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sábado, 6 de agosto de 2022

¿El fin de la globalización? Lo que se rompe con la visita de Pelosi a Taiwán y la arriesgada apuesta defensiva de EE.UU. contra China

Pekín se encuentra en una encrucijada: no debe alterar la estabilidad comercial, pero ello tampoco puede ser tan permisivo con Washington, porque su próximo paso puede ser aun más atrevido.


La visita a Taiwán de la presidenta de la cámara de representantes del Congreso de EEUU, Nancy Pelosi, fue una acción temeraria pero no irracional, y dice mucho del agresivo juego que establece el gobierno de su país en el tablero mundial.

Washington movió un alfil que acecha al rey. Pero no para jaquearlo sino para apresurarlo. Para moverlo de su zona de confort. Para inquietarlo.

Básicamente para darle una patada a la existente mesa de acuerdos que permitió el advenimiento de la globalización, definida como el auge comercial ilimitado que se instauró al finalizar la Guerra Fría.

Con su arribo, Pelosi rompe el acuerdo de 1979 en el que EE.UU. reconoce a una sola China, cuya capital es Pekín, Taiwán es expulsado de Naciones Unidas y se establece que no puede haber visitas oficiales de funcionarios internacionales a la isla, sino únicamente encuentros de carácter privado. Ahora en cambio, la representante estadounidense dice a Taipei: "Queremos que el mundo los reconozca".

Así como lo hizo expandiendo la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia oriente, rompiendo acuerdos tácitos con Rusia, en esta ocasión el mensaje es el mismo: Washington quiere cambiar las reglas. Ya no le sirve la actual arquitectura mundial, donde era el otro hegemón, y decide replantear el juego más allá de los consensos que daban estabilidad al mundo.

Así como lo hizo expandiendo la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia oriente, rompiendo acuerdos tácitos con Rusia, en esta ocasión el mensaje es el mismo: Washington quiere cambiar las reglas. Ya no le sirve la actual arquitectura mundial.

Lo que muy probablemente ha culminado con este viaje y con el conflicto ucraniano es justamente la globalización, tal como la conocimos desde los noventa, y que tanta prosperidad y sensación de triunfo había causado en los EE.UU.

Cuando el secretario general de la ONU, António Guterres, a escasas horas de la llegada de la presidente de la cámara de diputados a Taipéi, dijo que el mundo estaba a "un solo malentendido o error de cálculo de la aniquilación nuclear", hacía referencia a esta arrojada acción vanguardista, casi kamikaze, que ha embravecido a un país con pretensiones de ser la principal potencia comercial del mundo.

La guerra comercial que inició el expresidente Donald Trump con las sanciones a China, ahora extremadas con la visita de Pelosi, ha finiquitado el concepto mismo de la "integración mundial" y ha regresado el mundo a una nueva guerra fría, muy parecida a la existente en la segunda postguerra, con los mismos puntos críticos.

¿Por qué acabar con la globalización?

Si el proceso de mundialización parecía inexpugnable y apenas amenazado por grupos terroristas, islámicos y algún "extremista" estilo Corea del Norte, resulta que ahora es el propio actor que diseñó la globalización el que ha preferido "trancar el juego" y forzar a que se barajen nuevamente las piezas, cueste lo que cueste, en el escenario económico mundial.

No se trata de un "borracho belicoso" que abre frentes por doquier, sino de que a EE.UU. ya no le interesa el mundo tal como está, que tiene que parar el posicionamiento de China como primera potencia económica y eso, según sus cálculos, tiene que hacerlo ahora y no dentro de cinco o diez años, cuando China sea el corazón de la "globalización realmente existente" y no la que soñó cuando era el único actor de peso.

EE.UU. creó la globalización para sus intereses y ahora quiere levantar cortinas de hierro justo ahí donde las derribó. ¿O es que acaso el conflicto ucraniano no es un muro a Berlín? Recordemos que todo comenzó con el Nord Stream 2, que le proporcionaba a Europa y a su industria el precio de los combustibles a menos de la mitad del precio que ahora deben pagar.

La pandemia ha sido un catalizador de este conflicto debido a los estragos que causó en Occidente y el escenario favorable que permitió a China para acelerar su ventaja comercial, ante una recalentada economía estadounidense y europea.

Con el viaje en cuestión ha culminado también esa llamada "ambigüedad estratégica" con la que EE.UU logró, junto a China, cercar lo que se llamaba la Unión Soviética, que terminó cayendo.

Es lógico que Washington rompa este acuerdo con Pekín en torno a Taiwán, que no le sirve para romper la alianza ya no ideológica aunque sí comercial y geopolítica entre Pekín y Moscú, ambos cada vez más cerca desde que se arrecieran las sanciones de EE.UU. contra sus economías.

Entonces, EE.UU. ahora ha decidido rediseñar las relaciones internacionales, avivar viejos conflictos, y redefinir su interacción con países que veía como "potencias menores", que ya no lo son tanto.

En definitiva, Washington patea la mesa geopolítica, no a pesar de las dificultades financieras o comerciales que esto trae, sino justamente a partir de ellas mismas, porque la estabilidad comercial favorece a China, que mantiene un 'sprint' de crecimiento que EE.UU. no puede frenar desde la estabilidad y la "sana competencia" comercial que, bien o mal, ha venido imperando desde comienzos de los noventa.

Este es sin duda un raro "fin de las ideologías". Por un lado, no hay lucha entre sistemas o modelos económicos contrarios, sino entre distintas formas de capitalismo. Pero en paralelo también se van desempolvando los retratos de Chiang Kai-shek y Mao Tse-Tung, lo que recuerda el viejo choque ideológico como si su desenlace definitivo no hubiera tenido lugar.

EE.UU. quiere volver (y vaya que en cierta forma lo está logrando), al esplendor de la guerra fría en la que había cortinas de hierro, dos Chinas y la OTAN acechaba a Rusia.

¿Una jugada defensiva o ofensiva?

Al corto plazo la jugada de Pelosi parece muy ofensiva y riesgosa por la crisis mundial que se ha acelerado desde la llegada del presidente de EEUU, Joe Biden, a la Casa Blanca. Pero, al largo plazo, puede ser vista más bien como defensiva porque su objetivo es bloquear el juego de China ante su acelerado crecimiento, que podría sobrepasar en pocos años a la economía estadounidense.

La apuesta de EE.UU. es frenar ese avance antes de que tenga efecto el aumento considerable en presupuesto militar de China, que se disparó como respuesta al conflicto ucraniano.

Este es sin duda un raro "fin de las ideologías". Por un lado, no hay lucha entre sistemas o modelos económicos contrarios, sino entre distintas formas de capitalismo.

El teatro de operaciones que emerge a partir de la visita de Pelosi es fundamentalmente marítimo. China es un país que puede ser cercado por sus costas, debido a que está rodeada por islas que son enemigas o potenciales enemigas. Además, su comercio depende mucho del estrecho de Malaca (paso comercial más transitado del mundo).

La reciente Alianza estratégica militar entre Australia, Reino Unido y EE.UU. (Aukus), establecida el año pasado, ya había marcado una nueva cancha, incorporando al primero como país activo en la contienda actual que, con la anunciada fabricación de una flota de submarinos de propulsión nuclear, puede intervenir en el nuevo teatro de operaciones que se expande a todo el Indo-pacífico y especialmente en torno a las rutas comerciales chinas.

Ahora, comenzaremos a ver la postura de los países que hacen parte de la "Ruta de la Seda 2.0", diseñada por Pekín, y la reacción de Europa, que cada vez funge como aliada automática de EE.UU. pero cuya crisis económica no aguanta más conflictos comerciales.
 
Pelosi, a la caza de votos

Al evento debe darse también una lectura relacionada con los intereses internos (político-electorales) que ha sabido explotar bien Pelosi con su arribo a Taipei. Pensamos, sobre todo, en las elecciones de medio término.

Erigirse como la "vanguardia antichina" roba votos al expresidente Donald Trump (en campaña) y a los republicanos, que han lucido divididos a la hora de calificar el viaje.

Pelosi toma la iniciativa política y le da a los demócratas un "oxígeno nacionalista", que posiblemente le permita cosechar votos en noviembre.

La estrategia de China

A China no le interesa un conflicto en sus fronteras. Tampoco le conviene intensificar la guerra comercial con EE.UU. ni mucho menos atizar ahora un conflicto con Taiwán.

Como se dice en el dominó: "quien va ganando la partida, no tranca el juego".

Pero China va a tener que actuar y como no se puede permitir una guerra en sus mares y estrechos, va a tener que presionar financieramente a Taiwán. Sería muy sabio de su parte si se inhibe de caer en la provocación, pero tampoco puede mostrar una debilidad que termine de aupar una reconsideración de Occidente sobre Taipei, cuyo gobierno es apenas reconocido ahora por un puñado de pequeños países y por ninguna potencia mundial.

Pekín se encuentra en una encrucijada, no debe alterar la estabilidad comercial que le da tantos dividendos, pero ello tampoco puede llevarlo a ser permisivo con la intención de EE.UU. de cambiar el estatus actual de Taiwán, porque su próximo paso puede ser aun más atrevido.

China es conocida por su sabiduría y paciencia, que ahora más que nunca tendrá que aplicar.

Ociel Alí López es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

domingo, 28 de mayo de 2017

FALLECE BRZEZINSKI PIEZA CLAVE DEL GLOBALISMO JUNTO A KISSINGER Y ROCKEFELLER

El exconsejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos Zbigniew Brzezinski ha fallecido a los 89 años.

El político polaco-estadounidense falleció la noche del viernes en el hospital de Inova Fairfax, en el estado de Virginia.

