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martes, 25 de julio de 2017

Un carrera armamentística bajo el océano: Asia se lanza a construir el submarino más destructivo

INIVISIBLES Y EQUIPADOS CON MISILES BALÍSTICOS

China, Rusia, India, Japón, Australia... son algunos de los países asiáticos que se han lanzado a construir nuevas versiones de submarinos equipados con alta tecnología militar



China flexiona sus músculos militares, de eso nadie duda, y como consecuencia su política exterior se hace cada vez más agresiva. En ninguna parte se nota tanto esta nueva postura militar como en el Mar de China Meridional, donde una vaga y dudosa reclamación territorial basada en un mapa de tiempos de la Segunda Guerra Mundial con difícil encaje en la legislación marítima internacional tiene a todos los países de los alrededores alborotados. La consecuencia de este endurecimiento de posturas ha sido la que cabía prever: el inicio de una desbocada carrera armamentística en la zona. Y como se trata de una región marítima por excelencia y con enormes distancias a considerar el tipo de buque elegido ha sido el barco de guerra ‘furtivo’ por excelencia: el submarino.

En los últimos años, la región de Asia, y el sureste asiático en particular, está siendo un chollo para los astilleros fabricantes de submarinos con decenas de pedidos y concursos casi en cada país de la zona. Lo cual supone muchos miles de millones de dólares, aunque no solo eso: en los acuerdos de venta de armamento siempre hay un componente estratégico.

El submarino es el arma perfecta para hacer olas en esta zona del planeta con una inversión mínima. Y si no que se lo pregunten a los japoneses, que en la Segunda Guerra Mundial perdieron casi entera su marina mercante ante los ataques de los submarinos estadounidenses, que también dañaron (y mucho) a la Armada Imperial. Sigilosos y letales, dotados con armamento moderno de misiles y torpedos pesados y con sensores (sonares avanzados, sistemas de comunicaciones, radares) con los que sus antepasados no hubiesen podido soñar siquiera el submarino moderno es un arma muy peligrosa.

Misiles de crucero bajo el océano

En especial los actuales submarinos diésel eléctricos (SSK) que son silenciosos y difíciles de detectar, sobre todo en las agitadas aguas cercanas a las costas. Y sobre todos ellos los dotados de sistemas del tipo AIP (Air Independent Propulsion, propulsión independiente del aire) que les permite estar sumergidos durante días y hasta semanas; casi como un submarino nuclear de ataque (SSN), pero sin el enorme coste y el ruido basal de estos.


Equipados con sonares remolcados y laterales de gran precisión, con sistemas de combate avanzados y sensores que les permiten controlar grandes espacios de territorio, algunos tipos con 'hidrojets' en lugar de hélices para reducir su detectabilidad y con velocidades elevadas que les permiten recorrer las enormes distancias implicadas en la defensa del interés nacional en una región tan amplia con la que va del Índico al Pacífico, los SSK ofrecen una capacidad muy interesante en el ámbito naval por un precio relativamente ajustado.

La posibilidad de añadirles tubos lanzamisiles del tipo VLS (Vertical Launch System) que les permiten lanzar misiles de crucero sin reducir la dotación de torpedos o la capacidad de transportar comandos multiplican su utilidad. No olvidemos que submarinos de este tipo han sido capaces más de una vez de dar buenos sustos a flotas de portaaviones estadounidenses en maniobras: los SSK de última generación, bien tripulados y usados son mortíferos en aguas someras y peligrosos en cualquier circunstancia, en especial si disponen de AIP.

Eso sí, su tecnología no está al alcance de cualquier país: solo unos pocos tienen la capacidad industrial y la tradición que les permite ofrecer en el mercado este tipo de armas. Por eso el mercado internacional de submarinos es muy animado, con la participación de países inesperados y la virtual ausencia de algunos de los principales vendedores de armamento del planeta: los EEUU dejaron de construir submarinos diésel eléctricos hace décadas (su flota es 100% nuclear), y por tanto están fuera del grupo de vendedores.

