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lunes, 22 de octubre de 2018

Las Fuerzas Aéreas de EEUU sufren su derrota más devastadora ante un huracán



La primera gran derrota de los cazas de quinta generación F-22 no ocurrió en los cielos extranjeros, sino en el propio territorio de EEUU. La base aérea Tyndall, el principal nido de los Raptor en el país, fue arrasada por el huracán Michael el 10 de octubre. Los militares de EEUU contabilizan sus pérdidas.

"El huracán dañó más de una docena de los F-22 desplegados en la base aérea. Sería casi un 10% de todos los F-22 en existencia, y restablecerse de este golpe puede tardar años", escribe David Axe para el blog militar WarIsBoring.

Según el autor, la base albergaba 55 cazas de quinta generación, y al menos 33 de ellos lograron ser evacuados antes del impacto del huracán. Así, hasta 22 aviones furtivos potencialmente podrían haber resultado dañados, aunque la cifra más mencionada es de 17 aeronaves.

En total, se fabricaron 195 Raptor pero algunos de ellos se accidentaron y otros ya fueron sacados de servicio.

La flota actual asciende a 183 unidades valoradas en 380 millones de dólares cada una, y la pérdida de 17 aviones sería casi su décima parte, con un valor conjunto de 6.460 millones de dólares.

Al menos una parte de los F-22 dañados puede ser reparada, apunta Axe citando a los especialistas técnicos de Tyndall, pero también será un esfuerzo muy costoso. Los cazas ya no se fabrican y cada reparación podría ser única en su clase.

Detalles curiosos

Aparte de la descripción del enorme coste del huracán Michael para la Fuerza Aérea de EEUU, el artículo de Axe llama la atención por revelar prácticas de 'canibalismo' entre los F-22.

Al tratar el tema de por qué no todos los aviones huyeron del peligro, el autor indica que "algunos de los que quedaron eran incapaces de volar" y fueron almacenados en los hangares.

La razón para esto es que "no tenían piezas de recambio", dado que la Fuerza Aérea a menudo 'canibaliza' sus aviones para asegurar que los demás estén operativos.

El autor cita las estadísticas reveladas por la Fuerza Aérea sobre la disponibilidad para el combate de los F-22. Resulta que solo la mitad de los sofisticados cazas, o menos de un centenar de unidades, están preparados para despegar en un momento dado: los demás están en reparación o carecen de equipos esenciales para realizar misiones de combate.

Mientras que la práctica de ensamblar un vehículo operativo de las partes de varios vehículos inoperativos es bastante popular, cuanto más caros y sofisticados sean los aparatos, más costoso resulta tener algunos de ellos anclados en tierra indefinidamente.

Este problema también lo sufrió el sucesor del F-22, el F-35: todas sus tres modificaciones padecen niveles de disponibilidad operativa reducida, y una de las razones clave para esto son los largos plazos de suministro de las piezas de recambio.

En caso de una necesidad urgente, este problema llevaría a los técnicos de EEUU a 'sacrificar' unos F-35 para poder llevar otros a los cielos

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