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martes, 27 de octubre de 2015

China creará 40 súper empresas para conquistar el mundo

Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan, tras una visita oficial a Reino Unido REUTERS


El Gobierno fusionará compañías públicas de sectores estratégicos y reducirá su número de 110 a 40

El nuevo plan quinquenal incluirá la creación de una gran aerolínea con una flota de 1.000 aviones
ISMAEL ARANA
HONG KONGACTUALIZADO 27/10/201503:05

Un nuevo coloso está a punto de emerger en el pujante sector del transporte aéreo chino. Las autoridades del país se plantean fusionar una parte o la totalidad de las operaciones de las tres grandes aerolíneas nacionales, lo que daría lugar a un gigante aeronáutico que monopolizaría los cielos de la nación con una flota de más de mil aviones.

Según detallaba Bloomberg la pasada semana, diversas instituciones reguladoras habrían tenido acceso a un plan en el que se planteaban diferentes alternativas para que Air China (con base en Pekín), China Southern Airlines (Cantón) y China Eastern Airlines (Shangai) aúnen esfuerzos en el futuro y puedan unirse en el negocio del transporte de mercancías, compartan pasajeros entre ellas o se fusionen.

El proyecto, que sigue bajo discusión y no se ha hecho público todavía, sigue la senda marcada por otros sectores como el naviero, el de la energía nuclear o el del transporte ferroviario, donde se están preparando o ya se han ejecutado operaciones de este calibre con el fin de crear empresas transnacionales que puedan competir por jugosos e importantes contratos más allá de las fronteras chinas.

Además, dicha operación encajaría con el plan de privatización y reestructuración de las empresas estatales chinas anunciado el pasado mes de septiembre, uno de los temas que sin duda abordarán los reunidos durante la elaboración del 13º plan quinquenal chino, el documento que marcará las pautas económicas a seguir entre 2016 y 2020.

Tanto dentro como fuera de China, todo el mundo coincide en la necesidad de reformar unas empresas estatales que dan trabajo a 37 millones de personas y manejan activos por valor de más de 14 billones de euros, pero cuyo tamaño e ineficacia impiden a China contar con una economía más sostenible en la que las fuerzas del mercado jueguen un rol principal, un objetivo marcado por el propio Partido Comunista en 2013.

No obstante, la tarea se antoja titánica, ya que por todo el país asiático se reparten unas 155.000 empresas públicas dependientes de gobiernos locales y provinciales. Además, existen otras 111 grandes compañías bajo control directo de la gubernamental Comisión para la Supervisión de Activos Estatales (SASAC), que son las más poderosas del país y gestionan en régimen de monopolio (o casi) sectores estratégicos como el de la banca, los transportes, las telecomunicaciones o el petróleo.

Desde su creación en tiempos de Mao, estas firmas han gozado de amplios privilegios frente a las empresas privadas a la hora de recibir subsidios, préstamos y subvenciones. Además, tienen la seguridad que les da el saber que el Estado acudirá en su ayuda en caso de dificultad, lo que les ha convertido en entes incapaces que lastran el desarrollo del sector privado.

En virtud del nuevo plan presentado, las privatizaciones se centrarán sobre todo en el grupo de empresas locales y provinciales, mientras que las supervisadas por la SASAC se reducirán, mediante fusiones y compras, de 111 a 40 "campeones nacionales" que liderarán sus respectivos sectores y serán capaces de competir en el extranjero con otras multinacionales.

Tal y como resaltó Zhang Xiwu, vicepresidente de la SASAC, el gobierno chino va a autorizar "una inversión privada limitada" para permitir la creación de "propiedades mixtas" que faciliten que estas empresas pasen a ser "entidades competitivas",aunque en ningún momento se plantea la posibilidad de que el estado pierda el control sobre ellas. El modelo en el que parecen inspirarse es el de Tamasek, un potente organismo de inversión estatal de Singapur controlado por sus autoridades y que da trabajo a los más sobresalientes profesionales del sector privado.

De acuerdo con lo publicado por la agencia Xinhua, el documento también contempla profesionalizar la gestión de estas empresas con la contratación de directivos especializados, ajustar las retribuciones salariales de acuerdo con los resultados obtenidos, lograr una mayor transparencia en la gestión de los fondos públicos o conceder más poder de toma de decisiones a sus consejos de administración, aunque en ningún momento detalla cómo harán todo esto. Además, señala que las compañías se dividirán entre las que tengan fines comerciales o fines sociales, pero en ambos casos "se reforzará y mejorará el liderazgo del Partido" sobre ellas.

El documento se guarda de establecer plazos concretos más allá de señalar que para 2020 se habrán logrado "resultados decisivos", y asegura que el Ejecutivo dará el visto bueno a cada operación solo cuando las condiciones sean las propicias. Es obvia la importancia que para el empleo y la economía del país tienen estas empresas, y las autoridades quieren evitar cualquier paso en falso que pueda dañar su tan apreciada estabilidad social.

Hasta la fecha, son pocos los que consideran las reformas suficientes. Además,queda por ver cómo reaccionarán las familias que durante años se han repartido gran parte de este suculento pastel y que sin duda emplearán sus conexiones con las altas esferas para intentar perder la menor cantidad de poder posible. Porque, como reconocía al diario South China Morning Post el director del Instituto de Económicas Unirule de Pekín, Sheng Hong, "estos grupos con intereses creados son reticentes a las reformas y son demasiado poderosos".

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