Los países mejor armados en el ámbito submarino son también los más poderosos de la zona y los que poseen una tradición naval más antigua

En el que sí aparecen países como Suecia, Holanda, Corea del Sur y (sobre todo) Alemania y Francia, además de Rusia y China. El malhadado proyecto del S-80 fue el fallido intento de la industria naval española, tradicional cooperadora con Francia en este aspecto, por entrar en este selecto club con un diseño propio. Su bien publicitado fracaso acabó con cualquier posibilidad a este respecto.
Los grandes: China, Rusia, India, Japón y Australia

Los países mejor armados en el ámbito submarino son también los más poderosos de la zona y los más pudientes, además de los que poseen una tradición naval más antigua. Dos de ellos pueden considerarse una potencia en declive (Rusia) o no interesada en la agresión (Japón), mientras que los otros dos están claramente en auge: China y la India. Por su parte, Australia está en mitad de la zona y se ve afectado por lo que allí ocurre. En los últimos años el despliegue militar chino ha sido el mayor de la región en todas las armas, pero las especiales características de su posición geográfica y de sus necesidades defensivas han concentrado en la marina y sobre todo en el arma submarina una considerable parte de su esfuerzo.

China ha sido tradicionalmente un estado insular en el sentido estratégico con escaso o nulo apetito por la proyección de poder a grandes distancias y preocupado ante todo de defender sus propias costas. Hoy esto está cambiando muy rápidamente según continúa el despegue económico de la economía china, que depende del transporte marítimo para mantenerse y crecer. Por eso las agresivas reivindicaciones sobre el Mar de China Meridional, un área que concentra una enorme cantidad de tráfico de mercancías y materias primas con destino a China o procedentes de allí. El país en su proyección marítima está separado de las aguas abiertas por cadenas de islas que están en manos de potenciales adversarios y cuyos estrechos tendrían que atravesar sus buques para ganar el Pacífico o el Índico. Así pedazos de roca dispersos en el mar como las islas Babuyan, al norte de Filipinas, o las Ryuku al sur de Japón se convierten en puntos clave de control. De ahí la importancia de los submarinos.


Además China ha refrendado su estatus de gran potencia invirtiendo en una flota de submarinos de misiles balísticos intercontinentales (SLBM) que le proporciona una capacidad de represalia nuclear a salvo de ataques preventivos; a partir de este mismo año se espera que mantenga en patrulla permanente uno de sus cuatro SLBN clase Jin (Tipo 094). Para protegerlos y para mantener controladas las áreas de patrulla cuenta con submarinos de ataque nucleares (dos del Tipo 093 y uno del Tipo 095), pero ante todo con una amplia flota de SSKs.

Entre ellos destacan 13 de los modernos clase Song (Tipo 039) y 15 de la clase Yuan (Tipo 039A) diseñados y construidos en la propia China, estos últimos equipados con sistemas AIP. Sobre su letalidad baste destacar que en 2006 un clase Song emergió a distancia de tiro del portaviones estadounidense Kitty Hawk, hasta donde había llegado sin ser detectado, mientras navegaba en el Mar Oriental de China. Además China cuenta con 12 clase Kilo de diseño ruso y 17 del Tipo 035, estos últimos derivados de un venerable diseño soviético. En todo caso una flota peligrosa en las aguas cercanas a la costa y capaz de dificultar el uso de amplias áreas a grupos de portaviones enemigos.

El gran rival de China por el control de las rutas de navegación, pero desde el otro lado, es la India. Menos desarrollado económicamente y con una infraestructura industrial de inferior calidad la India tiene que atender a sus intereses en ambas orillas del Índico, pero mantiene una rivalidad con China que ha llegado a calentarse en forma de algo más que escaramuzas fronterizas en alguna ocasión. La India no dispone aún de capacidad nuclear en SLBMs, aunque cuenta con un ejemplar de la clase Arihant con la que pretende disponer de ella; deberá construir al menos tres buques más para conseguirlo. Además el país cuenta con un SSN ruso de clase Akula en alquiler y ha solicitado otro; la idea es entrenar tripulaciones y técnicos en su uso para después desarrollar un proyecto propio de SSN del que construir seis ejemplares.

Rusia cuenta con dos submarinos nucleares de misiles balísticos clase Borei, además de tres viejos Delta III de construcción soviética

En cuanto a submarinos diésel eléctricos la India dispone de seis ejemplares de la clase Kalvari, un diseño basado en los Scorpène franceses y dotado de sistema AIP, y planea construir localmente otros seis barcos del Proyecto 75I basados en un diseño extranjero que aún no ha sido licitado. Los submarinos del proyecto 75I contarán con propulsión AIP y probablemente con VLS. Además de estos buques modernos la India cuenta con nueve submarinos de la clase Sindhughosh basados en el Kilo ruso y cuatro de la clase Shinshumar basados en el Tipo 209 alemán. Dada la posición geográfica del país en el Índico la corta autonomía relativa de estos barcos no les resta capacidad, aunque para proyectarse hacia los estrechos de Malaca y el Mar de China Meridional la India necesitará esos SSN.

