos 20 y 25 años, mientras llegaba una nueva generación", sostuvo Malashenko.

Pero la iniciativa fracasó con el fin del bloque comunista a nivel global y esa espera se prolongó unas décadas más.



En julio de 2017, el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, seguidor de la rama suní, recibió al influyente clérigo chií Muqtada al Sadr. El extraordinario encuentro fue visto como un intento de reconciliar las dos ramas más influyentes del islam.

No obstante, ese camino, sin duda, exacerbará la situación política interna. Habrá islamistas radicales que dirán que esto es una desviación de los principios del islam. El especialista advirtió que la grieta entre conservadores y progresistas dividirá toda la sociedad saudí, incluyendo al Ejército y a los servicios especiales, apoyados por la propia industria petrolífera que no querrá ceder sus posiciones actuales.

Incluso de la propia casa real, si bien son cada vez más los partidarios de las reformas, aún son mayoría aquellos que creen en el islamismo con toda sinceridad, señaló el experto. Además de eso, en Riad entienden que si toman el camino del progreso social modernista, se verá fuertemente debilitada su reputación universal como pilares del islam tradicional y los principales guardianes de los Santos Lugares: las ciudades de La Meca y Medina.

Esto supondría grandes cambios en todo el mundo musulmán y otras potencias de la región, como Turquía o Irán, sin duda intentarán arrebatarle el puesto de máxima autoridad islámica que hoy ostenta la casa real saudí.



Para realizar con éxito unos planes de tal magnitud, se requerirá de una figura con la autoridad y destreza política de alguien como lo fue Mustafá Kemal para los turcos, apuntó Malashenko. Bautizado por su pueblo como Ataturk ('padre de los turcos'), Mustafá logró en vida transformar a un país extremadamente conservador en una sociedad secular y una de las más liberales del mundo islámico.

"¿Será [el príncipe heredero saudí] Mohamed bin Salmán el nuevo Ataturk? No lo sé. Tiene aspiraciones. Pero Ataturk apareció en Turquía luego de que el Imperio otomano perdiera en la Primera Guerra Mundial y se desintegrara. El Estado secular surgió como una reacción a la derrota de un imperio islamizado. Qué pasará aquí, solo Dios lo sabe, pero el joven tiene fuertes disposiciones", concluyó.

jueves, 6 de julio de 2017

Islam y clericalismo en el Medio Oriente ampliado

En Occidente se ha puesto de moda disertar sobre «la compatibilidad entre el islam y la democracia» o sobre «el islam y el laicismo». Al plantear tales problemáticas se da a entender que el islam tiene por naturaleza un carácter clerical que, más que una religión, lo convertiría en una corriente política. Esto último implicaría que los musulmanes más «radicales» son terroristas y viceversa.
Sin embargo, hace un mes que el Medio Oriente ampliado, cuya población es mayoritariamente musulmana, viene dividiéndose entre los fieles de esa religión y los partidarios de una política que trata de manipularlos.


Un político puede ser ateo, agnóstico o creyente. Pero el hecho de que ese político diga estar al servicio de Dios no convierte a su partido político en una iglesia.

Algunos lectores interpretaron erróneamente una crónica anterior sobre la evolución del mundo musulmán. Por eso aclararé aquí los temas vinculados al islam, antes de tratar de describir con la mayor precisión posible su situación actual.

Primero que todo, si usted ve el islam como algo perfectamente definido es porque probablemente lo identifica con una sola de sus formas, cuando en realidad se trata de una religión que adopta formas muy diferentes… desde Marruecos hasta la región de Xinjiang [o Sinkiang]. Ya sea en el plano litúrgico o en el aspecto jurídico, no existen similitudes entre el islam que se practica en Sharjah [uno de los Emiratos Árabes Unidos] y el de Java.

El islam puede abordarse a partir de una lectura literal del Corán o a partir de su lectura contextualizada, e incluso partiendo de una crítica sobre la autenticidad del texto coránico actual.

Durante los 4 primeros siglos de existencia del islam, todos los musulmanes estimaban que era necesario interpretar el Corán. Eso dio lugar a la elaboración de 4 sistemas jurídicos diferentes: el hanafita, el malekita, el shafiita y el hanbalita, según las culturas locales. Pero a finales del siglo X, ante la expansión de esta religión y por temor a que acabara dividiéndose, el califa sunnita prohibió que la interpretación del Corán fuese más lejos. Sólo los chiitas siguieron adelante con la interpretación del Corán. Desde aquella época, el islam ha venido adaptándose como puede a las exigencias de su tiempo.

Contrariamente a las apariencias, si se adopta como principio el rechazo a la interpretación del texto, resulta imposible entender el Corán tal y como está redactado y su comprensión sólo es posible a través de la cultura propia. Dado el hecho que Mahoma vivió en Arabia, los sauditas estiman que ellos comprenden espontáneamente el sentido del Corán, como si su propia sociedad e incluso su lengua no hubiesen evolucionado desde hace 1 400 años. Para los sauditas, Mahoma validó los valores del tribalismo nómada, según afirmaba Mohammed ben Abdel Wahhab en el siglo XVII. O sea, los sauditas son «wahabitas». 

Por ejemplo, el Corán condena los ídolos y por eso los wahabitas destruyen las estatuas de los dioses de la Antigüedad, cosa que nunca hizo Mahoma, pero que corresponde a la cultura beduina. En el siglo VIII, los cristianos bizantinos también tuvieron que enfrentar a los «iconoclastas» sauditas que destruían las decoraciones de las iglesias. 

El tribalismo nómada desconoce la noción misma de Historia. Los wahabitas han llegado incluso a destruir la casa del profeta Mahoma en La Meca porque se había convertido en un lugar de peregrinaje, lo que ellos ven como idolatría. Yendo aún más lejos, durante los últimos años han destruido toda La Meca antigua, una ciudad magnífica y milenaria, porque culturalmente no ven absolutamente ningún tipo de interés en la conservación de “cosas viejas”.

Desde hace varios años, bajo la influencia del trabajo de exegetas europeos sobre la redacción de los textos bíblicos, algunos autores ponen en duda la autenticidad del texto coránico. 

En primer lugar, como medio de asentar su propia autoridad, el califa de Damasco mandó a comparar textos atribuidos a Mahoma, los utilizó para constituir el Corán y seguidamente ordenó quemar todas las demás antologías. Pero la palabra «Mahoma» no designa a una persona en particular. Es un título que se concede a los sabios. Es por ende posible que el Coránreproduzca las palabras de varios profetas, lo cual parece confirmado por la presencia de estilos literarios muy diferentes en el texto canónico. 

Los arqueólogos han descubiertos texto coránicos anteriores a la versión canónica del Corán. Existen diferencias, a veces significativas, entre esos textos, escritos además en alfabetos diferentes. En todo caso, el Corán canónico estaba escrito en un alfabeto simplificado, que se completó sólo mucho más tarde, en el siglo VIII. Esta`transcripción es en sí misma una interpretación y es posible que haya sido a veces errónea. 

Es evidente que algunas suras [1] del Corán retoman textos más antiguos utilizados por los cristianos de la región. Esos textos no se concibieron en árabe sino en arameo y algunos vocablos originarios aún se conservan en el texto definitivo. La lectura contemporánea de las suras es todavía objeto de numerosas incomprensiones. Por ejemplo, algo que no hará felices a los aspirantes a suicidas del Emirato Islámico (Daesh) es saber que la palabra “hurí” no se refiere precisamente a «vírgenes de bellos ojos» sino a «uvas blancas».

Hasta aquí las cosas son bastante simples: el islam es la religión del Corán. Pero la tradición concede casi la misma importancia a la leyenda dorada del profeta, o sea a los hadiz [2]. Se trata de obras escritas en muchos casos cientos de años después por personas que no podían haber sido testigos de los hechos que describen. Esos hechos son mucho más numerosos de los que una sola persona puede haber vivido a lo largo de una sola vida e ilustran opiniones muy diversas o incluso opuestas entre sí. El nivel intelectual de algunos hadizes simplemente espantoso y pueden ser utilizados para justificar cualquier cosa. El crédito que indebidamente se otorga a esos escritos totalmente fantásticos ha deformado profundamente la transmisión del mensaje coránico.