Brzezinski sirvió como consejero de Seguridad Nacional del expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter (1977-1981) y posteriormente siguió teniendo influencia en asuntos de política exterior.

También fue miembro de la Comisión de Guerra Química del expresidente Ronald Reagan y desempeñó otros cargos en la Administración hasta 1989.



Brzezinski es especialmente conocido por sus vínculos con entidades globalistas y elitistas como la Comisión Trilateral, o el Consejo de Relaciones Exteriores, en los que colaboró estrechamente con otros famosos elitistas como David Rockefeller o Henry Kissinger, personajes que según algunos círculos, han estado décadas dando forma al Nuevo Orden Mundial.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20170527/422977155051/muere-zbigniew-brzezinski.html

miércoles, 15 de marzo de 2017

La Globalización no existió, fue un timo del Pentágono



Sobre la globalización de plano debemos decir que no existió. Repito una vez más, no hubo globalización alguna.

La globalización del que tanta gala hizo el pentágono no fue otra que una de las tantas políticas que desarrollaba Estados Unidos en aquellos tiempos para imponer su poderío. En todo caso si se quería acentuar aquel periodo, no debió ser en la globalización, sino, en el neoliberalismo, pues, la mundialización era un proceso constante desde los años finales del siglo pasado cuando el sistema capitalista había pasado a su segunda fase, la fase imperialista. Por lo demás, es absolutamente ignaro sostener que la mundialización del sistema capitalista habría empezado recién en aquellos años (setenta y ochenta del siglo pasado). Eso es falso.

Recuerdo que en aquellos años la charlatanería sobre la globalización era monumental. Todo era globalización. Tal como ahora mismo lo hacen con las bandas paramilitares y las células durmientes fascistas del pentágono. No se decía nada del neoliberalismo. Estaba prohibido. A los que lo hacían los acusaban de terrorismo. Cuántos académicos fueron expulsados de las universidades por haberse atrevido a desentrañar lo que era la globalización. Incluso las universidades fueron tomadas por asalto por el neoliberalismo. Era un periodo de feroz dictadura ideológica.

El neoliberalismo era lo central para el grupo de poder de Washington, sobre todo, le servía para amortiguar el periodo del ciclo económico largo de contracción y crisis al que había ingresado el sistema capitalista en aquellos años (1973). Como sabemos aquella pérfida política económica exigía a los países la apertura de sus fronteras a fin de que los pulpos estadounidenses succionaran sin control ni límite sus recursos naturales vía las privatizaciones o simplemente por latrocinios descarados. A la imposición de esta criminal política servía la globalización de soporte ideológico. Por ello la tremenda charlatanería. Obviamente no era por gusto.

En esto debemos recordar que el aspecto ideológico tiene enorme importancia en el quehacer y proceder del hombre. Incita o paraliza su ímpetu. Allí estriba precisamente su importancia. Lenin al analizar la revolución y la construcción socialista en Rusia, aún a inicios del siglo XX, partía de la siguiente premisa: “sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria”. Y Goebbels en plena ofensiva fascista hitleriana señalaba: “miente, miente que algo queda”. El grupo de poder de Washington fue consciente del significado de estos elementales principios.

I.- ¿CÓMO CONCIBIÓ EL PENTAGONO SU GLOBALIZACION?

Veamos en que consistió aquella espuria globalización. Se hablaba con gran estridencia sobre ella. Todo era globalización por aquí y globalización por allá. Individuos comunes y corrientes, estudiosos y académicos, empresarios y gerentes, “políticos” de derecha e izquierda, autoridades gubernamentales, hasta líderes sindicales peroraban sin cesar sobre la “globalización” las 24 horas de los 365 días que tenía el año.

Eran los tiempos en que el mundo estaba maravillado de los avances tecnológicos. Aparentemente el panorama internacional mostraba el dominio de nuevas tecnologías, particularmente, por los sistemas de comunicación, cuyos programas se modernizaban, uno tras otro, en forma imparable, que hacían decir, a algunos: “la informática desplaza al hombre”, a otros, “ingresamos a la sociedad robótica” y, a una gran mayoría, “la globalización tiene plena legitimidad”, esto es, tal vez, porque supuestamente habrían encontrado ciertas coherencias en el enfoque, por ejemplo, de “La Sociedad Post Capitalista” de Peter F. Drucker, “ La Tercera Ola” de Alvin Toffler, “El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre” de Francis Fukuyama, y “El choque de civilizaciones” de Samuel P. Huntington, que en el fondo, no eran sino, sólo coherencias reaccionarias que marchaban a cien por hora en medio de grandes campañas publicitarias, o, más bien, en medio de grandes ofensivas ideológicas desatadas con furor desde aquellos años hasta el 2010 aproximadamente.

Sin embargo, es perentorio aclarar aquí, que la razón última de aquellos avances tecnológicos no había sido porque así lo desearan las ambiciosas burguesías financieras, sino, había provenido del desarrollo de las fuerzas productivas que a lo largo de la historia habían sido constantes y en cuya realización fue determinante el esfuerzo de las masas trabajadoras del mundo entero. Asimismo, reconocer que esos grandes avances tecnológicos se daban sin la fuerza suficiente de una auténtica revolución industrial capaz de sacar al sistema capitalista del grave periodo de crisis que vivía desde 1973. No olvidemos que desde inicios de los setenta (1973) estaba abierto el ciclo económico largo de crisis y contracción. La burguesía estaba acostumbrada a llevar hasta el paroxismo el logro de este proceso, como si fuera una auténtica revolución industrial, sin tener en cuenta sus propias limitaciones, pues, debemos saber, que a pesar de estos grandes avances tecnológicos, seguían constreñidas buen número de fuerzas productivas, simplemente porque chocaban con los intereses de las burguesías financieras, sobre todo, estadounidenses.

En efecto, las ciencias habían dado enormes pasos y sus resultados, indudablemente, debieron haber incidido en el mejoramiento de la vida de los seres humanos, pero no fue así, buen número de enfermedades vencidas por ésta hace muchísimas décadas, estaban volviendo a rebrotar con fuerza y se están convirtiendo en terribles flagelos en amplias regiones pobres del planeta. Sin embargo la burguesía había convenido en llamar a este periodo como la “gran era de la globalización”, cuando en el fondo era sólo una ofensiva del capital que se realiza sin respeto a las más mínimas reglas de supervivencia de los seres humanos, donde el dominio de los monopolios a escala mundial era sin precedentes en la historia del sistema capitalista, haciendo que aquellos momentos se caracterizaran, en lo fundamental, por presentar graves procesos de fraccionamiento de las estructuras internacionales, profundas grietas entre países imperialistas y países pobres, duros rechazos de los pueblos contra las execrables consecuencias de este proceso y, en el que, ciertamente, la llamada “globalización” terminaba siendo sólo como una simple coartada imperialista entretejida para confundir a los pueblos.

Así, de una u otra forma, la década del setenta del siglo XX se había convertido en un punto de referencia muy importante en cualquier análisis que se efectué de la situación actual de la economía mundial, pues, señala con precisión el momento exacto en que se produce el paso que efectúa el sistema capitalista a su ciclo económico largo de estancamiento y crisis. Los hechos posteriores, particularmente, los ocurridos a partir de los años ochenta, acentuaron éste proceso, esto es, aun habiéndose iniciado en ese mismo periodo ese proceso de avances tecnológicos antes referidos.

Pero el punto más bajo al que había llegado finalmente la zigzagueante economía rusa, es decir, su catástrofe económica producida en 1991, dio la oportunidad a la gran burguesía financiera estadounidense a ingresar a un breve periodo de expansión y crecimiento y al que inmediatamente la denominó como la “Nueva Economía” inmerso en ésta misma coyuntura y circunscrito en las innovaciones tecnológicas que se desarrollaban en ese momento, pero, desarrolladas sólo desde la perspectiva de la guerra (se produce entre 1991 a 1997, un cierto incremento en el PBI de las principales economías imperialistas de aquellos tiempos: Estados Unidos, Unión Europea y el Japón).

II.- NEOLIBERALISMO COMO POLÍTICA IMPERIALISTA DE SAQUEO Y DEPREDACIÓN DEL MUNDO.

El liberalismo (libre cambio y libre competencia) correspondió a la época pre-monopolista del sistema capitalista. Se desarrolló en la época revolucionaria de la burguesía cuando no existían en el mundo ni monopolios ni transnacionales, es decir, cuando la burguesía se desarrollaba sin trabas ni prohibiciones de ninguna clase.

Pero el sistema capitalista no se estancó en ese periodo, prosiguió su curso, y, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX desembocó en lo que hoy llamamos los monopolios. Observar ese proceso es muy importante para desentrañar esta ofensiva.

En primer lugar debemos decir que este periodo significó la ascensión del sistema capitalista a su etapa más alta y el inicio de la agudización de sus contradicciones. Entre sus consecuencias podemos observar por ejemplo, las dos guerras mundiales ocurridas en el siglo pasado, las mismas que aparecieron de la agudización de las contradicciones interburguesas. En el plano de la economía, la burguesía financiera empezó a marchar de acuerdo a la especulación y la usura. Lo financiero no significaba otra cosa sino especulación y usura. Por eso cuando se habla de la burguesía financiera siempre debe tenerse en cuenta esta situación, en la medida en que a partir de esos momentos inevitablemente pasaba a sostenerse en los capitales especulativos y ficticios desarrollados al influjo de las leyes de producción capitalista y que con el correr de los años inevitablemente se iba poner por encima de la economía real. Entonces la burguesía financiera había empezado a distorsionar su propio sistema. Esto fue agudizado en extremo en la década del setenta, particularmente, cuando el gobierno estadounidense hizo colapsar el patrón oro negándose a seguir pagando con ese metal precioso a los portadores de su moneda: el dólar. En ese momento el sistema capitalista ingresaba a un ciclo económico largo de crisis que hasta hoy avanza. El oro había empezado a escasear y los países portadores del dólar empezaban a sentirse temerosos por el colapso futuro de esta moneda. Entonces la gran burguesía financiera estadounidense se vio obligada a tranzar con los países productores de petróleo (OPEP) en el sentido de que éstos efectúen sus transacciones internaciones sólo con moneda estadounidense, imponiendo así, en los hechos, la continuidad del dólar como moneda de reserva internacional pero sobre la base del petróleo.

