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domingo, 8 de septiembre de 2019

¿Cómo el MiG-21 puede superar al F-22?



El medio estadounidense Military Watch comparó el caza soviético MiG-21 con el avión insignia del país norteamericano, el F-22 Raptor, y llegó a una conclusión inesperada.

A primera vista, la diferencia entre las dos aeronaves es abismal: el MiG-21 es más antiguo, más ligero y apenas cuenta con tecnologías modernas. Mientras tanto, el caza de quinta generación F-22 representa la cúspide tecnológica de la industria aeronáutica estadounidense.

El caza soviético entró en servicio en 1959 y su fabricación cesó en la URSS en 1985. Eso sí, China también fabricó su propia copia del MiG-21 bajo el nombre J-7 hasta 2013, que contaba con múltiples tecnologías modernas.

Por su parte, el F-22 se fabricó entre 2005 y 2009, hasta que el programa fuera clausurado debido a sus costes desorbitados, señala el medio. De hecho, antes de la reciente llegada de otros cazas de quinta generación, tales como el F-35 y el J-20, era el avión de combate más sofisticado del mundo.

No obstante, a pesar de la aparente supremacía del F-22, el caza diseñado en la URSS sigue teniendo unas importantes ventajas incluso en el campo de combate.

F-22: un bisturí que necesita mucha atención

Este caza fue desarrollado para el teatro europeo de la Guerra Fría, donde tendría que luchar por la supremacía aérea contra el recién creado caza Su-27, que desde entonces ha evolucionado hasta el modelo Su-35S. Curiosamente, los analistas militares estadounidenses señalan que entre las naves del país norteamericano solo el F-22 es capaz de contrarrestar al Su-35S en el aire.

Sin embargo, este dominio del espacio aéreo tiene un alto coste desde múltiples puntos de vista. Primero está el hecho de que el F-22 está tan especializado en el combate aéreo, que apenas tiene capacidad de realizar ataques terrestres, señala el medio.

Luego también está el precio extremadamente alto de estas aeronaves y su mantenimiento, que llega a cientos de millones de dólares y requiere mucho tiempo. Así, a día de hoy es el avión de combate que más mantenimiento necesita por hora de vuelo.

Un ejemplo de ello es el caso del F-22 que estuvo en conservación y no presentaba daño alguno. Hicieron falta 25.000 horas laborales para ponerlo a volar.

De hecho, estas máquinas son tan exigentes en cuanto al mantenimiento, que suelen realizar nada más que una misión por semana, y si es un vuelo de larga duración pueden tardar incluso más tiempo en ponerlas a punto.

Por lo cual, mientras el F-22 es un bisturí que se usa para misiones de precisión quirúrgica, pasará la mayor parte del tiempo aparcado en un hangar.

MiG-21: un mazo que no deja de machacar

Una de las principales diferencias del caza soviético en comparación con el F-22 es su rigidez. El MiG-21 es capaz de operar desde pistas de aterrizaje en malas condiciones, mientras que el Raptor necesita unas condiciones inmaculadas para poder despegar. Lo mismo se aplica a las condiciones climáticas.
Aunque el F-22 le supere al MiG-21 en prácticamente todas las prestaciones y avances tecnológicos, el avión de combate soviético tiene un as en la manga: su frecuencia de vuelos supera a cualquier caza moderno. Los MiG-21 pueden realizar 20 veces más misiones que los F-22, lo cual significa que en total pueden emplear una mayor cantidad de municiones.

Tal y como lo ha demostrado el conflicto armado en Siria, esta virtud del MiG-21 puede resultar ser decisiva en una guerra de verdad. Allí, estos cazas mostraron una mayor efectividad que los más modernos MiG-23 y MiG-25 gracias a una mayor fiabilidad. Además, necesitan menos repuestos, lo cual facilita considerablemente su uso.

Luego también está el coste: los MiG-21 cuestan literalmente 100 veces menos que los F-22, y a diferencia de este caza de quinta generación, no pasarán semanas en tierra en espera de repuestos, destaca el medio.

Lecciones de la historia

Durante la Segunda Guerra Mundial la URSS demostró que la simplicidad y la fiabilidad de la maquinaria bélica pueden superar a la complicada y delicada tecnología.

Cuando un caza está en tierra, no es más que un blanco fácil, sin importar lo avanzado que sea. Y es especialmente importante cuando este blanco cuesta cientos de millones de dólares y no puede ser reemplazado por otro. Por lo cual, es un requisito esencial que los aviones de combate pasen el menor tiempo posible en tierra durante un conflicto armado.

"Aunque el F-22 sea la máquina perfecta en un combate aéreo, el nicho ocupado por el MiG-21 no debería ser desestimado en condiciones de una guerra", concluye el medio.

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