En la práctica, todas esas discusiones sirven para esconder una que resulta esencial: si bien la religión es aquello que trata de vincular al hombre con Dios, también es por ende propicia a todo tipo de engaños. Por ejemplo, ¿cómo puede alguien pretender que conoce a Dios si este último reviste una naturaleza radicalmente diferente y superior a la nuestra? Incluso suponiendo que Dios se haya expresado a través de los profetas, ¿cómo puede alguien afirmar que entiende lo que Dios supuestamente trató de decirnos? Nótese que, visto desde esa perspectiva, la cuestión de la existencia de Dios –o sea, de una conciencia superior a la nuestra– se vuelve algo carente de todo sentido. Eso es, por ejemplo, lo que sostenían, entre los cristianos, Gregorio Nacianceno y San Francisco de Asís.

Visto también desde ese ángulo, los hombres que tratan de acercarse a Dios –o sea, que tratan no de aplicar Su Ley sino de hacer que la naturaleza humana evolucione para hacerla más consciente– tienen tendencia a compartir su propia experiencia y, por ende, a formar iglesias. Para garantizar su funcionamiento, las iglesias tienden a formar lo que podríamos llamar “personal permanente”, o sea clérigos o imanes. En el cristianismo la función de clérigo no apareció hasta el siglo III, o sea varias generaciones después de la muerte de Jesús. En todas las religiones, los clérigos acaban gozando de un estatus de intermediarios entre los laicos y Dios. Pero ninguno de los fundadores de las grandes religiones creó él mismo una iglesia o clérigos.

Puede decirse que Europa sufrió un tremendo retroceso con las grandes invasiones (de los hunos y los godos) que destruyeron el imperio romano. De la misma manera, el mundo musulmán sufrió un retroceso similar con las invasiones mongolas (de Gengis Kan y Tamerlán). En Europa, ese trauma duró 3 siglos, pero en el mundo árabe se vio prolongado artificialmente por la colonización otomana y la colonización europea. Aunque ese factor nada tiene que ver con la historia del cristianismo ni con la historia del islam, hay clérigos que afirman que esos retrocesos fueron provocados por una generalización del pecado y que para regresar a la “edad de oro” basta con seguir la enseñanza que ellos imparten, en vez de reconstruir lo destruido.

Inexorablemente, algunos clérigos se implican en la política y pretenden imponer su visión de las cosas en nombre de Dios. Se produce entonces una rivalidad entre esos clérigos y los laicos. Por ejemplo, en Francia, en cuanto quedó atrás el trauma de las grandes invasiones, la realeza laica, aunque invocaba el «derecho divino», entró en conflicto con el papado clerical. En el mundo árabe, que es sólo una parte minoritaria del mundo musulmán, ese conflicto surgió con el proceso de descolonización y los movimientos de independencia. Los líderes nacionalistas, como Nasser y Ben Barka, entraron en conflicto con la Hermandad Musulmana. Durante la guerra fría, los líderes nacionalistas contaron con el respaldo de los soviéticos, mientras que la Hermandad Musulmana gozó del apoyo de la OTAN. La disolución de la URSS debilitó el campo nacionalista y se tradujo en una ola islamista. Más recientemente, la «primavera árabe» fue una operación de la OTAN destinada a eliminar definitivamente a los nacionalistas para entronizar a la Hermandad Musulmana. Las multitudes de las «primaveras árabes» no salían a las calles para luchar por el establecimiento de democracias sino que estaban convencidas, por el contrario, de que poniendo a la Hermandad Musulmana en el poder crearían una sociedad ideal y volverían a una edad de oro islámica. Pero, desde aquel momento hasta la actualidad, el desencanto ha sido muy grande.


El partido político que se identifica como Hermandad Musulmana fue recreado por los servicios secretos británicos, en 1951, sobre las ruinas de la organización homónima de Hassan al-Banna. La Hermandad Musulmana es la matriz del terrorismo en el mundo musulmán ya que en su seno se formaron todos los jefes de las organizaciones terroristas –desde Osama ben Laden hasta Abu Bakr al-Baghdadi. El partido político que se identifica como Hermandad Musulmana y sus organizaciones armadas trabajan en colaboración con las potencias imperialistas y no hay en todo eso absolutamente nada de religioso.

Es importante que se entienda que la Hermandad Musulmana y sus organizaciones yihadistas –como al-Qaeda y el Emirato Islámico (Daesh)– no se componen de musulmanes radicalizados, como tanto se afirma en Occidente. Dicho de otra manera, no son movimientos religiosos sino movimientos políticos. El hecho que esos grupos citen constantemente el Corán no hace de ellos movimientos religiosos sino sólo clericales.

El actual desencanto hacia la «primavera árabe» comenzó en Egipto, en junio de 2013, cuando 33 millones de ciudadanos desfilaron durante 5 días manifestándose en contra de la dictadura de Mohamed Morsi –miembro de la Hermandad Musulmana– y a favor del restablecimiento del orden constitucional mediante une intervención del ejército. Absolutamente todos los partidos políticos y las organizaciones religiosas de Egipto se unieron entonces alrededor del ejército egipcio en contra de la Hermandad Musulmana, o sea a favor del laicismo y en contra del clericalismo. Durante los meses posteriores, el jefe de las fuerzas armadas de Egipto, general Abdel Fattah al-Sissi, que ambicionaba convertirse en presidente, entregó a Arabia Saudita una serie de documentos confiscados en la sede egipcia de la Hermandad Musulmana. Esos documentos demostraban que miembros de la Hermandad Musulmana estaban preparando, desde Qatar, el derrocamiento de la familia Saud. La respuesta de Riad no se hizo esperar: arresto de varios miembros de la Hermandad Musulmana en Arabia Saudita, atentados en Qatar y apoyo incondicional a la elección del general al-Sissi como presidente de Egipto.

La situación de la familia Saud resultaba especialmente complicada ya que
no toda la Hermandad Musulmana estaba implicada en el complot;
desde 1961, la propia dinastía Saud había apoyado –con financiamiento– a la Hermandad Musulmana a través de la Liga Islámica Mundial;
el régimen mismo de los Saud se basa en el wahabismo y es por tanto de carácter clerical… al igual que la Hermandad Musulmana.

La dinastía Saud dio entonces carta blanca a una de sus ramas, la de los Nayef, para reprimir a los golpistas y restaurar el orden. Actuaron como ya lo habían hecho en 1990, durante la rebelión de los partidarios de Sourour. En aquel momento, un líder de la Hermandad Musulmana, Mohammed Sourour, había logrado convencer a algunos wahabitas sauditas para tratar de tomar el poder. La dinastía Saud logró vencer la rebelión pero sólo al cabo de 5 años [3].

Ese pasado salió nuevamente a flote en mayo de 2017, cuando el presidente estadounidense Donald Trump fue hasta Riad para exigir a las potencias musulmanas que acaben con la Hermandad Musulmana. En respuesta al llamado de Trump, los Saud han decidido romper con la cofradía e incluso abandonar el islam político.

Pero es importante que entendamos que ponerse del lado del laicismo no significa dejar de ser fundamentalista, salafista. La monarquía del rey Salman se encuentra en la misma posición que la monarquía francesa en tiempos de Felipe IV. Para acompañar esa evolución decisiva, el consejo de familia de los Saud aceptó –por 31 votos contra 4– preparar la abdicación del rey Salman, poner fin al traspaso del trono saudita de hermano a hermano, saltarse dos generaciones de aspirantes al trono y designar como próximo rey al príncipe Mohammed ben Salman –hijo del rey actual.

Por su parte, Qatar y la Hermandad Musulmana se acercaron rápidamente a Turquía y Pakistán. Lo más importante es que se aliaron a Irán, aunque siguen luchando contra los Guardianes de la Revolución iraníes en Siria y en Yemen. La razón del acercamiento a Teherán es que el gobierno del actual presidente iraní, el jeque Hassan Rohani, comparte la concepción clerical del islam que tienen Doha y la Hermandad Musulmana.