Rusia cuenta con una importante presencia en el Pacífico, aunque no tanto como en la época de la Unión Soviética: la flota de aquel océano ha sufrido serios recortes derivados de la crisis económica que vive en país. A pesar de ello cuenta con dos submarinos nucleares de misiles balísticos clase Borei, la más moderna con la que cuenta, además de tres viejos Delta III de construcción soviética. También tiene seis submarinos nucleares de misiles de crucero (SSGN) clase Oscar II, un diseño pensado para atacar grupos de portaviones estadounidenses durante la Guerra Fría, y al menos cuatro ejemplares de submarinos nucleares de ataque clase Akula II y un Akula I. La flota de SSK consta de ocho submarinos clase Kilo, considerados entre los diseños más capaces de submarino convencional de origen ruso.



Por su parte Japón cuenta con un elevadísimo nivel técnico e industrial y con una tradición de construcción naval que se remonta a principios del siglo XX y que dio excelentes modelos de navíos (incluyendo submarinos) durante la Segunda Guerra Mundial. La constitución pacifista adoptada tras la guerra alejó a la industria japonesa de los mercados internacionales de armamento y sus reducidas fuerzas de autodefensa constituyen un mercado muy pequeño, pero la excelencia técnica se nota.

Es por ello que los 20 submarinos japoneses, todos ellos diesel eléctricos, están considerados entre los más sofisticados y letales de los que existen en el mundo de esta clase. Se trata de 10 de la clase Oyashio, más antiguos, y ocho de la modernísima clase Sōryū construidos muy recientemente, de los cuales se espera contar con 12 en total. Se trata de barcos grandes y muy potentes dotados de avanzados sistemas electrónicos y de ataque; los Sōryū cuentan con sistemas AIP. Se espera que los últimos ejemplares (aún en construcción) reemplacen el AIP por baterías de ión de litio como las que equipan móviles y ordenadores, mucho más potentes que las clásicas: esto les daría prestaciones cercanas a las de un submarino nuclear.

Precisamente un derivado de los Sōryū era uno de los principales contendientes en el programa de reemplazo de la flota de los submarinos clase Collins por parte de Australia, pero al final perdió el concurso para sorpresa de muchos. La isla-continente cuenta con seis Collins relativamente modernos, un modelo basado en el Tipo 471 sueco modificado para sus especiales necesidades, pero precisaba comenzar el proceso de reemplazo. El país necesita buques grandes y muy rápidos dada la enorme superficie a patrullar, capaces además de trabajar bien en las gélidas aguas cercanas a la Antártida y en los mares tropicales cercanos al Ecuador.

Al concurso se presentaron múltiples diseños de todo el mundo como los Sōryū adaptados y varios diseños franceses, alemanes y holandeses; la idea era presentar también el S-80 español, pero sus problemas lo hicieron imposible. Finalmente el gobierno australiano anunció el ganador en el diseño francés Shortfin Barracuda basado en los SSN de la clase Barracuda de la armada francesa pero con propulsión convencional; hay quien dice que la principal ventaja del modelo es que sería posible adaptarlo a la propulsión nuclear de ser necesario. Australia prevé construir 12 Shortfin Barracuda para que empiecen a entrar en servicio a partir de 2030; se estima que el coste total superará los 33.600 millones de euros a lo largo de la vida del programa.


Los medianos: Pakistán, Indonesia, Corea del Sur

Otros países tienen o han encargado sustanciales flotas submarinas, ya sea para no perder terreno en el vecindario, ya por sus especiales necesidades derivadas de tensiones locales con alguno de sus vecinos. Es el caso de Pakistán, cuya manifiesta rivalidad con la India ha justificado la adquisición de 8 submarinos diésel-eléctricos del modelo S-20 a China. El S-20 es un derivado de exportación del Tipo 39A chino en principio sin el sistema de propulsión AIP, aunque algunas noticias sobre la compra paquistaní indican que sus ejemplares sí lo llevarán.

La mitad de estos barcos serán construidos localmente y el resto en China. Pakistán cuenta ya en su flota con 3 Agosta 90 y 2 Agosta 70 construidos a partir de diseños franceses y trabaja en el diseño y construcción de su propio SSN, aunque no hay fecha concreta. La principal preocupación respecto a la futura flota submarina paquistaní es la posibilidad de que sea equipada con misiles de crucero con cabeza nuclear, dada la doctrina del país en este tipo de armamento.