En este marco se concretó esta ofensiva. En efecto, las llamadas “Aperturas Comerciales” a las que se convocaron con desesperación, no fueron otra cosa, sino, claras muestras de intromisión e injerencia en los asuntos internos de los países pobres. La llamada “promoción a la inversión extranjera”, no significaba otra cosa, sino, un llamado al saqueo de los recursos naturales de estos países convertidos, gracias a esta política, en países exportadores de materias primas (agricultura y minería).

Asimismo las llamadas “Reformas Fiscales” que desarrollaron a lo largo de estas últimas décadas al influjo de esta ofensiva sólo han perseguido un objetivo: incrementar los impuestos directos e indirectos. A ello se sumaba una constante política hostil y anti-laboral desatada contra el proletariado, dirigido fundamentalmente, contra sus sueldos y salarios y, haciendo con ello, que estas fueran abismalmente menores a los que se percibían en las metrópolis imperialistas. El asunto era que con esas maniobras se pretendía frenar el galopante déficit fiscal y comercial desatado, particularmente, en los Estados Unidos de Norteamérica.

La llamada “Economía Social de Mercado”, es también un sofisma entretejido por los ideólogos de la burguesía imaginada con mayor perspicacia en esta misma coyuntura. Es un concepto rimbombante que no explica en serio la función de los mercados aunque para sus mentores haya sido determinante, por ejemplo, en el resurgimiento alemán. Por supuesto, esto es, sin tener en cuenta las grandiosas cantidades de capitales que se depositaron en este país para competir con el sistema socialista de entonces.

Los bancos monopólicos como el Banco Mundial (BM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), etc., además, del Fondo Monetario Internacional (FMI), también cumplieron su papel en esta ofensiva. Fueron verdaderos instrumentos de opresión imperialista. El uso del chantaje contra los países que enarbolaban cierta independencia y que no aceptaban estas ofensivas, era frecuente en el accionar de estas “dadivosas” organizaciones. El “Club de Paris”, el “Consenso de Washington” y otros, tenían esa misma función: instrumentos de colusión y chantaje contra los países que pugnaban por su independencia. Hoy, a no dudarlo, siguen esa misma orientación, aunque ostensiblemente disminuidos tras la profunda crisis en la que han entrado el conjunto del sistema imperialista, sobre todo, después el insuperable déficit comercial y cuenta corriente estadounidense.

En efecto, el “neoliberalismo” visto así, además de incitar al saqueo de los recursos naturales de estos países, también llamaba a controlar sus empresas de servicios (luz, agua, teléfono, etc.), los mismos que ocurren al influjo de descaradas políticas entreguistas, subvaluaciones, políticas mafiosas y latrocinios, llamados en su oportunidad como procesos de privatización.

Entonces lo que existió no es una política de libre cambio y libre competencia, como afirma con descaro la gran burguesía financiera estadounidense, por ejemplo en el tratamiento de los llamados TLC, sino, sólo una abierta política de protección de las inversiones estadounidenses en todas estas regiones. Esa es definitivamente la consigna principal de esta burguesía al exigir la apertura de fronteras de los países, principalmente, pobre. No es de ningún modo un proceso orientado a su industrialización. No. Más, es una gran ofensiva imperialista desatada como respuesta a su ciclo económico de crisis iniciada en el año 1973 y orientada, aún con mayor fuerza, tras una nueva situación internacional ocurrida después de la debacle de las ex URSS, pero, siempre inmerso en ese ciclo económico de crisis, aunque en cierta forma, al influjo de los nuevos hitos que en materia tecnológica se producían en esa misma coyuntura.

III.- GLOBALIZACIÓN COMO OFENSIVA IDEOLÓGICA IMPERIALISTA.

La ideología es muy importante en el manejo de cualquier Estado. Todas las clases dominantes en todas las sociedades clasistas la han usado puntualmente en el manejo de sus Estados. Esto para la burguesía financiera es doblemente importante, particularmente, en éste periodo de profundas contradicciones en que está sumido y en el que además su ideario está prácticamente agotado. En realidad el concepto globalización es un concepto más ideológico que cualquier otra cosa. Pero veamos por qué es así: en primer lugar la burguesía al enfocar la situación actual del mundo sólo ve una parte y no el todo. Hace gran estridencia sobre la rapidez y a escala mundial de las comunicaciones, endiosa al máximo el Internet y ya no cabe en si por la rapidez de los asuntos financieros. Eso es para la burguesía globalización. Indudablemente, ello es cierto, aun teniendo en cuenta sus limitaciones y las utilidades casi exclusivas para los intereses de la burguesía. Pero esto es sólo una parte, y más aún, lo superficial del asunto. Si observamos la parte esencial, es decir, las estructuras internas, políticas y económicas que envuelven el mundo, en ella encontraremos profundas diferenciaciones en cada uno de los países, particularmente, en el grado de sus desarrollos, es decir, aquellas existentes entre los propios países imperialistas (industrializados o metrópolis) y las que hay entre éstos y los países coloniales y semicoloniales (semifeudales y agro minero exportadores). Esto justamente proviene del desarrollo desigual del capitalismo. Históricamente este proceso ha sido muy duro, particularmente, tras su ascensión a su fase imperialista. Sus implicancias en las relaciones internacionales hoy están agudizadas en extremo. Por lo tanto las estructuras que sobre ellas se levantaron, han sido, estructuras de dominio, de opresión y explotación, que hacen que los países industrializados tengan cada vez más industrias y los países agro minero exportadores acentúen cada vez más esta condición. Ciertamente los procesos de descapitalización (saqueo imperialista) llevados adelante en estos países pobres son realmente monstruosos que han conducido a procesos dramáticos de empobrecimiento a sus pueblos. Esto es lo que la burguesía financiera pretende encubrir. Tapar lo objetivo con lo ideológico, esa es su meta suprema. Por eso se dice que la llamada globalización es un concepto ideológico. No es por gusto. Tiene debido sustento. El mundo, entonces, no es sólo comunicaciones, sino además y, fundamentalmente, estructuras económicas y estructuras políticas y por lo tanto su enfoque no solo debe observar a ellas, sino sobre todo, a dichas estructuras.

Y en este contexto la orientación de esta teoría está dirigida fundamentalmente contra el marxismo. Según su lógica, su pobre lógica, el marxismo sería la responsable de tantas turbulencias en el mundo. Por eso le extiende su partida de defunción. Pero el marxismo, aun habiendo ocurrido las regresiones capitalistas en los países socialistas, sigue siendo cada vez más vigente. Las discusiones científicas que se hacen en el campo de las ciencias sociales, hasta ahora no rebatidas por ninguna corriente social, política, económica e ideológica, demuestran que todos los movimientos revolucionarios de la actualidad están impregnados, de una u otra forma, por la influencia marxista. No existen movimientos revolucionarios sin influencia marxista. Todo movimiento revolucionario tiene como doctrina el marxismo de lo contrario no es nada. Por lo tanto la lucha ideológica contra el marxismo es absolutamente importante para la burguesía. De allí precisamente que la globalización se haya confeccionado dirigida fundamentalmente contra esta posición. Si el marxismo plantea el cambio del sistema capitalista, esta teoría sintetiza el rechazo a ella, persigue la perpetuación de su sistema. Si el marxismo llama a las masas a la acción revolucionaria para construir una nueva sociedad la globalización rechaza todo proceso revolucionario, y lucha a muerte contra la construcción de una nueva sociedad al que tiende en forma natural la humanidad. Si el marxismo plantea en sus análisis la existencia de clases y lucha de clases, esta teoría afirma que sólo existen estamentos a las que denomina a, b, c, d, etc. Para ésta teoría contrarrevolucionaria no existe lucha de clases, sino armonía y conciliación de clases. Si el marxismo llama a la construcción del partido comunista que dirija todos los procesos revolucionarios y que deben estar pertrechados con la ideología marxista cabal y completo, la globalización del Pentágono niega esa posibilidad, sólo reconoce partidos membretados, amorfos y sin sentido ideológico, enfureciéndose cuando escucha hablar a alguien de los partidos comunistas. Si el marxismo habla de imperialismo para referirse a la segunda etapa del sistema capitalista y que en consecuencia existen países imperialistas y países coloniales y semicoloniales, la globalización replica con palabras entrecortadas, afirmando que no existe imperialismo y que más bien el mundo se estaría “globalizando”, sin atreverse a abrir sus ojos para ver la profunda crisis y graves contradicciones que azotan el mundo y los fuertes movimientos revolucionarios que se desarrollan en ella. Si el marxismo sustentándose en la historia y en todas las ciencias que estudian los hechos pasados hace una periodización de la historia, en sociedades concretas, ésta teoría contrarrevolucionaria niega esa posibilidad, habla de olas y otras apreciaciones funcional-estructuralistas que no tienen sentido científico. Así, se contrapone abiertamente a la ciencia y la cultura. Es una teoría que denota negación de la ciencia y la cultura. Esa es la base ideológica de esta teoría reaccionaria.

IV.- NEGACIÓN DEL IMPERIALISMO COMO ÚLTIMA FASE DEL SISTEMA CAPITALISTA.