Ese viraje de Irán pone de relieve la existencia de una oposición entre el poder político iraní y su poder militar y se basa en el pacto concluido en el pasado entre el fundador de la primera versión de la Hermandad Musulmana, Hassan al-Banna, y el entonces joven ayatola Khomeiny. Según ese pacto, la Hermandad Musulmana se abstendría de iniciar una guerra religiosa entre sunnitas y chiitas, compromiso que voló en pedazos con la aparición de Daesh. El pacto de hoy se basa en las ambigüedades de la Revolución iraní de 1979 –movimiento laico de carácter antiimperialista y al mismo tiempo proceso identitario de carácter clerical– y en la evolución del Guía Alí Khamenei –simultáneamente líder de la Revolución mundial y político local encargado de velar por los equilibrios entre facciones.

Dado el contenido de las 13 exigencias que Arabia Saudita y Egipto han presentado a Qatar, es poco problable que el conflicto entre laicos y clericales se resuelva rápidamente. También se plantea aquí una pregunta fundamental: ¿Entenderán los occidentales lo que actualmente está en juego en el «Medio Oriente ampliado»? En el pasado presentaron como clerical al presidente iraní Ahmadineyad, afirmaron que el miembro de la Hermandad Musulmana Mohamed Morsi no había “arreglado” las elecciones en Egipto, y siguen afirmando que Libia y Siria no fueron blancos de agresiones exteriores sino teatros de una revolución democrática. Quien se empecina en mentirse a sí mismo… acaba perdiendo el contacto con la realidad.

sábado, 17 de junio de 2017

Una brisa de laicismo recorre el mundo musulmán

El discurso de Donald Trump en Riad ha suscitado una oleada de posicionamientos contra el terrorismo y en contra del islam político. El mundo árabe está expresando su sed de laicismo precisamente en el mismo momento en que esa tendencia se tergiversa en Europa para utilizarla contra las religiones. Ante esa bocanada de libertad, los británicos están organizando el bando del islam político alrededor de Qatar, Irán, Turquía y la Hermandad Musulmana.


Prácticamente desconocido en Occidente, Sayyid Qutb (1906-1966) es el pensador de referencia del “islam político”, o sea de la voluntad de organizar la sociedad y la vida privada de cada individuo –sea cual sea su religión– según una interpretación del Islam. Sayyid Qutb llegó a la Hermandad Musulmana hasta 1953. Excluyó de la ideología de la cofradía los elementos nacionalistas de Hassan al-Banna y estableció una doctrina indiferente a cualquier elemento contextual. En 64 años, numerosos musulmanes del mundo entero abandonaron la espiritualidad del islam para adoptar la doctrina exclusivamente política de Sayyid Qutb. El pensamiento de este personaje sirve de base estructural a todos los grupos yihadistas.

Durante la colonización y a lo largo de la guerra fría, las potencias imperialistas utilizaron las religiones para ahogar toda oposición a su propia dominación. Un ejemplo flagrante es el caso de Francia, que adoptó en 1905 una importante ley implantando el carácter laico de sus instituciones… y decidió de inmediato no aplicarla en los territorios colonizados.

Hoy se sabe que las «primaveras árabes» eran una iniciativa británica tendiente a poner a la Hermandad Musulmana en el poder para afianzar así la dominación anglo-sajona sobre el «Medio Oriente ampliado» [también designado a menudo como «Gran Medio Oriente»].

Desde hace 16 años, los occidentales vienen acusando a los musulmanes –con razón– de no «limpiar la casa» y de tolerar a los terroristas. Pero hoy resulta evidente que esos terroristas cuentan con el apoyo de los propios occidentales, que los utilizan para someter a los musulmanes mediante el «islam político». Para Londres, Washington y París el terrorismo constituye una preocupación sólo cuando rebasa los límites del «Medio Oriente ampliado» y nunca critican el «islam político», o al menos se abstienen de hacerlo cuando lo practican los sunnitas.

Al pronunciar su discurso de Riad, el 21 de mayo de 2017, la intención del presidente Trump era poner fin al terrorismo que arrasa la región y que ahora se extiende a Occidente. Lo que dijo Trump tuvo el efecto de un electroshock. Su alocución fue interpretada como una luz verde para acabar con ese sistema.

Lo que durante los últimos siglos pareció siempre impensable se hace así bruscamente realidad. Al aceptar poner fin a su relación con la Hermandad Musulmana, Arabia Saudita arremete contra quienes siguen colaborando con los británicos y principalmente contra Qatar. Riad ha desatado una tempestad que conlleva toda una carga de innumerables frustraciones. Por espíritu de venganza beduina, se cortaron las relaciones diplomáticas y se organizó un bloqueo económico contra la población qatarí. Mientras tanto, en los Emiratos Árabes Unidos se ha instaurado una pena de 15 años de cárcel contra cualquier persona que simplemente exprese compasión por los habitantes del ahora aborrecido Qatar.

Se ha iniciado así un gigantesco desplazamiento de fuerzas y replanteo de las alianzas que hasta ahora existían. Si prosigue ese movimiento, la región se organizará alrededor de una división diferente. La cuestión de la lucha contra el imperialismo cederá su lugar a la de la lucha contra el clericalismo.

Los europeos vivieron lo mismo durante 400 años, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Pero no fue ese el caso de los estadounidenses, ya que su país fue fundado precisamente por los puritanos, que llegaron al norte de América huyendo de esas luchas. La lucha contra el cristianismo político fue primeramente un combate contra la pretensión del clero de la Iglesia católica de gobernar a sus fieles, incluso hasta en la cama. Esa lucha sólo terminó en tiempos del papa Pablo VI, quien abandonó la tiara pontifical. Aquella triple corona debía simbolizar que el papa estaba por encima de reyes y emperadores.

Al igual que el cristianismo original, donde no había sacerdotes (los sacerdotes cristianos no aparecieron hasta el siglo III), el islam original y el sunnismo carecen de clérigos. Sólo el chiismo cuenta con una estructura similar a la del catolicismo y el cristianismo ortodoxo. De hecho, el islam político está representado actualmente por la Hermandad Musulmana y por el gobierno del jeque Hassan Rohani (el título de jeque indica que el presidente iraní Rohani es miembro del clero chiita).

Una alianza clerical está formándose en este momento, con ayuda del Reino Unido. Esa alianza podría constituir un bloque conformado por Irán, Qatar, Turquía, Idlib (en el noroeste de Siria) y Gaza, bloque que se convertiría en protector de la Hermandad Musulmana y, por tanto, en defensor del uso del terrorismo.

En sólo 2 semanas, la prensa árabe, que hasta ahora había considerado favorablemente a la Hermandad Musulmana como una poderosa sociedad secreta y al yihadismo como un compromiso legítimo, ha dado un brusco giro de 180 grados. Todos los medios árabes denuncian ahora el hecho que la Hermandad Musulmana pretende controlar la vida de la gente y se pronuncian contra la locura criminal del yihadismo.

Ese tsunami de comentarios, los siglos de frustración que en ellos se expresan, su violencia misma, hace imposible todo regreso a la situación anterior –lo cual no quiere decir que la alianza Irán-Qatar-Turquía-Hamas logre realmente concretarse. La ola revolucionaria se produce en pleno mes de ramadán. Las reuniones entre amigos y los encuentros familiares que caracterizan este mes sagrado para los musulmanes, y que deberían ser de celebración consensual, están convirtiéndose a veces en ocasiones para el cuestionamiento de lo que hasta ahora parecían ser las bases mismas del islam.

Si se mantuviese la división a favor o en contra del clericalismo, asistiríamos a una recomposición general del paisaje político.

Por ejemplo, los Guardianes de la Revolución iraníes, que se crearon en contra del imperialismo anglosajón, han acumulado rencores contra el clero iraní. Muchos de ellos aún recuerdan que, durante la guerra que Irak impuso a Irán, los mollahs y los ayatolas se las arreglaban para evitar que sus hijos tuvieran que ir a la guerra, mientras que los Guardianes de la Revolución sacrificaban sus vidas en el campo de batalla. Sin embargo, debilitados durante el primer mandato de Rohani, parece poco probable que los Guardianes de la Revolución se atrevan a levantarse contra el poder civil y religioso.