Por número de submarinos, la flota más importante de la zona es la de Corea del Norte, que cuenta con más de 80 ejemplares, pero antiguos

Por número de submarinos, la flota más importante de la zona sería la de Corea del Norte, que cuenta con más de 80 ejemplares de diferentes tipos. Pero los barcos norcoreanos son en su mayoría casi antigüedades, de modelos soviéticos vetustos y aptos tan solo para la infiltración de comandos (muchos de ellos son muy pequeños) o para el minado de puertos y estrechos. El país intenta desarrollar un submarino lanzador de misiles balísticos, hasta ahora con poco éxito.

Su vecino y principal rival, Corea del Sur, dispone en cambio de una moderna y eficaz flota de submarinos diésel eléctricos de construcción local con nueve ejemplares de la clase Chan Bogo y otros nueve de la clase Son Won Il, basadas ambas en diseños alemanes (Tipo 209 y Tipo 214, respectivamente) pero con dispositivos AIP en el segundo caso. Los buques surcoreanos disponen de electrónica y sistemas de combate avanzados que los convierten en rivales muy poderosos; los astilleros del país incluso exportan submarinos.

Así por ejemplo Indonesia acaba de adquirir tres ejemplares (con nueve más por confirmar) de los Chang Bogo modificado construidos en Corea del Sur. El país dispone de dos submarinos de la clase Cakra construidos en los setenta y ochenta también a partir del Tipo 209 alemán modificado, de modo que las cuestiones de mantenimiento, logística y entrenamiento no deberían ser complicadas; ambos buques fueron recientemente modernizados.


Por último, Vietnam ha encargado recientemente toda una flota submarina para proteger su amplia costa, situada toda ella mirando al Mar de China Meridional que China reivindica como propio. El país ha adquirido cinco ejemplares de una variante mejorada de la clase Kilo rusa con opción a una sexta unidad, lo que le convertirá en una fuerza a tener en cuenta en el área. Algo especialmente importante dado que ya ha tenido guerras con su inmenso vecino, y no hace tanto tiempo.
Los pequeños: Taiwán, Malasia, Tailandia

Otros países más pequeños de la región también han decidido rearmarse en el ámbito submarino para protegerse del diluvio que viene. Al fin y al cabo el mejor arma antisubmarina es otro submarino: la caza de sus congéneres está entre sus principales obligaciones, y en el caso de países como Taiwán (o República de China, como también se le conoce) el asunto es literalmente de vida o muerte. Enfrentado a una China que no reconoce su independencia y que reivindica su territorio como propio Taiwán tiene serios problemas para comprar armamento en el mercado mundial ya que los compradores suelen ser presionados por China para bloquear las ventas.

Solo EEUU, y con sus propios condicionamientos internos, atiende las peticiones taiwanesas, lo cual se convierte en un drama en el caso de su urgente necesidad de submarinos diésel eléctricos, ya que Estados Unidos no los construye. Las ventas de este tipo de material han sido siempre canceladas, de modo que hoy Taiwán dispone de dos submarinos clase Hai-Shih, que son de la clase Tench de la época de la Segunda Guerra Mundial remozados y solo sirven como buques escuela, y dos clase Chien Lung construidos en los años 80 a partir del modelo Zwaardvis holandés que están siendo reacondicionados. El país quiere desarrollar su propio diseño, pero de momento carece de la tecnología necesaria.

Los océanos Índico y Pacífico van a tener en las próximas décadas mucho más tráfico debajo de las olas que casi encima de ellas

Lo mismo le ocurre a Malasia, que tan solo dispone de dos submarinos con un diseño basado en los Scorpène franceses que fueron construidos a partir de 2002 con participación de la española Navantia. La ciudad-estado de Singapur tampoco construye sus buques sumergibles, pero compró en la década de los noventa cuatro viejos clase Challenger suecos con más de 40 años de edad para iniciar la creación de un arma submarina; en 2005 se compraron 4 ejemplares de la clase Archer(ex-Västergötland en la marina sueca) y en 2015 se retiraron dos Challenger. Los Archer, que tenían más de 20 años de edad, disponen de sistemas AIP y de sonares y sistemas de combate modernos. Pero la verdadera capacidad llegará de la mano de los dos ejemplares del tipo 218SGque Singapur ha encargado a Alemania para incorporarse a su flota hacia 2020. El acuerdo está valorado en más de 1.000 millones de dólares y los buques serán oceánicos y dispondrán tanto de AIP como de sistemas de combate avanzados.