El hombre es un ser esencialmente social. Eso indica, entre otras cosas, que jamás se ha desarrollado individualmente, sino, definitivamente, en medio de grupos, es decir, en sociedades. Esa es una ley científica. Constituye el basamento fundamental de las ciencias sociales en las que precisamente se apoya para visualizar la historia de las sociedades divididas en periodos claros y concretos. La historia del hombre es la historia de las sociedades. Ellas son: comunidad primitiva, esclavista, feudal, capitalista y socialista (esta última aunque tuvo poco tiempo de existencia, bastó para ser considerada como tal.).

Entonces la historia es concreta y real. No es subjetiva ni irreal. Todas estas sociedades existieron. Hoy existe la sociedad capitalista. Pero las corrientes idealistas, en su insano propósito por oponerse a esta objetividad, sostenida por la ciencia, afirman lo contrario, se sujetan en términos de Edades y ellas serían: antigua, media, moderna, contemporánea y probablemente más adelante super-moderna o super-contemporánea. Si observamos con detenimiento esta división efectuada por las corrientes idealistas, veremos, que no explican lo concreto que fueron estas sociedades a lo largo de la historia. Observar la historia solo desde esta perspectiva, como una sucesión de individuos y como si fuera una sumatoria mecánica de hechos, es absolutamente estéril y superficial que no consigue ingresar a la causa y origen de los cambios y transformaciones ocurridos en el mundo.

La economía política marxista, considerada como una disciplina científica que observa el devenir histórico fundamentalmente desde una visión socio-económica, enseña que debemos dar importancia debida a la actividad productiva. Se debe tener en cuenta que la actividad productiva es la principal práctica del hombre. Todos los cambios ocurridos en la historia provienen siempre desde esta actividad. Justamente de ahí parte su gran importancia en el análisis histórico.

Por eso es necesario el análisis y estudio de la sociedad capitalista desde esta perspectiva, máxime si se quiere entender los fenómenos económicos, sociales políticos e ideológicos que entrecruzan esta sociedad. Una fuente muy importante en ese sentido es “El Capital” de Marx, asimismo los trabajos de Lenin referidas al imperialismo y los nuevos aportes efectuados por los nuevos estudiosos surgidos en la presente coyuntura. Es necesario observar sus antecedentes, de cómo surgió y el derrotero que siguió posteriormente. Aquí es importante observar los periodos de las guerras denominadas como “Cruzadas” que bajo el manto religioso se orientaron a las actividades militares aunque teniendo como trasfondo objetivos económicos y políticos. Las revoluciones industriales deben ser observadas como factores determinantes ocurridos en los cambios profundos que se efectuaron y que llevaron luego, a esta, ha encumbrarse como sistema dominante. Esto nos debe conducir a observar las dos fases del sistema capitalista. Ellos son: fase pre-monopolista y fase monopolista.

Es bueno también tener en cuenta que la consolidación del periodo imperialista provino fundamentalmente del enorme desarrollo de las fuerzas productivas, cuya consecuencia inmediata fue la aparición del capital financiero, traspasando así, los periodos de la exportación de mercancías propias de la fase del libre cambio y libre mercado, por el de la exportación de capitales, donde los monopolios empiezan a controlar la economía mundial, desarrollando a partir de ahí, persistentes políticas imperialistas de control y dominio de zonas de influencia, los mismos que se concretaron posteriormente en colonias y semicolonias y, con la cual inmediatamente se exacerbaron las contradicciones interburguesas, pero la contradicción fundamental en la sociedad capitalista siempre ha sido entre el proletariado y la burguesía. La exacerbación de las contradicciones interburguesas dio origen a las dos guerras mundiales que sacudieron a la humanidad, y, el desenlace de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía dio origen a las revoluciones socialistas. Esto no es ninguna invención, menos un cuento, sino una realidad objetiva ocurrida en la vida de los hombres.

Entonces la pregunta que fluye a todo esto es: ¿Qué sostiene la globalización respecto a estos temas? Y la respuesta es la siguiente: se contrapone, trata de negar, de encubrir y finalmente se niega a mencionarla, porque lo contrario implica entre otras cosas análisis de clase, análisis de contradicciones y visualización de cambios revolucionarios, es decir, observación de cambios y transformaciones. La globalización del Pentágono no acepta esto, cierra los ojos y niega toda esa posibilidad y se traslada a un mundo estático, inerte y muerto donde lógicamente no se aceptan interrogantes ni observaciones, es reticente a aceptar movimiento alguno, suplanta la vida y los cambios con lo agónico y la descomposición del sistema capitalista, negando sus contradicciones y negándose además a observar la profunda crisis económica en que está envuelto. No acepta las atrocidades de las fuerzas armadas imperialistas contra los pueblos, niega las crueles dictaduras en las cuales se apoyan, se resiste a aceptar los oscuros organigramas políticos, jurídicos y militares que sostienen a los estados capitalistas y se atreve a rechazar el ejercicio pleno de los derechos humanos en la vida de las naciones civilizadas. Se niega a observar el gran movimiento de los aparatos estatales capitalistas que cumplen tareas específicas y concretas, sólo atinan a afirmar que son aparatos estáticos y sin movimiento, alcanzando a decir, que son “benefactores de la sociedad”.

Así, la globalización observa a las transnacionales no como entes monopólicos que frenan el desarrollo de los países coloniales y semicoloniales, tal como efectivamente son, sino, sólo como “corporaciones” sin sello de clase que aparentemente llevarían “progreso y bienestar” a los pueblos. Según esta concepción, no existiría imperialismo, sino, sólo “corporaciones vencedoras del comunismo”. Todo ello tras un análisis subjetivo y vacío. La carrera armamentista es aplaudida y señalada como un gran logro de sus democracias y, más aún, como una muestra de modernidad, esto es, sin tener en cuenta las terribles atrocidades cometidas contra los pueblos en nombre de esos grandes logros. Por último debemos saber que la razón del atraso y empobrecimiento de los países pobres es precisamente por la escandalosa intromisión de los países imperialistas en sus asuntos internos, amparados en el enorme desarrollo de sus economías y en las poderosas armas que se producen en el fragor de esta carrera armamentista. La globalización como una teoría defensora del sistema capitalista apunta contra el pensamiento marxista a la cual considera su enemiga mortal. Se desespera por los movimientos revolucionarios que se dan en el mundo y se apresura en llamarla como “movimientos terroristas”.

Al ejercicio del monopolio en el uso y control de los principales adelantos científicos y tecnológicos se le llama como un “derecho inalienable” de la gran burguesía financiera para preservar su “sistema democrático” y en razón de ello, dan verdaderos gritos de hienas heridas cuando algunos países, independientemente de sus administraciones, deciden con todo derecho, por supuesto, a construir armas que le posibiliten la defensa de sus soberanías tal como es por ejemplo el caso norcoreano e iraní.

El neoliberalismo como una teoría anti-científica construido sobre la base de argucias, incluso pisoteando elementales axiomas económicos, se atreve afirmar que hay competencia, libre cambio y libre mercado, cuando en el mundo los mercados son controlados matemáticamente por los monopolios. De allí que algunos intelectuales ilusos afirmen que supuestamente en la actualidad se estaría viviendo un proceso revolucionario muy profundo llevada adelante por la gran burguesía financiera estadounidense. Su estrechez mental no los permite observar que todo este proceso, en sí, encierra un auténtico retroceso de corte netamente contrarrevolucionario.

El concepto de “neo imperialismo” esbozado por los teóricos de la burguesía en las décadas del sesenta y setenta del siglo XX, hoy simplemente está sepultado, enterrado bajo una montaña de rocas. Cumplió su papel en ese momento. La burguesía ha abjurado completamente del término imperialismo. Sus teóricos se niegan a referirse a ella. Para ellos sencillamente este concepto ha desaparecido. Sienten temor por el rotundo rechazo que éstas generaron en el pasado. Pues, aún están frescas las derrotas en Vietnam y Corea. Por eso ahora sólo prefieren hablar de “globalización” y “globalización” para no referirse al concepto científico de imperialismo que en las actuales condiciones implica hablar de la mundialización de los monopolios e internacionalización de los capitales. Prefieren callar y no decir nada y, en esas condiciones, el término “globalización” significa indudablemente un concepto ideológico esbozado por esta burguesía para negar el concepto de imperialismo.

La meta final de la elucubración burguesa es hacer creer que el capitalismo es eterno. Eso es precisamente lo que busca con su sofisma llamado “globalización”. Según esta teoría el capitalismo no tendría fin, pues supuestamente, la humanidad habría ingresado a una etapa en que los cambios se habrían terminado y por eso mismo el concepto de “fin de ideologías” tendría validez plena.

Sin embargo este es un periodo de grandes transformaciones. No hay duda al respecto. Se observan grandes hitos en las tecnologías y sobre ella la aparición de nuevos conocimientos. Pero la gran burguesía financiera tiene gigantescas limitaciones imposibles de superar que lo incapacita definitivamente concretar esos enormes cambios en una auténtica revolución industrial. Por lo tanto la realización de ese proceso será tarea única y exclusivamente del proletariado que como clase revolucionaria despejará todas las trabas colocadas al libre desarrollo de las fuerzas productivas. En consecuencia la meta final de la burguesía financiera es la defensa del sistema capitalista en descomposición, que lo obliga desarrollar con desesperación las tecnologías, particularmente, aquellas vinculadas a la fabricación de armas y pertrechos de guerra, todo esto, en medio de una desesperada carrera armamentista empujada por sus propias necesidades y sus propios intereses. La interconexión de los países a través del comercio, las comunicaciones rápidas y eficaces, la fabricación de modernas armas de guerra, el uso del Internet y otros instrumentos de última generación, que serían signos de “modernidad”, en el fondo no conducen a una revolución industrial menos despejan la incapacidad que tiene la burguesía respecto al futuro.