Pero el Hezbollah libanés tiene como líder al sayyed Hassan Nasrallah (el título de sayyed indica que Nasrallah es descendiente directo del profeta Mahoma), una personalidad que promueve la separación entre la esfera pública y la esfera privada. Aunque ejerce simultáneamente una función religiosa y otra política, Hassan Nasrallah ha estado siempre en contra de la confusión entre ambas funciones, aunque lo ha hecho aceptando a la vez el principio enunciado por Platón del Velayat-e faqih (o sea, el principio del gobierno por un sabio). Parece por tanto poco probable que el Hezbollah libanés siga al gobierno de Rohani.

En espera de las definiciones que no deben tardar, ya se ven importantes movimientos en toda la región:
En Libia, la Hermandad Musulmana abandonó Trípoli, permitiendo incluso que una milicia pusiera en libertad a Saif al-Islam Kadhafi y que el general Haftar ampliara su propia influencia.
En Egipto, el general-presidente al-Sissi logró que los demás gobernantes del Golfo redactaran una lista de terroristas.
En Palestina, la dirección política del Hamas huyó a Irán.
En Siria, los yihadistas han cesado la lucha contra la República Árabe Siria y están a la espera de instrucciones.
En Irak, el ejército redobla sus embates contra la Hermandad Musulmana y la Orden de los Naqchbandis.
En Arabia Saudita, la Liga Islámica Mundial excluyó de su consejo de administración al predicador-estrella de la Hermandad Musulmana y propagandista de las primaveras árabes, el jeque Qaradawi.
Mientras tanto, Turquía y Pakistán han iniciado el envío de decenas de miles de soldados a Qatar, que ya sólo logra alimentarse gracias a la ayuda de Irán.

Una nueva era parece estar comenzando en la región.

domingo, 2 de abril de 2017

¿Qué pasaría si Washington renunciara a la yihad?

La voluntad del presidente Trump de combatir a Daesh y acabar con el terrorismo internacional resulta extremadamente difícil de concretar porque perjudica a los países que lo organizaron e implica una reorientación de la política internacional. El nuevo presidente estadounidense no parece en condiciones de ordenar a sus tropas el paso a la ofensiva mientras no logre establecer nuevas alianzas.



La oposición que el presidente Donald Trump está teniendo que enfrentar es tan fuerte que el plan de lucha contra el Emirato Islámico (Daesh), cuya presentación debía tener lugar el 22 de marzo en una cumbre de la coalición prevista en Washington, todavía no está listo. Su línea política sigue siendo poco clara. El único objetivo confirmado es la erradicación del yihadismo, pero no se ha resuelto ninguna de sus implicaciones.

El general Joseph Votel, jefe del CentCom, sigue sin presentar las opciones existentes en el terreno. Al parecer ya no habrá de hacerlo hasta el mes de abril.

En el terreno, todo se limita por tanto a un intercambio de información entre los estadounidenses, de un lado, y rusos e iraníes del otro. Para mantener la situación, estas 3 potencias han acordado evitar un enfrentamiento entre los turcos y los kurdos y se están realizando intensos bombardeos aéreos contra al-Qaeda, en Yemen, y contra el Emirato Islámico, en Irak. Pero no se ve nada decisivo. Se mantiene el compás de espera.

Quien se ocupa del manejo del terrorismo internacional por cuenta de Londres y Washington es la Liga Islámica Mundial, que ha venido haciéndolo desde 1962. La Liga Islámica Mundial abarca simultáneamente la Hermandad Musulmana –que se compone de árabes– y la Orden de los Naqchbandis –cuyos miembros son fundamentalmente turco-mongoles y caucásicos.

Hasta el inicio de la guerra de Yemen, el presupuesto militar de la Liga Islámica Mundial era más alto que el del ejército de Arabia Saudita, lo cual quiere decir que la Liga es el primer ejército privado del mundo, sobrepasando ampliamente al tristemente célebre Academi/Blackwater. Aunque es una fuerza estrictamente terrestre, resulta particularmente eficaz en la medida en que su logística depende directamente del Pentágono y porque dispone de numerosos combatientes suicidas.

Fue la Liga Islámica Mundial –o sea, la familia real de Arabia Saudita– quien garantizó a Londres y a Washington el personal que organizó en 2011 la segunda «Gran Rebelión Árabe», siguiendo el modelo de la que tuvo lugar en 1916, pero respondiendo esta vez a la denominación de «primavera árabe». En ambos casos, el objetivo era apoyarse en los wahabitas para redefinir las fronteras regionales en interés de los anglosajones.

Por consiguiente, ahora no se trata simplemente de abandonar el arma que constituye el terrorismo sino también:
de romper la alianza entre Londres y Washington tendiente a garantizar el control del Medio Oriente Ampliado;
de privar a Arabia Saudita y Turquía del arma que habían venido desarrollando por cuenta de Londres y de Washington durante más de medio siglo;
de decidir el futuro de Sudán, Túnez y Libia.
Por otro lado, hay que llegar también a un acuerdo con Alemania y Francia, países que desde 1978 acogieron dirigentes de la Hermandad Musulmana y financiaron la yihad.

Pero ya estamos viendo que el Reino Unido no está muy conforme con todo eso. Ahora resulta que fue el GCHQ –o sea, el servicio británico que se dedica a la intercepción satelital– la entidad que garantizó la escucha de las comunicaciones de la Trump Tower durante la campaña electoral estadounidense y el posterior periodo de transición. Por su parte, según la agencia jordana de noticias Petra, Arabia Saudita financió en secreto un tercio de la campaña electoral de Hillary Clinton contra Donald Trump.

Es por eso que el presidente Trump parece estar en busca de nuevos aliados cuyo respaldo le permita imponer el cambio.

Trump está organizando ahora un encuentro con el presidente chino Xi Jinping, durante el cual podría planificar la adhesión de Estados Unidos al banco chino de inversiones. Con esa jugada, Trump pondría a sus aliados ante el hecho consumado: si Estados Unidos participa en la construcción de las rutas de la seda, será imposible para el Reino Unido, Arabia Saudita, Turquía, Alemania y Francia continuar la yihad en Irak, Siria y Ucrania.

Revelaciones: la yihad de Lafarge-Holcim

En ocasión de la publicación del libro de Thierry Meyssan, «Sous nos yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump», damos inicio a una serie de artículos que desarrollarán por separado algunas de las muy numerosas informaciones que contiene ese volumen.

En línea con la intervención del candidato Jean-Luc Melenchon en el debate televisivo previo a la elección presidencial francesa, abrimos esta serie con la verdadera historia de la transnacional Lafarge-Holcim en Siria.



El 2 de marzo de 2017, la empresa Lafarge-Holcim reconoció que su filial en Siria «entregó fondos a terceras partes para llegar a arreglos con cierto número de grupos armados, entre ellos terceros bajo sanciones, con vista a mantener la actividad [de la filial] y garantizar un paso seguro a los empleados y el aprovisionamiento hacia y desde la fábrica» [1].

Esa transnacional productora de cemento ya es objeto de 2 investigaciones. La primera la iniciaron, el 15 de noviembre de 2016, las asociaciones Sherpa y ECCHR, mientras que la segunda la emprendió el ministerio francés de Economía. Ambas encuestas son consecuencia de supuestas revelaciones del diario francés Le Monde, que afirma que Lafarge entregó dinero al Emirato Islámico (Daesh), en violación de las resoluciones de la ONU.



Es importante observar que los artículos publicados el 2 de marzo en Intelligence Online (un boletín poco difundido de Le Monde) y en el propio diario Le Monde fueron redactados por Dorothy Myriam Kellou, que no es periodista de ese cotidiano francés. Dorothy Myriam Kellou estudió en la universidad de Georgetown, notoriamente vinculada a la CIA, y fue encargada de prensa en el consulado francés de Jerusalén. Lo que publicó esta joven fue confirmado por un libro de Jacob Waerness, titulado Risikosjef i Syra, donde este ex empleado describe la grave situación del personal de Lafarge en Siria. Después de publicar el libro, su autor siguió colaborando con el fabricante de cemento.

Las falsas revelaciones de Le Monde en realidad se coordinaron con Lafarge-Holcim para desviar la mirada de la opinión y de los jueces hacia algo que no pasa de ser un detalle: ¿Podía aceptarse o no el chantaje de Daesh?

La verdad es mucho más grave.