Los dos últimos de la lista son países que quisieran tener, pero todavía no tienen, submarinos, como son Filipinas y Tailandia. Filipinas, con una economía muy débil y unas fuerzas armadas con limitado presupuesto, ha mostrado su interés por desarrollar un arma submarina, pero sin que por el momento haya habido ninguna acción concreta al respecto. Tailandia, por su parte, lleva desde la década de los 90 negociando con diferentes países la compra de submarinos, legando en varias ocasiones a anunciar un trato que más tarde se canceló. La última vez fue la compra de tres S-20, la versión de exportación del Tipo 039A chino (esta vez sin AIP), pero una vez más a finales de 2015 parece que el acuerdo está paralizado. Tailandia tuvo un escuadrón submarino desde 1938 con cuatro ejemplares de la clase Matchanu fabricados por Japón, pero el grupo fue disuelto tras un intento de golpe de estado en 1951.

Lo que sí es seguro es que las aguas de los océanos Índico y Pacífico, y de los mares intermedios que los separan, van a tener en las próximas décadas mucho más tráfico debajo de las olas que casi encima de ellas. Porque el ritmo de compra de submarinos está resultando frenético.

Adiós al GPS: la nueva tecnología de posicionamiento en la que ya trabaja EEUU

GPS OCX, GPS III Y MGUE: EL FUTURO DEL GPS

Nacido hace 30 años para uso militar, el GPS se hace mayor. EEUU ya trabaja en actualizarlos con tres nuevas tecnologías que prometen renovar por completo este sistema



Desde que entró en funcionamiento, hace apenas 30 años, y sobre todo desde que se abrió al uso civil pleno, el GPS (Global Positioning System) se ha convertido en una herramienta económica de primer orden. Según un estudio oficial de 2011, en aquel año sólo en EEUU más de 3,3 millones de empleos y 96.000 millones de dólares anuales de ingresos directos se podían atribuir al efecto de este sistema de posicionamiento y navegación, y desde entonces el uso no ha parado de crecer. El último ejemplo: no hay más que ver el éxito del juego Pokémon Go, que no existiría sin GPS.



Diseñado para el ámbito militar, donde se ha convertido en imprescindible en múltiples funciones, el GPS ha creado escuela y estimulado la aparición y extensión de sistemas análogos como el ruso GLONASS, el europeo Galileo, el chino BeiDou-2tf y el indio IRNSS. Pero los años se notan, y la tecnología se está quedando obsoleta. Hace falta un sustituto. Y el gobierno de EEUU ya trabaja en ello.

Como sabe cualquiera que haya usado el móvil (o cualquier otro navegador) para llegar a un sitio, el GPS puede ser un amigo caprichoso. El punto que nos representa puede aparecer en mitad de los edificios a un lado de la carretera que transitamos, o saltar bruscamente de un sitio a otro sin previo aviso modificando la ruta que estábamos siguiendo cuando ya es demasiado tarde. Dentro de los edificios habitualmente no funciona, e incluso en ciudades con bloques altos (cañones urbanos) o en valles profundos, simplemente nos deja tirados cuando más lo necesitamos. Y si esto es un problema en el mundo civil, imagine en el militar. Que, al fin y al cabo, fue el que desarrolló este sistema de localización y navegación, para sus propios fines: guiar vehículos y munición.

Los satélites GPS llevan a bordo un reloj atómico ultrapreciso y emiten cada 30 segundos un mensaje con la hora y posición exacta

Para una unidad militar perderse puede ser mucho más que una molestia. Pero puede ser incluso peor: el GPS ya está integrado íntimamente en el modo mismo de hacer la guerra de las fuerzas armadas estadounidenses, como demuestra una somera comparación entre la Primera y la Segunda Guerra de Irak. En 1991 la inmensa mayoría de las bombas lanzadas contra las tropas de Sadam fueron de la variedad ‘tonta’, aunque el puñado de armas ‘inteligentes’ utilizadas coparan las imágenes de televisión y los comentarios. Sin embargo en 2003 la mayoría de las armas usaban sistemas de guiado, muchos de ellos basados en las señales de la constelación GPS, para obtener niveles de precisión en los ataques nunca antes imaginados. El mundo, y sobre todo los posibles adversarios futuros de EEUU, tomaron nota, y comenzaron a trabajar en sistemas para inutilizar o degradar esa ventaja. Y también para copiarla.