V.- ENCUBRIMIENTO DE LA ACTUAL FEROZ DICTADURA DE CLASE EJERCIDA POR LA GRAN BURGUESIA FINANCIERA ESTADOUNIDENSE CONTRA LOS PUEBLOS DEL MUNDO.

Este tema está en íntima relación con las clases sociales y consecuentemente con la lucha de clases que se dan en el mundo. La lucha de clases ha conducido, más o menos, desde a mediados del siglo pasado a profundos cambios en la estructura de clases, fundamentalmente, al interior de la burguesía financiera. En efecto, después de la Segunda Guerra Mundial la burguesía financiera estadounidense empieza a imponerse al resto de burguesías financieras y, a partir de la década del cincuenta del siglo XX, se convierte en una gran burguesía financiera.

Partimos señalando estos hechos, porque ello nos permite observar el gran poder alcanzado por esta burguesía como clase hegemónica y la enorme trascendencia que a partir de esos momentos tuvieron sus decisiones en los destinos del mundo hasta el año 2010 en que implosiona aquel poder.

Los grandes monopolios imperialistas que controlan los mercados internacionales tienen la virtud de haber agudizado las contradicciones existentes entre el desarrollo constante y permanente de las fuerzas productivas y las desiguales e injustas relaciones de producción habidas en ellas, haciendo que el sistema capitalista ingrese a un proceso acelerado de descomposición y sumiendo a sus burguesías en clases parasitarias. Esto ha conducido a dos consecuencias inmediatas: primero, al endurecimiento de las posiciones más recalcitrantes de las burguesías financieras y consecuentemente a la agudización de las contradicciones interburguesas. Y segundo, también a la agudización, en este caso, de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, haciendo que los enfrentamientos entre clases sean cada vez más violentos y enconados. El carácter usurero de la burguesía financiera proviene precisamente de ese proceso de agudización de sus contradicciones ocurridas en su fase imperialista. Su tendencia al rechazo del libre desarrollo de las fuerzas productivas lo ha conducido a profundas crisis económicas que a su vez lo lleva a nuevas ofensivas para superar dicha situación. Aquí es bueno aclarar, que existe al interior de las burguesías financieras una clarísima predisposición, convertida incluso en tendencia, al rechazo del desarrollo de las fuerzas productivas. El mismo proceso de desarrollo tecnológico no es de ningún modo una auténtica revolución tecnológica sino un proceso muy importante, a no dudarlo, pero sumamente limitado y llevada adelante de acuerdo a sus propios intereses.

En efecto, si bien es cierto que a partir de la década del ochenta del siglo XX se inicia un gran proceso de desarrollo en las tecnologías, es bueno también agregar, que éste desarrollo es incompleto, parcial, e insuficiente, pues indudablemente, hay en el mundo, un buen número de fuerzas productivas retenidas y constreñidas. Existen avances científicos y tecnológicos muy importantes retenidos por los monopolios que no permiten su aplicación en la producción. Prima en ellos los intereses de la burguesía que opta por avances tecnológicos sólo en los sectores que más le conviene (telecomunicaciones, biotecnología, genética, etc.), todas vinculadas al aspecto militar.

Por otra parte es bueno recalcar que la gran burguesía financiera estadounidense es concreta y real y no sólo se refiere a Bill Gates, Warren Buffet (tal como interesadamente podrían decir la revista Forbes, el periódico Financial Times y toda la prensa occidental controlada por las agencias trasnacionales de las información) o los de viejo cuño como fueron en su oportunidad los Ford y los Rockefeller, sino a una clase mucho más compleja, mínima y extremadamente poderosa, pero sobre todo organizada en un gran poder, preocupada en estos últimos tiempos en cómo controlar el mundo de mejor forma y, además, en desarrollar modernísimas industrias (al fin y al cabo industrias. Ojo: ¡industrias!), dedicadas a la fabricación de armamentos y equipos de guerra (terrestres, navales y espaciales), equipos de comunicación, etc., todos al influjo de su desesperado y ambicioso plan del “nuevo siglo norteamericano”. Entonces, ésta es una gran burguesía financiera que maneja ingentes cantidades de capitales vía el FMI, BM, BID y otros, además, de los organismos internacionales como la ONU, OEA, OTAN, etc., a las que se obvia en el análisis de los teóricos de la burguesía. Estos, no sólo se niegan hablar de estos temas bajo el burdo pretexto de considerarlos secretos de Estado, sino también, del gran poderío que tiene esta clase y los siniestros objetivos que persigue a nivel mundial. Se niegan a considerarlos como clases sociales y no aceptan que estén en permanente confrontación. Sin embargo los hechos son absolutamente claros que muestran el por qué son grupos monopólicos y por qué las relaciones internacionales se basan en criterios de absoluta desigualdad. Lo concreto es que existen países imperialistas y países coloniales y semicoloniales, donde en los primeros se observa, gran desarrollo industrial y, en los segundos, sólo extracción de materias primas y una constante descapitalización de sus economías que los postran en la pobreza. Obviamente las relaciones que se levantan sobre esa base son relaciones absolutamente injustas y en provecho de los países imperialistas.

Existen hoy sorprendentes campañas publicitarias monitoreadas desde las agencias monopólicas de la información, santificando los horrores de la opresión capitalista y despotricando las justas protestas de los pueblos del mundo entero. En el terreno de los hechos, particularmente, en la vía militar, después de haberse inmiscuido en los asuntos internos de los países ex socialistas, violando flagrantemente su independencia e integridad territorial han procedido, al mismo estilo nazi, bombardear objetivos civiles incluyendo logros que en el pasado obtuviera el sistema socialista, para luego hacer creer al mundo, de supuestas inconsistencias de este sistema, tal como efectivamente procedieron con las bombas de la OTAN dirigidas por ejemplo contra la grandiosa factoría de Zastava en Yugoslavia, además de otras acciones similares en otros países de la misma región (Ucrania, Libia, Siria, etc.) invadidas violentamente por las hordas fascistas, desmembrando sus territorios e intimidando a sus pueblos con supuestas “prácticas conjuntas” de sus fuerzas navales en aguas territoriales y soberanas de estos países. Intimidaciones similares efectuadas en otras regiones son varias, particularmente, las realizadas contra la RPDC, los países del África, Medio Oriente y Amerita Latina. Sus aparatos de información, instalados con teleobjetivos precisos (recolección de datos y ubicación de posiciones estratégicas) que vienen desde sus satélites espías desarrolladas al influjo de la guerra electrónica en que están enfrascadas las principales burguesías, trabajan absolutamente las 24 horas del día.

Sobre los Estados de los países coloniales y semicoloniales se levantan auténticas dictaduras fascistas envueltas en infinitas corrupciones. Controladas por criminales mafias alimentadas por el propio Pentágono. Cabeza de esas dictaduras fascistas son sus testaferros, politiqueros y agentes que cumplen sus órdenes a pie juntillas. La gran burguesía financiera se llena la boca con frases como “defensa de la democracia”, pero en los hechos actúa contra ella, por ejemplo, Cuba está bloqueada más de 40 años, han realizado invasiones genocidas contra Afganistán e Irak y existen en el mundo actual numerosas confrontaciones armadas.

Las publicitadísimas campañas de “donaciones” y otras migajas enviadas desde las metrópolis imperialistas hasta los países coloniales y semicoloniales, son en realidad, verdaderas mascaradas seudo-democráticas para encubrir sus escandalosos latrocinios en estos países (exigencia de cero aranceles para sus productos que invaden los mercados de estos países, imposición de TLC sin discusiones y todas en provecho de sus burguesías, saqueo de los recursos naturales sin ningún tipo de restricciones, exigencia de zonas francas, etc.). En los hechos tales “magnanimidades” se convierten automáticamente en poderosos instrumentos de penetración imperialista que abren camino a los capitales usurarios y especulativos que de antemano vienen arregladas con las mismas empresas ejecutoras de uno u otro proyectillo y que en los hechos constituyen auténticos instrumentos de sometimiento a la férula imperialista.

Uno de los grandes objetivos de esta teoría fue precisamente encubrir esta inicua situación que genera el lastre imperialista. Se convierte prácticamente en una tapadera de la feroz dictadura burguesa ejercida contra los pueblos del mundo entero.

VI.- SI SE TRATABA DE ACENTUAR AQUELLO DEBIO INCIDIRSE, NO EN GLOBALIZACION, SINO EN LA MUNDIALIZACION DE LOS MONOPOLIOS, QUE ERA LA CATEGORIA MÁS CORRECTO

Sin embargo esto merece una explicación. Para empezar debemos recordar que históricamente el capitalismo significó la ruptura con el régimen autárquico del sistema feudal. Desde un principio el capitalismo se impuso rompiendo los mercados nacionales, haciéndose cada vez más internacional. Esto fue aún más claro cuando pasó a su segunda fase, la fase imperialista, allá a finales del siglo XIX. Este proceso a partir de los años cincuenta del siglo pasado se hizo aún más latente. Por supuesto en los años ochenta, treinta años después, cuando el Pentágono inicio su ofensiva anticomunista con la imposición del neoliberalismo bajo soporte ideológico de la globalización, en una coyuntura muy propicia para esto (impulso de nuevas tecnologías como el internet, cuestión que ahora no existe) y acuño el concepto de globalización, existía un gran proceso de mundialización en el mundo, pero, era una mundialización de los monopolios e internacionalización de los capitales. Esto continúo después sin pausa alguna. Ojo con esto. Es esto lo que el Pentágono pretendía esconder de mil formas, porque sus teorías descansaban en concepciones anticientíficas de hace 600 y 700 años y que luego a través de sus monopolios de la información y sus apologistas, apabullaron la conciencia de los hombres. Consecuentemente los ensanchamientos y las mundializaciones han sido procesos constantes y obligatorios en el proceso de acumulación capitalista.