La preparación de la guerra contra Siria

En junio de 2008, la OTAN organizaba la reunión anual del Grupo de Bilderberg [2] en Chantilly, Estados Unidos. Hillary Clinton y Barack Obama se presentaron como participantes en esa reunión.

Entre los 120 presentes se hallaban también Basma Kodmani –la futura portavoz de la Coalición Nacional Siria– y Volker Perthes –el futuro asistente del diplomático estadounidense Jeffrey Feltman en la ONU a cargo del tema de Siria. Durante un debate sobre la permanencia de la política exterior estadounidense, estos dos personajes intervinieron para presentar la importancia de la Hermandad Musulmana y el papel que esa cofradía podía desempeñar en la «democratización» del mundo árabe.

Jean-Pierre Jouyet –el futuro jefe del equipo de trabajo del presidente de Francia–, Manuel Valls –futuro primer ministro de Francia– y Bertrand Collomb –el patrón de Lafarge– estaban presentes en el encuentro junto a Henry R. Kravis –el futuro coordinador financiero del Emirato Islámico (Daesh).
Lafarge en Siria

Lafarge es el líder mundial de la producción de cemento. La OTAN pone en manos de Lafarge la construcción de búnkeres para los yihadistas en Siria y la reconstrucción de la parte sunnita de Irak. A cambio, Lafarge permite que la OTAN maneje el funcionamiento de sus instalaciones en ambos países, sobre todo la fábrica de cemento de Yalabiyeh –al norte de Alepo y cerca de la frontera turca. Durante 2 años, la transnacional francesa garantiza el material de construcción para la edificación de gigantescas fortificaciones subterráneas que permiten a los yihadistas desafiar al Ejército Árabe Sirio.

Lafarge se halla ahora bajo la dirección del estadounidense Eric Olsen, quien integra a la transnacional las fábricas de los hermanos Sawiris y de Firas Tlass. Este último es hijo del general sirio Mustafá Tlass, quien fue ministro de Defensa del presidente Hafez al-Assad. Firas Tlass es además hermano del general Manaf Tlass, al que Francia quiso convertir en el próximo presidente de Siria, y de Nahed Tlass-Ojjeh, la viuda del negociante de armas saudita Akram Ojjeh. Nahed Tlass-Ojjeh trabaja actualmente con el periodista francés Franz-Olivier Giesbert.

Los vínculos entre Lafarge y las fuerzas especiales francesas se facilitan gracias a la amistad existente entre Bertrand Collomb –ahora convertido en presidente honorario de la transnacional– y el general Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia bajo los mandatos sucesivos de Nicolas Sarkozy y de Francois Hollande.
La mentira del diario francés Le Monde

En un primer momento, el diario online de los mercenarios anti-sirios Zaman Al-Wasl publica varios correos electrónicos que demuestran que Lafarge está entregando dinero al Emirato Islámico. En una segunda fase, Le Monde publica sus artículos y los documentos de Zaman Al-Wasl desaparecen de su sitio web, documentos que usted encontrará aquí, en nuestro sitio.

Según el diario francés Le Monde, Lafarge estaba pagando a los yihadistas el petróleo que necesitaba para el funcionamiento de la fábrica. Eso es falso porque esa instalación funciona principalmente con carbón, que seguía recibiendo de Turquía. Sin darse cuenta de la importancia de lo que está confesando, «Le Monde» reconoce que Lafarge producía anualmente 2,6 millones de toneladas de cemento, destinadas a las «zonas rebeldes».

Pero, en medio de esta terrible guerra, era imposible que los civiles construyesen absolutamente nada en esas zonas.

La construcción de búnkeres para los yihadistas

2,6 millones de toneladas durante más de 2 años suman un total de 6 millones de toneladas de cemento producidas para los «rebeldes». Y si escribo la palabra «rebeldes» entre comillas es porque esos combatientes no son sirios sino individuos provenientes de todo el mundo musulmán e incluso de Europa.

Tal cantidad de cemento es comparable a la que utilizó el Reich alemán para construir la Línea Sigfrido en 1916-1917. Desde julio de 2012, la OTAN –incluyendo a Francia– estaba organizando una guerra de posiciones, conforme a la estrategia que describe Abu Mussab «El Sirio» en su libro de 2004 Management of Savagery, o sea “Gestión de la Barbarie”.

Es fácil imaginar la cantidad de ingenieros militares de la OTAN –incluyendo especialistas franceses– que fueron necesarios para construir este gran conjunto de fortificaciones.

Lafarge, los Clinton y la CIA

En la década de los 80, Lafarge enfrentó su proceso por contaminar en el Estado de Alabama (Estados Unidos) recurriendo a una célebre abogada, Hillary Rodham-Clinton, quien logró reducir la multa que la Agencia de Protección de Medioambiente impuso a la transnacional a sólo 1,8 millones de dólares.

Bajo el mandato de George Bush padre, Lafarge prestó servicios a la CIA en Irak transportando ilegalmente el armamento que más tarde utilizaría la rebelión cuando Irak invadió Kuwait y la coalición internacional encabezada por Estados Unidos acudió en ayuda del emirato ocupado por Saddam Hussein.

La intervención militar rusa

Atrincherados en sus búnkeres, los yihadistas podían darse el lujo de desafiar al Ejército Árabe Sirio, manteniendo sus posiciones sin dificultades. Siria se vio dividida en dos durante 2 años porque el gobierno tuvo que optar por ceder terreno para garantizar la protección de la población.

Cuando Rusia interviene en el conflicto, a pedido del gobierno sirio, su misión consistía en destruir con bombas penetrantes los búnkeres de los yihadistas. La duración prevista de esa operación debía ser de 3 meses –desde septiembre de 2015 hasta la navidad ortodoxa, el 6 de enero de 2016. Sin embargo, las fortificaciones de Larfage-Holcim eran de una envergadura tal que las fuerzas rusas necesitaron 6 meses para acabar con ellas.

Conclusión

Cuando la transnacional Lafarge-Holcim terminó su misión en Siria al servicio de la ingeniería militar de la OTAN, simplemente cerró la fábrica y prestó la instalación a la alianza atlántica. La fábrica de Lafarge en Yalabiyeh fue entonces convertida en cuartel general de las fuerzas especiales de Estados Unidos, Francia, Noruega y el Reino Unido que ocupaban ilegalmente el norte de la República Árabe Siria.

Al contrario de lo que sugiere la cortina de humo del diario Le Monde, el caso de Lafarge-Holcim no es la triste historia de una empresa constructora que negoció con yihadistas para salvar a sus trabajadores. La responsabilidad real de Lafarge-Holcim reside en el papel central que desempeñó en una amplia operación militar de destrucción emprendida contra Siria, una guerra secreta que ya ha costado cientos de miles de vidas.

martes, 21 de febrero de 2017

Donald Trump el Profeta

La profecía de Donald Trump


El día sábado 18 del presente mes, el presidente estadounidense, Donald Trump, intervino en un mitin en el aeropuerto de Orlando (Florida). Ante sus seguidores, el republicano defendió las medidas que ha aplicado desde que tomó posesión hace casi un mes. Una de sus decisiones más polémicas es el veto impuesto a inmigrantes procedentes de siete países de mayoría musulmana, una medida paralizada por la justicia estadounidense. Durante el acto, Trump defendió las restricciones haciendo referencia a un supuesto incidente en Suecia que no llegó a concretar. Un tuit del periodista estadounidense Steve Kopack, retuiteado más de 23.000 veces, recoge el momento exacto en el que Trump lo menciona.

En el vídeo, Trump afirma lo siguiente: "Esto es lo importante. Tenemos que mantener nuestro país seguro. Mirad lo que está pasando. Tenemos que mantener nuestro país seguro. Mirad lo que está pasando en Alemania. Mirad lo que pasó anoche en Suecia. ¡Suecia! Quién podría pensarlo... ¡Suecia! Han acogido a muchos -refugiados-. Están teniendo problemas que nunca creyeron posibles. Mirad lo que está pasando en Bruselas. Mirad lo que está pasando en todo el mundo".