24 satélites a 20.200 kilómetros

El sistema GPS consiste en unas decenas de satélites (24, con algunos de reserva) que orbitan el planeta a 20.200 kilómetros de distancia dando una vuelta cada casi 12 horas; sus planos orbitales están inclinados 55 grados respecto al Ecuador. Esto asegura una cobertura global, aunque el número de satélites visible desde un punto concreto del planeta varía con el tiempo.



Cada satélite lleva a bordo un reloj atómico ultrapreciso, y emite una señal portadora identificativa y cada 30 segundos un mensaje de apenas 1.500 bites que contiene la hora exacta y la posición del satélite en ese momento. El receptor de GPS identifica el satélite y determina cuánto tiempo ha tardado en llegar la señal hasta su posición: integrando las medidas de 4 satélites diferentes se puede calcular dónde está el receptor sobre la superficie terrestre (longitud, latitud y altitud) con una precisión de hasta 15 metros.

En realidad los satélites emiten dos señales diferentes, una de uso civil menos precisa (L1) y otra de uso militar que tiene mayor precisión (L2). Ambas van encriptadas y los mensajes llevan códigos de identificación para prevenir errores. Los receptores son relativamente simples y económicos, y si se mantienen en operación de modo continuo pueden refinar la posición calculada y reducir el error de posición. Habitualmente los receptores civiles incluyen mapas sobre los que se proyecta la posición calculada; los receptores militares pueden ser utilizados como mapas o bien para guiar la caída de proyectiles, como las bombas de aviación de la familia JDAM.

Corea del Norte ha interferido varias veces en el sistema GPS de Corea del Sur, obligando a regresar a otros sistemas de modo puntual

El problema es que las señales del GPS pueden ser interferidas, haciendo imposible que el receptor las escuche, o bien reemplazadas ('spoofing'), sustituyéndolas por otras falsas. Además los elementos del sistema (satélites, estaciones de control de tierra y receptores) pueden ser sometidos a ataques de tipo cibernético. Y no se trata de problemas imaginarios: potenciales enemigos de EEUU cuentan con equipos diseñados específicamente para evitar el uso del GPS en una zona o para engañar a sus usuarios. Esos equipos (como el ruso R-330ZH Zhitel) funcionan, y están en el mercado internacional de armas al alcance de muchos países.

Así, por ejemplo, Corea del Norte ha realizado varios intentos desde 2010 de perturbar el sistema GPS en Corea del Sur mediante interferencia, que en alguna ocasión ha obligado a vehículos civiles (barcos, aviones) a regresar a otros sistemas de navegación alternativos de modo puntual. Según algunas alegaciones, Irán empleó la técnica del ‘spoofing’ de señales GPS (demostrada en una prueba de concepto por estudiantes estadounidenses en 2013) para capturar un avión espía sin piloto RQ-170 Sentinel sobre su territorio en 2011, aunque fuentes estadounidenses negaron esta posibilidad aclarando que Sentinel usa un sistema de navegación mixto GPS-Inercial que le permite volar sin las señales de los satélites de geolocalización. Las estaciones de control desde tierra de la flota espacial también han sido sometidas a ciberataques.

Tres nuevas tecnologías en una

De modo que la necesidad de reemplazar el sistema es imperiosa, desde hace tiempo. Y hay una iniciativa coordinada para mejorarlo mediante la incorporación de tres nuevos elementos, cada uno de ellos en una etapa clave del conjunto: el nuevo sistema de control GPS OCX, los satélites GPS III y los receptores MGUE (Military Gps User Equipment, equipo militar de usuario de GPS). El objetivo es aumentar la precisión del sistema y al mismo tiempo hacerlo menos susceptible a ataques cibernéticos, interferencias y ‘spoofing’, con una nueva encriptación de alto nivel para los usuarios militares (denominada M-code) y una resolución temporal aumentada para permitir su uso en el control del tráfico aéreo. 



El programa GPS OCX pretende renovar toda la infraestructura en tierra de control del sistema para hacerlo mucho menos vulnerable a ataques de cualquier tipo y al mismo tiempo más robusto y preciso. Para ello Raytheon, la empresa encargada de su desarrollo, está reemplazando todo el 'software' utilizado por otro que tiene en su núcleo un Filtro de Kalman, un algoritmo matemático diseñado para sacar el máximo partido de la recepción de radio en entornos ruidosos para aumentar la sensibilidad y reducir la posibilidad de ‘spoofing’. Además, todas las comunicaciones internas están encriptadas y firmadas para que el conjunto sea a prueba de interferencia. OCX está retrasado al menos 2 años y su precio ha subido hasta superar los 4.200 millones de dólares.