Entonces lo que hizo el Pentágono fue tergiversar aquel proceso de continua mundialización del sistema capitalista, como si este recién estaría mundializándose en aquellos años (70 del siglo pasado) y que las podían detener en cualquier momento por Decreto Ley, tal como pretende hacer ahora Donald Trump en los Estados Unidos. Sus prensas empiezan a gritar: fin de la globalización. Sus apologistas no se quedan atrás y también empiezan a escribir: fin de la globalización. Realmente una verdadera estafa y timo de lo más descarado que cualquier cachimbo podía entenderlo mejor.

Por supuesto aquellos cumplieron con su cometido y envenenaron la conciencia de los hombres con consecuencias muy graves para sus luchas, engatusaron a ingenuos académicos, Incluso las universidades fueron tomadas por asalto.

Consiguientemente la globalización del Pentágono no fue, sino, una política más, como cualquiera, que imponía el grupo de poder de Washington, ejemplo, el macarthismo (Joseph McCarthy) de los años cincuenta (50-56) del siglo pasado, su ofensiva sobre el este del planeta a partir del 11 de septiembre de 2001, etc.

Y aun así algunos hasta ahora no han terminado en advertir semejante timo y siguen con sus griteríos de: globalización, globalización. Es lamentable.

Por la magnitud de los hechos, en realidad, es un escándalo de proporciones mundiales. Hay que ser claros en esto. No podemos seguir permitiendo que se siga con este timo. Ya cubrió sombrías décadas (desde los años setenta del siglo pasado) de oscurantismo y postración a teorías de hace 600 y 700 años, que hay que combatirlos.

Consecuentemente lo que hubo y hay en la actualidad es la mundialización de los monopolios y la internacionalización de los capitales, como parte de la ley de los monopolios, una ley importante de la segunda fase del sistema capitalista emergida a finales del siglo XIX, estudiada y analizada a profundidad por Lenin en 1917 en su inmortal obra: “Imperialismo fase superior del capitalismo”. Una ley económica que pertenece a lo más profundo de la economía, que en la actualidad está muy agolpada.

Finalmente la mundialización de los monopolios y la internacionalización de los capitales nos dan luces de lo innecesario y superfluo que es hablar de la globalización impuesto por el Pentágono.

Escrito por Enrique Muñoz Gamarra

sábado, 11 de febrero de 2017

Se acaba el Globalismo pero no el libre comercio


Uno de los objetivos de Trump para eliminar los acuerdos globales de libre comercio es debilitar las economías de las potencias emergentes, básicamente busca deshacer el bloque político-económico conocido como los BRICS.  Los perjudicará porque esos países dependen mucho del comercio internacional.

La economía de los EEUU también depende mucho del comercio internacional, pero no tanto como la de China o la India, es por eso que acabar con el globalismo no les afectará tanto como a sus rivales geoestratégicos, además, su industria es fuerte y pionera en el ramo tecnológico, así que si se cerraran sobre si mismos podrían sobrevivir, aunque no así las grandes empresas globales, pues ellas si se verían enormemente afectadas pudiendo darse con toda probabilidad su colapso, pero EEUU como país podría salir menos quemado que China o sus socios de los BRICS; eso dependerá de si los BRICS saben adaptarse a la nueva realidad, es decir, mantener acuerdos de libre comercio con una gran cantidad de países..

Pero  Trump va arrastrar en su plan de acabar con el globalismo a sus socios militares y comerciales, como los son los países de la unión europea, Japón e Inglaterra; si esos países también derogan los tratados de libre comercio con las naciones del BRICS nuevamente el golpe que recibiría el bloque sería severo, pues la Unión Europea, EEUU, Japón e Inglaterra, ademas de la misma China, son los principales consumidores de productos manufacturados en el mundo.   Es por eso que China desde hace unos años busca fortalecer el mercado interno más que las exportaciones, y esa es una de las razones de su desaceleración económica.

Pero para los que creen que Trump está en contra del comercio internacional, les diré que eso es falso, él está en contra de sus rivales comerciales de los BRICS pero no en contra del comercio internacional, es por eso que en vez de tratados globales de libre comercio está buscando acuerdos bilaterales de libre comercio, es así como ha acordado con Japón, Corea del Sur, Canadá e Inglaterra iniciar negociaciones para alcanzar acuerdos de libre comercio que sustituyan al ya muerto Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, TPP.

Por lo anterior podemos afirmar que el mundo deja el  globalismo pero lo sustituye con acuerdos bilaterales de libre comercio.

jueves, 9 de febrero de 2017

Google y Facebook no permitirán 'un segundo Trump' en Francia



En vísperas de la campaña electoral gala, los gigantes informáticos estadounidenses han decidido introducir un nuevo programa —una especie de 'policía mediática'—. ¿Qué implica esta medida?

Habida cuenta de que los medios estadounidenses trazan frecuentemente paralelismos entre el ganador de los comicios presidenciales en EEUU, Donald Trump, y la candidata a la Presidencia de Francia, Marine Le Pen, Google y Facebook —cuyos creadores han adoptado una posición enérgica contra las iniciativas de Trump— se han convertido en los encargados de vigilar la imparcialidad y verificar la información en los medios franceses.



Se supone que el nuevo programa, nombrado CrossCheck, recibirá el apoyo de algunos medios nacionales del país europeo, entre los cuales "sobresalen Le Monde, Libération, Rue89 y La Voix du Nord, que son oponentes políticos del Frente Nacional" encabezado por Le Pen, advierte Davy Rodríguez, vicedirector de la organización juvenil del partido.

"El hecho de que las corporaciones estadounidenses gocen del apoyo de esos medios intentando desestabilizar la política gala es muy, muy preocupante (…) Creemos que es anormal", declaró Rodríguez en una entrevista a Sputnik.

EEUU es "especialista en la manipulación", lo que se manifestó claramente en su cobertura de "los conflictos en Siria y Ucrania", destaca el activista.

"En cualquier caso, ¿quién se arrogaría el derecho de juzgar qué es verdad permaneciendo a 2.000 kilómetros del lugar donde se producen los acontecimientos? Es un problema grave. Todos sabemos cómo los medios de EEUU o patrocinados por ellos hacen de todo para manipular la información", concluye el político.

La creación de tal 'policía mediática' constituye la antítesis de la libertad de la expresión en el espacio mediático, dado el sesgo político de los creadores de tal herramienta, opina otro representante de la escena política gala, el escritor y diputado del Frente Nacional Gilbert Collard.

"Es indignante que las empresas de internet no solo se arroguen el derecho de actuar como policía sin que tengan los rasgos apropiados para ello, sino también que tengan la posibilidad de propagar información falsa ellos mismos", explicó a Sputnik Collard.

Cabe suponer que los medios, arrinconados por las redes sociales y las nuevas fuentes de información, temen perder su influencia y "se arrogan un poder inquisitorial a fin de presionar a la opinión pública" a favor de un cierto candidato o una cierta opinión. "Es inadmisible", advierte Collard.

jueves, 2 de febrero de 2017

De la Globalización al Nacionalismo



La histeria a nivel mundial, desatada contra las últimas órdenes ejecutivas de Donald Trump y en especial, contra su decisión de construir el muro con México y el decreto migratorio, refleja la desesperación de la clase dominante internacional frente al nacimiento del Nuevo Orden Nacionalista Mundial.



En realidad, este proceso ya fue anunciado el 19 de setiembre de 2013 por el presidente de Rusia Vladimir Putin ante el Foro Internacional de Debate Club Valdai al afirmar que ningún país podría avanzar en su desarrollo "sin una autodeterminación espiritual, cultural y nacional". Putin también remarcó que "podemos ver cómo muchos países euroatlánticos están rechazando sus raíces, cuyos valores cristianos, constituyen la base de la civilización occidental. Ellos están incumpliendo los principios morales y su identidad tradicional: nacional, cultural, religiosa e inclusive sexual… Al mismo tiempo, vemos intentos para lanzar el modelo estándar de un mundo unipolar con falta de definición de las instituciones de derecho internacional y soberanía nacional. Un mundo así unipolar y estandarizado no necesita de los estados soberanos, necesita vasallos".

Aquel discurso del gobernante ruso fue percibido por el establishment neoliberal internacional como una expresión de nostalgia por el pasado que ya había dejado de existir y había quedado solamente en la fantasía de los ultraconservadores o desesperados nacionalistas. En aquel entonces, la clase dominante internacional encerrada en su agenda del dominio mundial no se dio cuenta del nuevo proceso mundial que estaba naciendo. La opinión pública del planeta se estaba revelando contra el único mundo de Clinton y Obama gobernado por el dinero y, donde la democracia se había convertido en una mercancía ordinaria que se podía comprar y vender igual que a sus representantes políticos.
Rusia, según la líder del Partido Alternativa para Alemania, Frauke Petry, "hace 100 años se había convertido en el centro del movimiento revolucionario mundial, y ahora es el ejemplo para las fuerzas nacionalistas de todo el mundo".

Uno de los primeros seguidores de Putin fue Abdel Fattah al Sisi, que en el 2014 ganó las elecciones presidenciales en Egipto, declarando que "nosotros los musulmanes no podemos seguir adelante, convirtiéndonos en el símbolo del mal, debemos parar eso".

El primer ministro de Hungría Victor Orban se pronunció también por el fortalecimiento de los valores tradicionales, nacionales, culturales y religiosos. La misma orientación está profesando la candidata presidencial de Francia Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional. El Brexit del Reino Unido promovido por el líder del Partido de Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel P. Farage es otra respuesta nacionalista a la agenda globalizadora del establishment de la Unión Europea.