Pero lo curioso del asunto es que nada había pasado en Suecia, absolutamente nada, por consiguiente, todo lo que el presidente había expresado sobre los presuntos problemas de seguridad en Suecia derivados de la masiva inmigración de ciudadanos de países mayoritariamente musulmanes al país escandinavo, era una total invención de Trump; ¿o no?.

Inclusive, del asunto se hizo un escándalo, acusando a Trump de sufrir de sus facultades mentales por inventar cosas. Muchos se lo tomaron a cachondeo.

Pero lo increíble del asunto es que el día de hoy, lunes 21 de febrero, estallan violentos disturbios en los suburbios de Estocolmo, capital de Suecia, donde se han asentado innumerables inmigrantes provenientes de países musulmanes, ¿premonición, casualidad o manipulación?, ¿que creen ustedes?

El asunto es en verdad intrigante; bien podría tratarse de manipulación, aunque no creo el conspirador sea Trump, pero sin duda creo que alguien organizó esos disturbios en respuesta a la "profecía" de Donald Trump; tal vez con toda la intensión de acusarle de instigador de la violencia, o tal vez dirán que él personalmente organizó los disturbios violentos en Estocolmo para darle fuerza, credibilidad a sus palabras y, así tener un motivo "legítimo" para promover sus medidas anti-inmigrantes y anti musulmanas en el territorio estadounidense, y quien sabe, tal vez imponer medidas similares en los territorios de sus aliados de la Unión Europea y la OTAN.

Sin duda estamos ante una conspiración de proporciones globales, y creo las victimas van a ser los inmigrantes en los países occidentales, sobre todo en EEUU y la Unión europea; pero creo la conspiración va dirigida sobre todo contra los inmigrantes musulmanes.

Aunque aparte de todo, realmente hay una conspiración de las élites para islamizar Europa y para destruir su identidad; su identidad blanca y cristiana. De eso estoy seguro, aunque desgraciadamente las victimas inocentes son todos esos emigrantes de países de África, Medio Oriente y América Latina que huyen de la violencia desatada en sus países de origen; violencia provocada por esas mismas élites, invadiendo países y derrocando gobiernos, destruyendo la infraestructura y el sector productivo de esas naciones, para que así a sus ciudadanos no les quede otro remedio que emigrar a otros países donde puedan tener un futuro mejor.

Y como lo he comentado muchas veces; el asesor principal de Trump es Steven Bannon, un radical ultra derechista, nacionalista, racista y conspiracionista. Este sujeto desde hace muchos años ha estado denunciando, en su sitio web Breitbart News, ésta conspiración de las élites contra la identidad europea y contra el cristianismo. Este ataque tendría por objetivo eliminar a sus posibles adversarios (de la élite), destruyendo su unidad y su identidad.

Pero a raíz de la palabras "proféticas" de Trump, estarían utilizando ese desliz del presidente estadounidense para desprestigiarlo y acusarle de conspirar contra la humanidad y los musulmanes.

Esa es mi opinión personal, pero tampoco podemos desechar la otra posibilidad; que sea realmente Trump el que haya organizado los disturbios en Estocolmo para erigirse como un visionario, un libertador que rescatará al mundo occidental de los peligros del islam y las razas "inferiores".

Como sea, estos hechos no pueden ignorarse y con toda probabilidad los disturbios en Suecia no fueron fortuitos, espontáneos; sin duda se organizaron para que coincidieran con la "profecía" de Donald Trump.


lunes, 16 de enero de 2017

La "OTAN" musulmana está condenada al fracaso



Uno de los temas principales de las últimas semanas es la creación de la Alianza Militar Islámica. La 'OTAN musulmana' consiste de 39 países del mundo islámico, y al parecer representa el nuevo eje del poder en la región. Sin embargo, varios especialistas cuestionan la viabilidad del proyecto. El experto iraní la política regional, Farzad Ramazani Bonesh, presentó a Sputnik su visión.

Una de las causas de las discusiones en la prensa acerca de la nueva alianza es el nombramiento del ex general pakistaní Raheel Sharif como comandante en jefe del ente. El experto explica que Arabia Saudí desde hace rato trataba de 'contratar' a un militar tan experimentado, por lo tanto la organización estuvo negociando con el alto oficial acerca de su futuro cargo durante mucho tiempo.



Durante los últimos años Arabia Saudí ha estado intentado poner a Pakistán en contra de Yemen por medio de atraer a los militares pakistaníes a las filas de su Ejército. No obstante, siendo miembro de la Alianza militar islámica (Imaft, por sus siglas en inglés) encabezada por el reino saudí, Pakistán adoptó una postura relativamente imparcial respecto a esta cuestión", asegura Bonesh.

El politólogo señala que para los militares pakistaníes la coalición liderada por Riad se parece más a la alianza pro-suní contra los chiíes que a la alianza islámica contra el terrorismo. Es que la 'coalición musulmana' no incluye a Irán, Irak y Siria.

En el marco de las negociaciones con los saudíes, Raheel Sharif declaró que una de sus condiciones es la participación de Teherán en la alianza y la mediación pakistaní en las negociaciones entre Irán y Arabia Saudí.


La idea de crear su propio bloque militar se estaba concibiendo desde hace mucho puesto que a Riad no le gustaba que el destino de Oriente Medio se decidiera en Washington, Londres y Moscú, se señala. El enfriamiento de las relaciones con Washington y las insinuaciones de EEUU con Irán preocuparon a Riad. En diciembre de 2015 por fin esto ha sucedido, se creó el bloque islámico.

"La idea de la 'OTAN musulmana' desde el principio pareció una quimera: los jugadores demasiado distintos, las metas demasiado diferentes, y falta de un enemigo común. Las declaraciones acerca de la lucha antiterrorista solo provocan una sonrisa dado que varios de sus miembros apoyan indirectamente a los grupos terroristas y los usan para conseguir sus metas", pronunció Bonesh.

Señaló que la efectividad del bloque casi equivale a cero, mientras varios participantes de la alianza dependen económicamente en cierta medida de Riad y no pueden ser considerados como jugadores independientes.
Además, cualesquiera que sean las metas proclamadas por la alianza, en particular la lucha antiterrorista, todo esto parece muy chistoso e ingenuo. Arabia Saudí desde hace mucho tiempo estaba llevando la idea de crear una alianza islámica", recordó el experto.

Agregó que al crear esta organización el reino saudí solo persigue sus intereses, y busca llevar a cabo su agenda política a cargo de otros países musulmanes.

"En este sentido sería erróneo decir que esta alianza será efectiva o exitosa en términos de resolución de las crisis regionales", concluyó.

martes, 22 de noviembre de 2016

Donald Trump: Wahabismo, Sionismo y el Islam



Donald Trump, el mandatario electo de los Estados Unidos tiene entre sus “objetivos” internos como también en el ámbito de su política exterior el tensionar la relación con los musulmanes a quienes considera como personas que “odian a Estados Unidos”.

¿Cómo evitar esta conducta que según Trump los musulmanes sienten contra Estados unidos? Las medidas parecen ser simples en el razonamiento blanco y negro que mueve al magnate devenido presidente: estrechamiento de la vigilancia de la comunidad musulmana en Estados Unidos – que se calcula en cerca de 7 millones de habitantes – como también el restringir la entrada de creyentes de esta confesión religiosa, declarado en plena campaña presidencial. Trump afirmó que “debemos bloquear completa y totalmente la entrada de musulmanes en Estados Unidos porque son personas que odian a la población de nuestro país en actos más allá de lo comprensible y que se instaure hasta que las autoridades averigüen qué está pasando”.

La Ignorancia Como Acervo Político

Para Trump el tomar este tipo de decisiones, según su particular visión del mundo y de las culturas diversas a la suya, en un tema de seguridad nacional “no tenemos elección, no tenemos elección. Podemos ser políticamente correctos o podemos ser estúpidos, pero será peor y peor. Hasta que lleguemos a entender el problema y las amenazas que plantea, nuestro país no puede ser víctima de ataques horrendos”. Un modo de ver al otro demonizándolos, metiéndolos a todos en un mismo saco. Sin siquiera hacer distinciones mínimas, como por ejemplo la diversidad de contextos y marcos históricos, migratorios y orígenes de las poblaciones musulmanas según sea que miremos Europa o Estados Unidos (1) esto, en cualquier parte del mundo es simple oscurantismo, ignorancia supina, peligrosa y mortal para las relaciones entre los pueblos.