El mismo tipo de problemas han tenido los nuevos satélites GPS III que trabajarán con el software OCX para conseguir las nuevas capacidades previstas. Componentes defectuosos y otros que no resistieron las pruebas han provocado un retraso de 28 meses; los primeros estaban previstos para 2014 pero ahora el primer lanzamiento será en 2017 y no se prevé que estén en órbita y plenamente operativos hasta 2019.

Para cuando la nueva versión del GPS se quede obsoleta, EEUU ya trabaja en conceptos que combinan satélites y sistemas inerciales

Por su parte la empresa Mayflower ha sido designada contratista principal del programa MGUE, para el que desarrollará un módulo receptor común de avanzadas prestaciones que será el corazón de los nuevos receptores militares. El nuevo objetivo es que para 2020 todos los componentes del nuevo GPS estén en su sitio y a pleno rendimiento, lo que en principio resolverá buena parte de los problemas del sistema actual.

¿Y después? Pues para cuando esta nueva versión del GPS se quede obsoleta el departamento de ideas locas del Pentágono (DARPA) ya trabaja en conceptos como servicios de posicionamiento mixtos que combinan satélites y sistemas inerciales (que pueden ‘recordar’ el trazado realizado por un objeto móvil), e incluso capaces de usar para la localización señales de radio ajenas como ondas de radio comercial, de televisión o incluso de wifi; el llamado ASPN (All Source Positioning and Navigation posicionamiento y navegación de toda fuente). Para mediados de siglo es posible que el geoposicionamiento que hoy conocemos sea tan obsoleto como una catapulta medieval.

Así funciona el 'botón rojo' de las grandes potencias

Muy pocas personas en el planeta tienen capacidad para activar un ataque nuclear y, por norma general, deben seguirse unos procedimientos muy rigurosos



El armamento atómico tiene una capacidad destructiva difícil de imaginar. Un intercambio nuclear, incluso entre potencias medianas (pongamos, la India y Pakistán), provocaría centenares de millones de muertos y podría dañar de modo catastrófico el clima del planeta, mientras que una guerra total casi con certeza provocaría la extinción de la especie humana. Pero como toda arma, las bombas y misiles nucleares tienen un punto débil, que es su sistema de control: quién y cómo decide su activación y lanzamiento.



Una crisis puede surgir en cualquier momento, y si un enemigo pudiese ‘decapitar’ el sistema de control, eliminando a la autoridad pertinente o su capacidad de comunicar la orden de lanzamiento, de nada serviría un poderoso arsenal nuclear. Por eso las potencias disponen de sistemas y procedimientos para garantizar que nada interfiere la toma de decisiones y el envío de la orden de desatar el apocalipsis, de ser necesario. Bienvenidos al mundo de los gatillos del fin del mundo.

Quien tiene la autoridad para lanzar un ataque nuclear (y de qué modo) se asegura que la orden llegue a los lugares pertinentes para iniciarlo sin que haya errores ni la posibilidad de una suplantación. Se trata nada menos que de decidir y ordenar el uso de las armas más poderosas que tiene a su disposición la humanidad, que tienen el potencial no solo de causar millones de muertos y de provocar represalias de la misma escala, sino incluso de acabar con la posibilidad de vida humana en una región o hasta en el planeta entero. Dado que este proceso es un punto débil en la cadena, los países con armamento atómico son discretos sobre sus procedimientos, pero a lo largo de los años se han ido revelando algunos detalles.

Estados Unidos: el balón infernal

Cuando el próximo 20 de enero tome posesión el presidente Trump, en las proximidades habrá un oficial de las fuerzas armadas llevando sujeto a la muñeca un maletín Zero-Halliburton modificado de aluminio dentro de una funda de cuero negro. A lo largo de los siguientes cuatro años, siempre habrá un oficial armado cerca de Donald Trump mientras esté alejado de la Casa Blanca y su centro de control, 24 horas al día, para asegurarse de que en caso necesario el presidente de los Estados Unidos tiene a su disposición los medios necesarios para lanzar un ataque nuclear.