​Donald Trump, analizado desde esta perspectiva, está muy cercano a las ideas de Vladimir Putin de la necesidad del fortalecimiento de la identidad nacional y de los valores diseñados por los Fundadores de los Estados Unidos. En sus presentaciones ante el público, Trump dio a entender que la política de sus predecesores, basada principalmente en una maquinaria de guerra, convirtió el comienzo del Siglo XXI en un permanente conflicto lleno de sangre, injusticia y miedo que hizo desgastar también a Estados Unidos. Frente a todo esto, Trump concibe la idea del excepcionalismo americano no en guerras sino en el negocio, el desarrollo de su tecnología y ciencia y en la recuperación del pilar de la sociedad norteamericana: su clase media.

Para el columnista de Asia Times, David P. Goldman, "Trump parece un lobo solitario listo para vengar las injusticias de la globalización", representando "la corriente principal norteamericana igual que Clint Eastwood representa el carácter principal americano". La meta primordial de Trump no es solamente proteger a los EEUU de la globalización que hizo que la exportación nacional de la tecnología haya bajado entre 1999 y 2014 del 18% al 7%, sino hacer retornar su país al glorioso período manufacturero estadounidense del siglo pasado.


Le disgusta al presidente Trump, igual que a la mayoría de la población nacional, que en el mismo período de tiempo la exportación de la tecnología de China haya crecido del 3% al 26%. Mientras tanto EEUU se convirtió en el principal exportador de guerras, muerte, golpes de estado, subversiones, y caos permanente. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo , EEUU vendió armas en el 2015 por valor de 209 mil 700 millones de dólares, lo que representa el 56% de toda la producción mundial. A la vez, por primera vez desde 1970 el índice de crecimiento de la productividad norteamericana cayó a un 0%.

Quizá la característica que el magnate mexicano Carlos Slim le dio al nuevo inquilino de la Casa Blanca afirmando que "No es 'Terminator', es 'Negotiator'" sea la más cercana a la personalidad y las intenciones de Trump, sin embargo, solamente el tiempo dará el veredicto final a la obra y a las acciones del presidente 45 de Estados Unidos. Mientras tanto, el nuevo líder de la primera potencia mundial tiene que enfrentarse a la guerra que le ha declarado un 90% de la prensa escrita y la televisión en EEUU y en la Unión Europea (ABC, CNN, CBS, NBC, MSNBC, BBC, The NYT, Los Angeles Times, Die Welt, Bild, Der Spiegel, etc.). Los globalizadores, que se declararon en rebelión contra Trump y los medios de comunicación a su servicio, están publicando día a día todo tipo de distorsiones, mentiras, rumores y falsedades para desacreditar al presidente y sus colaboradores.


Actualmente eligieron un decreto de Trump suspendiendo temporalmente el ingreso de inmigrantes y no inmigrantes de siete países (Irán, Irak, Siria, Sudan, Libia, Somalia y Yemen), para organizar actos de protesta en EEUU. Los periodistas globalizados presentaron esta orden ejecutiva como "Muslim Ban" (Prohibición Musulmana), distorsionando el hecho que la orden será vigente solamente durante 90 días. Lo que no quisieron informar los globalizadores es que precisamente, durante el gobierno de Barack Obama fue elaborada en 2015 "the List of Concern" (Lista de Preocupación) respecto a los inmigrantes de estos siete países y que en febrero pasado una orden ejecutiva del entonces presidente puso restricciones a la admisión de los refugiados de Libia, Yemen y Somalia.

En aquel entonces nadie protestó y los medios de comunicación globalizados supuestamente ni se dieron cuenta de la deportación ordenada por Barack Obama de más de tres millones de inmigrantes indocumentados, convirtiéndose en el presidente que más inmigrantes deportó en la historia de Norteamérica. Ahora Obama se convirtió por obra de magia en uno de los defensores de los inmigrantes y protesta contra la "injusticia" de Trump, olvidándose que precisamente durante su gobierno se promulgó en 2015 la Ley de Prevención de Programas de Extensión de Visas y Terrorismo. El analista del National Reniew Institute, David French divulgó que en el año Fiscal 2011, el gobierno de Obama admitió solamente 29 refugiados de Siria, en 2012: 31, en 2013: 36, en 2014: 105, en 2015: 1062 y solamente en los últimos días de su presidencia el presidente ordenó sorpresivamente la admisión de 13.000 refugiados de los cuales los cristianos representaron un 10%.

​La prensa globalizada guarda silencio sobre el hecho de que después de estos 90 días la Administración de Trump mantendrá el mismo límite de admisión de refugiados equivalente a los 50.000, que en los gobiernos de Clinton, Bush y Obama. Según el Departamento de Seguridad Interna (DHS), a pesar de las temporales restricciones, la Administración está aceptando esta semana 872 refugiados de los siete países que están en la lista de restricción. Tampoco los globalizadores informan a la opinión pública respecto a la orden ejecutiva de Trump referente a la admisión de los refugiados. De acuerdo a la última encuesta de Rassmussen Report, realizada por teléfono y medios virtuales en EEUU el 25 y el 26 de enero pasado, el 57% de los posibles votantes apoyaron esta orden ejecutiva de Trump para que el gobierno refuerce su capacidad de ubicar a los terroristas entre los visitantes, residentes y refugiados de los países musulmanes señalados en el decreto presidencial.
Esta es la realidad que los globalizadores están tratando de ocultar mientras que a la vez están intentando de presentar las marchas de protesta como la expresión de la mayoría de la población estadounidense y europea contra la supuesta 'prohibición musulmana' ordenada por la Administración de Trump. Hay muchos artículos denunciando que detrás de estas marchas de protesta está otra vez la siniestra mano de George Soros.

Debra Heine de PJ Media (29-01-17) en su artículo "Soros Bankrolling Effort to Stop Trump's Temporary Refugee Halt Order" presentó pruebas de que la mayoría de las organizaciones para fomentar las marchas contra Trump como "Make the Road" de Nueva York, American Civil Liberty Union (ACLU), National Inmigration Law Center, Urban Justice Center fueron fundados o están recibiendo dinero de la Open Society Foundation de Soros. En 2014, la ACLU, por ejemplo recibió 50 millones de dólares. Lo mismo está sucediendo en Europa donde ya está creciendo el movimiento "Stop Operation Soros" que se inició en Macedonia.

El Nuevo Orden Mundial de orientación nacionalista está abriendo lentamente su camino intentando desplazar al actual sistema internacional globalizado y unipolar. Por ejemplo en México ya aparecieron muchas publicaciones agradeciendo a Trump porque "gracias a sus medidas nos damos cuenta de las tantas maravillas que tenemos dentro del territorio" y, que el mayor perjudicado de los tratados ha sido precisamente su país. "Despertemos así como despertó Rusia", dice una pintada callejera.

miércoles, 1 de febrero de 2017

México negocia nuevos acuerdos comerciales tras salida de EEUU de TPP



El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ordena adoptar nuevas medidas económicas tras la decisión de Trump de sacar a EE.UU. del TPP.

Tras la salida oficial de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), lo que ha provocado críticas reacciones internacionales, México busca concretar tratados bilaterales de libre comercio con 6 naciones del área Asia-Pacífico.

El presidente ya me dio la instrucción para que convierta el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) en acuerdos bilaterales con todos los países con los que no tenemos convenios de libre comercio", ha anunciado el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo.

Los acuerdos en marcha se suscribirán con Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Singapur, Vietnam y Brunéi, y México tratará de culminarlos lo antes posible.



Ildefonso Guajardo ha precisado, a su vez, que la instrucción de Peña Nieto forma parte de las medidas presentadas por el Ejecutivo federal el pasado 23 de enero ante la llegada al poder de nuevo presidente estadounidense, Donald Trump.

También ha explicado que, con el TPP, su país podría aumentar exportaciones en distinto sector como automotriz y electrónico. “Yo he venido trabajando desde hace cuatro años en diversificar y abrir los puentes de comercio que tengo con otros países”, ha subrayado el funcionario.

Los países que integran el TPP constituyen cerca del 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y un mercado integrado por 800 millones de personas.

FUENTE: http://www.hispantv.com/noticias/mexico/331870/acuerdos-economicos-sacar-eeuu-tpp-trump

jueves, 26 de enero de 2017

México abandona el TLCAN, ¿Cuál es el siguiente paso?; te lo cuento

Pues nada, que México está amenazando con abandonar el tratado de libre comercio de América del norte (NAFTA en inglés) en respuesta al intento de renegociación del acuerdo por parte de los EEUU. Trump ya firmó la orden ejecutiva para tal fin.


Pero a México lo agarró fuera de lugar está jugada de Donald Trump, aunque no hay justificación para las autoridades mexicanas pues de antemano sabían que ésto podría pasar.  Trump lo vino diciendo desde el primer momento que anunció su intención de participar en la contienda electoral por la presidencia de los EEUU.

Así que no hay justificación para el gobierno mexicano por no haber previsto está situación qué está viviendo actualmente el país.  Desde un principio debió de haber elaborado un plan de contingencia para enfrentar un escenario así, sin embargo no lo hizo.

Todos se creyeron ése cuento de qué para Trump era imposible alcanzar la presidencia y se quedaron así, tan tranquilos pensando que nada iba a suceder; pero, oh sorpresa, Trump ganó.

Y como México no elaboró una estrategia para afrontar la presente situación, todo lo que intente será hecho a la carrera; contrario a Donald Trump, pues él seguramente ya tiene un plan perfectamente trazado para renegociar el TLCAN.