A pesar de las críticas por estos comentarios, incluso por miembros de su propio partido el polémico presidente electo norteamericano llamó a estudiar la posibilidad, incluso, de cerrar las Mezquitas. Hoy, ya electo como líder político de una potencia de las características de Estados Unidos, Trump y su equipo borraron de su página web, cuando ya los resultados lo mostraban como triunfador, todo lo referente a los insultos contra los musulmanes – en una práctica habitual cuando sus dichos han generado polémicas – Hoy, en su página web, en la sección referida a “Política Exterior y derrota del Estado islámico” es posible leer que “es necesario suspender de forma temporal, la inmigración desde algunas de las regiones más peligrosas y volátiles del planeta, que tienen un historial de exportación del terrorismo”.

Trump juega con los temores atávicos de la sociedad estadounidense blanca y de los sectores ultraderechistas y seguirá haciéndolo como parte de su estilo de gobierno, mostrando desconocimiento y prejuicios. Elemento irracional en un país formado, precisamente, por la conjunción de millones de inmigrantes de los más diversos orígenes y religiones, que sin embargo, sobre todo en los últimos años ha intensificado – por parte de su población blanca menos instruida y habitantes de zonas del medio este estadounidense, una clase obrera pauperizada y sectores desencantados con el establishment político, una postura de fuerte discriminación contra la inmigración hispana, el mundo musulmán y su propia población negra. Contradictorio con un Trump con abuelos inmigrantes de origen alemán, una madre escocesa, una primera esposa checa y su última mujer de origen esloveno.

En el caso específico de los musulmanes estadounidenses, los propios medios de comunicación de ese país han señalado que se suele mirar, a esa comunidad, con prejuicios y estereotipos sin dar cuenta de varios puntos, que permitirían entender de mejor forma a este grupo y así analizar con ojo clínico los llamados de Trump, más basados en la rusticidad de un hombre de negocios, que un político o un ser humano con amplitud de criterio, que le permita avanzar en el conocimiento de esta población y de su cultura: Primero representan un porcentaje minoritario de la población estadounidense, un 1,7% de la población para llegar al 2,1% el año 2050. Tiene niveles de ingreso y educación más altos que el promedio estadounidense. Las mujeres musulmanas tienen más grados universitarios que los hombres musulmanes. Los musulmanes han existido en Estados Unidos aún antes de la proclamación de la independencia de este país. Un tercio de todos los africanos que fueron llevados como esclavos al país del norte eran musulmanes – gran parte de ellos obligados a convertirse al cristianismo – la comunidad musulmana se reparte por todo el territorio estadounidense y participan activamente de la vida política y social de ese país.

El Wahabismo y su Sociedad con Estados Unidos

Importa bien poco, en ese análisis primario y esas conductas primitivas impulsadas por Trump y sus seguidores, los estudios y razonamientos más profundos, que dan cuenta del desarrollo de políticas de intervención en el plano económico, político y militar de Washington y sus aliados en la consolidación de regímenes corruptos en el seno de países musulmanes, pero aliados de occidente como es el caso de la Monarquía Saudí y las Monarquías Ribereñas del Golfo Pérsico. O el apoyo al surgimiento, desarrollo y acción de movimientos terroristas de raíz takfirí, que tendrán su aparición global desde los tiempos de la invasión de la ex Unión Soviética a Afganistán hasta el surgimiento de Al Qaeda, EIIL – Daesh en árabe– Fath al Sham – ex Frente al Nusra – Boko Haram, Ahrar al Sham, Ansar al Dine entre otros, donde el papel de Arabia Saudita – socio relevante de Estados Unidos – ha sido fundamental para mostrar ante el mundo una cara del Islam que no es el que profesan 1.600 millones de fieles como es la doctrina Wahabita.

Ese no es tema para Trump y no lo será, pues dejaría la descubierto la doble moral de condenar al Islam – una religión claramente de paz - y al mismo tiempo tener relaciones con un hijo putativo totalitario, agresor e impulsor de movimientos de fanáticos, que han efectuado actos terroristas en el propio suelo estadounidense bajo el manto ideológico y financiero del Wahabismo. Un credo que representa una distorsión, una falsa visión e interpretación del Islam. “Una herejía cismática que los sabios musulmanes, como también los intelectuales laicos designan con el término dajjal” Concepto que en la terminología árabe significa falso, mentiroso o impostor- Y justamente eso pretende la ideología wahabita: subvertir el Islam y convertirlo en un instrumento de predominio y opresión, sobre todo regional en concomitancia con poderes hegemónicos como el estadounidense, Francia e Inglaterra fundamentalmente, contando incluso con la alianza del sionismo, que en aras de dividir y fragmentar al Islam genera relaciones con la Casa al Saud y apoya toda causa que signifique perjudicar a la Umma – la comunidad de creyentes del Islam -

El día 13 de septiembre de 2016, el canciller de la República Islámica de Irán, Mohamad Yavad Zarif publicó un artículo de opinión, en uno de los diarios más influyentes del mundo occidental: The New York Times. En dicho artículo, titulado “Let Us Rid the World of Wahhabism” “Libremos al mundo del Wahabismo” el diplomático persa detalla minuciosamente la necesidad de oponerse a una doctrina político-religiosa, que causa enorme daño, no sólo al nombre del islam, sino a un conjunto de creencias y la propia necesidad de relaciones internacionales basadas en el respeto a la autodeterminación y los derechos humanos. El titular de exteriores de la nación persa consigna, en dicha publicación, que desde el ataque terrorista a Estados Unidos y que afectó símbolos económicos y militares de esa nación, junto a la muerte de 3 mil personas, la doctrina del Wahabismo se ha sometido a una serie de “cirugías faciales” pero que no le quitan el rostro de ser la ideología de los grupos terroristas, que actúan bajo diversos nombres y en esa conducta sea con Bush, Obama y ahora con Donald Trump seguirá actuando en perjuicio de un mundo que desconoce y teme en la misma magnitud.

En aquella interesante misiva, Zarif invita a trabajar, coordinadamente, para librar al mundo de una doctrina rigorista, convertida en una caricatura del Islam como es el takfirismo, que suele ser el mejor apoyo a la intolerancia y al pensamiento de aquellos sectores en Europa y Estados Unidos, que hablan irracionalmente que el mundo se enfrenta a un choque de civilizaciones. Teoría surgida en el seno ideológico estadounidense, interesada y proclive a justificar la política de hegemonía y agresión que occidente suele llevar contra los pueblos del mundo. En ese marco, la casa real saudí y sobre todo el círculo de hierro que tiene el poder – el denominado Clan Sudairi (2) -justifican y se justifican en función de esas ideas erradas, devenidas en un simple pero peligroso pretexto, para justificar el dominio de unos sobre otros y que ha servido para que la Monarquía wahabita incremente sus acciones de represión interna y agresiones externas, con el aval de occidente.

Es ese concepto y esa práctica proveniente de la Monarquía wahabita la que Trump tiene en su acervo cultural. Un Trump que toma esa visión como parte integrante de un mundo que es infinitamente más rico que esa distorsión de una creencia, que acoge en su seno al 25% de la población mundial. Un error gigantesco, pero lógico en la ignorancia y la complicidad que Estados Unidos tiene con la Casa al Saud y que genera un enorme daño a mil seiscientos millones de musulmanes en países repartidos en los cinco continentes. En un interesante trabajo de Jean Michel Vernochet titulado “Los Descarriados ¿El Wahabismo es contrario al islam?” Este intelectual francés nos da a conocer la estrecha relación entre ese wahabismo con el capitalismo e incluso el sionismo. Un Wahabismo con intenciones de convertirse en una religión global, que trata de imponerse en todas las naciones y en todos los pueblos sean estos cristianos o musulmanes “una religión destinada a reemplazar a todas las demás y que podríamos designar con toda razón como el “monoteísmo del mercado”

Y en ese plano, sostiene Vernochet, en una interesante hipótesis “el wahabismo cohabita perfectamente con el anarco-capitalismo. El aparente puritanismo salafista pretende sustituir el islam tradicional y para ello es justificable la represión, la exclusión y el asesinato de todo aquel que no se someta integralmente a una misma e inexorable interpretación de la Sharia…exactamente igual que la democracia universal y supuestamente humanitaria que estados unidos pretende imponer por la fuerza de las armas en los cuatro puntos cardinales del planeta. La gran América ve su destino manifiesto como un derecho ilimitado a matar a todos los que se muestran reticentes a entrar por voluntad propia en la matriz democrático judeo-protestante made in América”

Esa relación conceptual y práctica, gestada entre Washington y Riad desde la fundación misma del reino Wahabita el año 1932, con la unión de los reinos del Hiyaz y del Nechd, se ha consolidado con los años a pesar de diferencias coyunturales. De tal forma que de los 19 involucrados en los atentados del 2001 en Estados Unidos, quince de ellos eran de origen saudí, sin que esa situación haya tensionado en extremo las cordiales y cómplices relaciones entre Washington y Riad. No sucedió con George W. Bush ni tampoco en las de Barack Obama y no se vislumbra algún cambio bajo el mandato de Donald Trump. La alianza Washington-Riad son tan estrechas, las deudas monetarias, políticas y los hechos de complicidad criminal tan profundos, que difícilmente Trump, con todo el odio profesado al mundo musulmán podrá intervenir en un eventual rompimiento de relaciones con el wahabismo.

Con Donald Trump en la Casa Blanca, a la par de las medidas contra la inmigración, la continuación de la construcción del muro fronterizo con México, la posible deportación de 3 millones de inmigrantes – según cifras entregadas por el propio Trump – la limitación de la entrada de musulmanes al país, se sumará lo que este magnate devenido mandatario esbozó en una entrevista dada al programa CBS Face de Nation “la necesidad de etiquetar a los musulmanes como una manera de prevenir el terrorismo. Debemos considerar la elaboración de perfiles raciales – el denominado profiling - como parte de la labor policial y de los investigadores. En tiempos de terrorismo internacional es cuestión de escoger el sentido común en lugar de lo políticamente correcto. Miren a Israel y a otros países, ellos lo hacen y tienen éxito. Como también establecer un control más estrecho de las Mezquitas. Si vas a Francia en este momento, ellos lo están haciendo. De hecho, en algunas instancias están cerrando las mezquitas”

Esa será la política central de Trump con una cultura, con una comunidad que desconoce. Y, bien sabemos que la ignorancia genera temor, desprecio, toma de decisiones adecuadas, que están afectando el necesario vínculo con un grupo sometido a presiones que llegarán a ser insoportables. Medidas racistas, discriminatorias, criminales, que sirven de ejemplo y aliciente para que su socio sionista incremente su política criminal contra el pueblo palestino, pues sabe que la impunidad será el pan de cada día. ¿Por qué no seguir con los asentamientos en territorio palestino? ¿Por qué no limitar el llamado al rezo en las Mezquitas en Al Quds y todas las ciudades de la Ribera occidental? ¿Por qué no seguir demoliendo casas y asesinando a Palestinos’ ¿Por qué no, si Estados Unidos y sus socios de la OTAN, con su silencio cómplice permiten estos actos criminales? Con esa certeza el sionismo concreta su política colonialista, racista y criminal y será apoyado por un Trump que tiene una práctica y una retórica prosionista indudable.

Efectivamente Trump se encargo, Urbi et Orbe, en la campaña presidencial para definir al candidato republicano, que su historia con el pueblo judío y la entidad sionista lo distinguían del resto del aglomerado campo republicano.“El único candidato – sostenía Trump - que dará un apoyo real a Israel soy yo. El resto son meras palabras, nada de acción. Son políticos. Yo he sido leal a Israel desde el día en que nací. Mi padre, Fred Trump, fue leal a Israel antes que yo. El único que dará a Israel el tipo de apoyo que necesita es Donald Trump”. En su núcleo familiar, su hija Ivanka tras el matrimonio con Jared Kushner se convirtió al judaísmo, cambiando su nombre por el de Jael. Así se ha estrechado aún más relaciones entre Trump y esta comunidad con fuerte influencia sobre los gobiernos norteamericanos.

Si la primera potencia mundial en materia económica, tecnológica y militar, bajo el mando de Trump ha decidió llevar adelante una guerra contra los inmigrantes, contra las culturas que no conoce, contra el mundo del Islam, sus aliados como el wahabismo podrá seguir agrediendo a Yemen, reprimiendo los afanes libertarios en Bahréin, podrá seguir financiando la guerra de agresión contra Siria e Irak. Si Trump ha señalado que revisará los acuerdos nucleares con Irán – aunque estos hayan sido firmados con otras cinco naciones – entonces dice Tel Aviv y Riad ¿Por qué no intensificar las presiones contra Teherán, por qué no pensar en la posibilidad de atacarlo? Este tipo de razonamientos suele comenzar a desarrollarse, sobre todo cuando el ocupante de la Casa Blanca permite estas hipótesis irracionales y peligrosas, sin analizar en profundidad que las decisiones tienen su costo y en ese plano la República Islámica de Irán no es una presa que se deje amedrentar, es una potencia y con líneas rojas bien definidas y prontas a defender.

Igualmente, en el seno de la Conferencia Internacional sobre las Crisis Geopolíticas del Mundo islámico, celebrada en Teherán, el canciller Zarif afirmó que Israel como principal problema que enfrenta el mundo musulmán, haciendo un llamado a los países islámicos a unirse ante ese régimen. “Los Estados musulmanes deben responder a las violaciones de los derechos del pueblo palestino por el régimen usurpador sionista y superar los obstáculos que dificultan una interacción constructiva” Dificultades que. Indudablemente, se acrecentarán con el apoyo explícito que Trump ha dado a la entidad sionista lo que implica que aumentará la desestabilización de países islámicos creando cuestiones artificiales como las discordias entre las ramas del islam o incluso entre el mundo árabe y la nación persa.

Indudablemente, la entidad sionista tiene en Irán un adversario de temer, tanto como la Monarquía saudí, que considera a Irán su principal enemigo en la zona, desde el momento mismo del triunfo de la revolución iraní el año 1979. Antagonismo que cuenta con el concurso de dos socios principales: Estados Unidos e Israel. Esto pues, la Casa al Saud ha creado a lo largo de los últimos años, con la entidad sionista y Washington una estrecha alianza política-militar destinada a impedir el desarrollo de una política de influencias de Irán o cualquier otra potencia, que no vaya de acuerdo a los objetivos hegemónicos de la triada Washington. Tel Aviv-Riad, que es hablar de capitalismo-wahabismo y Sionismo.

En ese plano de acción, difícil panorama es el que se presenta para el mundo y sobre todo para la Umma – la comunidad de creyentes del Islam – con un Donald Trump en la Casa Blanca, no muy distinto a lo que se ha estado viviendo en los últimos años. Por ello, resulta fundamental trabajar por modificar el papel que cumple Estados Unidos y Europa Occidental y sus socios, ya sea el Magreb en Oriente Medio y Asia Central, que puede ser un buen comienzo para resolver, por ejemplo, la ocupación que sufre el pueblo palestino a manos de la entidad sionista. Dejar de apoyar al régimen wahabita en su guerra de agresión contra Yemen y el sostén que esta Monarquía da a las bandas terroristas que atacan Siria e Irak. Conflictos que han alcanzado las costas de Libia en la idea de balcanizar a un país otrora ejemplo para el continente africano. Dura tarea la que hay que afrontar, junto a la rehabilitación de la condición cultural y civilizadora de la dimensión musulmana que tienen estas poblaciones, evitando con ello toda estigmatización.

El mundo del Islam tiene mucho trabajo, necesidad de protegerse, de ampliar sus vínculos, de enfrentar las amenazas a partir de sus fortalezas, sobre todo con este nuevo aire que el wahabismo, el sionismo y la ideología dominante en Estados Unidos han comenzado a respirar con el mandatario electo Donald Trump, que al menos en el plano discursivo hace tener un recrudecimiento de las acciones de ataque contra los musulmanes. Hoy, más que nunca 1.600 millones de musulmanes deben enfrentar una ofensiva de desprestigio y ataques que encabeza el mandatario estadounidense con sus vociferantes y peligrosos laidos wahabitas y sionistas.