Y como siempre la falta de visión de nuestros gobernantes inéptos, que no cuentan con un plan, va a dejar a México en desventaja, así que lo más prudente sería pedir un tiempo fuera y elaborar ése plan; o, en su caso, si es que no quieren las autoridades estadounidenses, abandonar definitivamente el TLCAN; por mientras Canadá ya lo hizo al declarar que el acuerdo comercial está muerto.

Pero si abandonamos el TLCAN, cosa que definitivamente pasará, ¿que prosigue?

Pues como bien dijera el secretario de economía de México, apegarnos a los tratados internacionales de comercio en nuestra relación con los EEUU.  Tratados como los suscritos con la organización mundial de comercio, OMC, a la cual ambos países pertenecen.  Claro, una cosa es decirlo y otra hacerlo, sobre todo obligar a los EEUU  a cumplir con ellos; pues de todos es sabido que los Yankees no juegan derecho y que suelen corromper esas instituciones internacionales a su favor.

Así que, entonces, ¿qué resta por hacer?

Pues como ya dije, buscar nuevos socios y aliados comerciales, sobre todo en Asia y América latina.

No olvidemos que China acaba de manifestar el deseo de convertirse en regente del orden mundial financiero y económico en sustitución de los EEUU. Y eso motivado precisamente por la nueva política económica internacional de los Yankees.

Para China es conveniente y deseable el libre comercio, pues su economía depende mucho, cómo la de México, del comercio exterior, así que firmar un tratado de libre comercio con México no les sería indiferente; pero México debería, si decide firmar el tratado con China, no cometer los errores del pasado y ahora sí ponerse muy abusados pues los chinos no son ningunas hermanas de la caridad, y si pueden lograr una ventaja la tomarán.

Pero México tiene una ventaja, pues al tener una economía abierta y haber suscrito una gran cantidad de acuerdos de libre comercio con muchos países, además de con EEUU, es atractivo para las empresas pues pueden aprovechar esos tratados para exportar su producción elaborada en México; claro, eso a costa de ofrecer bajos salarios a los mexicanos.

Pero si México optará por un modelo de economía cerrada, proteccionista, tal como el esquema que pretende implantar Donald Trump en los EEUU, tendría que salirse de todos los acuerdos de libre comercio que ha pactado; exactamente como Trump lo hace.

Pero eso tendría cómo consecuencia inmediata la caída del empleo en México, contrariamente al caso estadounidense, pues México no tiene industria local por que esa fue destruida por el TLCAN; pero a largo plazo traería beneficios, si es que los sabemos aprovechar, y si es que las autoridades también lo saben aprovechar; Volveríamos a una situación parecida a la que teníamos antes de la firma del TLCAN.

Pero en cuanto a la relación con los EEUU, entraríamos en una guerra comercial con ellos; tendríamos que aplicar aranceles compensatorios a los productos estadounidenses.

Estando así las cosas, el futuro pinta incierto para México, pero si estamos unidos podremos lidiar mejor con lo que nos depara el destino.




domingo, 22 de enero de 2017

La globalización, los Estados Unidos y el nacionalismo económico de Trump



La globalización es un fenómeno geopolítico-histórico caracterizada esencial y fácticamente por la transferencia de poder individual y comunitario de las naciones hacia la Súper Elite que busca una creciente homogeneización global para lograr la hegemonía total.

Los propietarios de la Elite Global, tras la consecución de sus objetivos y a través de ideologías (calentamiento global, de género, desindustrialización, desarme poblacional, multiculturalismo, entre otras) y esquemas empíricos, plasman un nuevo giro antropológico, buscando uniformizar el pensamiento y el modus vivendi de la humanidad. Asimismo, preconizan una economía global, centrada en la usura, para que el hombre sea deudor permanente, un mero consumidor de la manufactura y/o servicios (de electrónica, robótica y comunicativa) de las empresas multinacionales adheridas a las redes del formato globalizador y, finalmente, reconstituirlo en mano de obra barata.

Proceso que ineluctable y gradualmente pauperiza y esclaviza a las naciones, erosionando la soberanía política y la independencia económica de los estados. A éstos los reconvierte en gerencias funcionales para dinamizar mejor el proyecto globalista y eficientizar el método recaudador.

Por lo tanto, geolocalizar exclusivamente al Poder Global del Dinero en territorio e institucionalidad estadounidenses constituye un error ya que precisamente la puesta en funcionamiento de la propia globalización perjudicó a la mayoría de su población.

Y fue dicho menoscabo en general lo que posibilitó la gran adherencia poblacional que tiene Donald Trump. Su apoyatura en la base social se debe específicamente a que su discurso y programa de gobierno se basan en la defensa de un nacionalismo económico, en el respeto y la observancia del orden natural; en el abandono del perfil de “estado policial del mundo” que los Estados Unidos desempeña desde hace un siglo y en una nueva pujanza del estado-nación.

Efectos económicos negativos de la globalización en los EE. UU.

La economía de la nación de los Estados Unidos en relación a deudas presenta los siguientes indicadores:

-Deuda de consumidores, 12 billones de dólares.

-Deuda Corporativa, 16 billones de dólares.

-Deuda Pública, 20 billones de dólares.

La Reserva Federal y Wall Street, actores bancarios y financieros históricos íntimamente relacionados, son señalados como los grandes beneficiarios de la globalización.

La Reserva Federal fue creada por los grandes bancos de Wall Street y en beneficio de los grandes bancos de Wall Street.

Históricamente la Reserva Federal ha jugado un papel importante en la creación del auge y de la recesión económica y dicha institución desde su creación en el año 1913 colaboró en la existencia de 18 recesiones o depresiones, disminuyendo el valor del dólar estadounidense (aproximadamente en un 98%), siendo la tasa media anual de la inflación un 3,5%.

De acuerdo con un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los Estados Unidos (GAO) la Reserva Federal salió al rescate de los grandes bancos, entre 2007 y 2010, inyectándole 16.1 billones de dólares.(En ese momento, la deuda nacional pública de los EE.UU. era un poco más de 15 billones de dólares)1

Con la globalización también las grandes empresas pudieron desplazar fábricas a países como México, China e India, a Bangladesh; producir allí con menor salario e impuestos para luego enviar los productos fabricados de vuelta a los EE.UU.

Esa libertad de trasladar la producción fuera de los EE.UU. empeoró la economía nacional.

En los últimos 25 años, el registro de desempleo en el sector manufacturero creció exponencialmente en millones de personas, habiendo cerrado miles de fábricas por la imposibilidad de competir sana y vigorosamente contra lo producido en el extranjero a bajo coste laboral.

El salario real no crece significativamente desde hace 25 años. La calidad de los empleos en Estados Unidos estuvo mermando constantemente desde que las diferentes administraciones federales aceptaron el formato de la globalización.

-Uno de cada cuatro empleados en el sector privado estadounidenses tiene remuneración mínima de 10 dólares la hora e inclusive menos.

-La brecha entre el 1% que más tiene y el resto del país es ahora la más grande desde 1920.

-50 millones de personas viven en la pobreza.

-Oficialmente, se considera que existen 7.4 millones de desocupados en los Estados Unidos. A ese registro hay que agregarle 95.06 millones enmarcados en “not in the labor forcé”2, sumando más de 102 millones de personas.

-Aproximadamente 17 millones de niños en los Estados Unidos se enfrentan a la inseguridad alimentaria.

-Alrededor del 20 % de todos los adultos jóvenes están actualmente viviendo con sus padres

-7 de cada 10 estadounidenses tienen menos de 1.000 dólares en ahorros.

-La balanza comercial de los EE.UU con China, México, Canadá y Japón, entre otros países, le da como resultante saldo negativo.

Medidas a implementar

Ante ese cuadro situacional complicado, Trump desde la Casa Blanca maniobrará con realismo político coordinando las distintas tendencias que coexistirán en su gobierno.

Él y ciertos asesores suyos coinciden en que es más positivo tener como patrón al Oro que al dólar.

Planea evitar que la Reserva Federal manipule las tasas de interés y la masa monetaria y poner freno a las ganancias exorbitantes del capital especulativo de Wall Street. Donald Trump sabe que el inversor de clase media global busca confianza y seguridad de rentabilidad y le brindará ello. Bajo su gestión intentará impedir que salga la menor cantidad de dinero de su país. Redirigirá ciertos capitales de los fondos de inversión a la economía real para desarrollar la infraestructura pública e implementar la reindustrialización.

Promocionará el ahorro y la inversión.

Revisará los términos de comercio internacional que deterioren la economía estadounidense y cumplirá gradualmente con la repatriación de las fábricas geolocalizadas en países con mano de obra barata y gran exención fiscal. Aumentará el nivel salarial de los trabajadores y habrá crédito empresarial y crédito social necesario. El mercado interno se revitalizará.

Expulsará a los inmigrantes delictivos e ilegales y a los inmigrantes que quieran sumarse a la economía formal observando las leyes de los gobiernos federal y estatal no les pondrá obstáculos.

En suma, rechazará el transnacionalismo y la globalización.

A Trump no le resultará fácil continuar desde la Casa Blanca su batalla contra la globalización pero con tan sólo materializar el 40% de sus promesas económicas electorales podrá darle otra estocada a la globalización.

Los Estados Unidos bajo el formato Trump también precisará de países cuyas poblaciones tengan un considerable nivel salarial para que puedan comprarle lo manufacturado. Naciones hispanoamericanas con elevado índice inflacionario, relevante decrecimiento salarial y anarquía social no pueden resultarle necesarias por su posible beneficio al proceso reindustrializador de Trump.

Pero esas naciones deberán sumarse con racionalidad y realismo al emergente antiglobalizador que se está produciendo en otras partes de Occidente.

Porque, como asertivamente lo señala el insigne comentarista político Pat Buchanan “Un cambio radical en el pensamiento está llevandose a cabo en Occidente.”