El maletín es conocido como el balón de fútbol ('football') y contiene todos los elementos necesarios para verificar la identidad del presidente, recibir y verificar una orden de ataque y enviarla al adecuado centro de mando. Pesa alrededor de 20 kilos y tiene una pequeña antena junto al mango.



En su interior, hay un sistema de comunicaciones de tipo desconocido, presumiblemente vía satélite, y cuatro objetos más: el 'Libro negro', unas 75 páginas impresas en negro y rojo que contienen las opciones de represalia (asignación de blancos) y sus códigos; un cuaderno con un listado de localizaciones donde el presidente puede acudir en situación de emergencia; una carpeta con ocho o 10 páginas grapadas que contienen instrucciones para el Sistema de Alerta de Emergencia, y una tarjeta tamaño aproximado DIN A4 con códigos de autenticación. Los ayudantes que portan el ‘football’ son oficiales de todas las ramas de las fuerzas armadas y se les somete a un entrenamiento especial y a un control de seguridad de máxima profundidad para garantizar su lealtad.

En caso de ser necesario, el presidente se retiraría acompañado por el ayudante, se identificaría y activaría mediante una señal el procedimiento a través de la Junta de Jefes de Estado Mayor. En conferencia con el ayudante, decidiría entre las opciones pre-programadas de represalia y se las comunicaría al Centro Nacional de Mando Militar o, de no responder, directamente a los puestos de mando volantes ('doomsday planes', aviones del apocalipsis) o incluso submarinos nucleares en patrulla.

Cuando toda la línea de sucesión se reúne físicamente, se nombra un ‘superviviente designado’ para evitar la completa decapitación del Gobierno

Para garantizar la identidad del presidente, este siempre lleva consigo una tarjeta con códigos de verificación llamados 'gold codes' (códigos dorados); la tarjeta es conocida como la 'galleta' ('biscuit'). El sistema exige que el secretario de Defensa verifique cualquier orden ante el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor; sin esta verificación no se puede proceder. Después son los mandos militares quienes dan las órdenes a las unidades oportunas. De estar el presidente físicamente en un centro de control como el que hay en la Casa Blanca, el procedimiento es similar pero sin necesidad de usar el maletín.

En el sistema estadounidense, la autoridad completa para un ataque nuclear corresponde en exclusiva al presidente; la tarea del secretario de Defensa es únicamente verificar la orden, pero no tiene capacidad de vetarla. En caso de incapacitación o muerte del presidente, hay un orden sucesorio que comienza con el vicepresidente, que por ello también recibe una ‘galleta’ con códigos dorados y un maletín ‘football’. Cuando el presidente y el vicepresidente, junto a los miembros del gabinete y otras autoridades en la línea de sucesión, se reúnen físicamente, se nombra un ‘superviviente designado’ que esté en la cadena pero que no está en el mismo lugar para evitar la completa decapitación del Gobierno.

Fue el presidente Kennedy quien instauró el protocolo actual después de la crisis de los misiles de Cuba.

En caso necesario, la 25ª enmienda a la Constitución de los Estados Unidos permite que el vicepresidente, junto a una mayoría del Gobierno o del Congreso, declare al presidente incapacitado para cumplir con sus tareas; se supone que una orden irracional de uso de armas nucleares bastaría para iniciar el procedimiento de incapacitación.

El sistema se instauró durante la presidencia de Eisenhower, pero adquirió sus actuales procedimientos bajo Kennedy tras la crisis de los misiles de Cuba. Se estima que tras recibir una alerta de ataque con misiles ICBM, el asesor de seguridad nacional tendría tres minutos para decidir si comunicárselo al presidente y este cuatro minutos para decidir si contraatacar o no; a las velocidades del armamento actual, el tiempo es sencillamente demasiado corto.

A lo largo de los años se han producido no pocos incidentes con elementos de este sistema, desde presidentes que han quedado durante lapsos más o menos largos separados del maletín a la pérdida de la ‘cookie’; la de Reagan apareció en uno de sus zapatos tras el atentado de 1981, y Clinton la extravió durante meses en el año 2000. Durante los últimos días de la presidencia Nixon, cuando el entonces presidente dio señales de inestabilidad, se llegó a implementar un cortafuegos irregular y no respaldado por la ley para añadir un control externo a cualquier posible orden. El 20 de enero, Donald Trump recibirá su ‘cookie’ y empezará a ser acompañado permanentemente por un oficial y su maletín del apocalipsis.

Rusia: un maletín de origen soviético

En el sistema ruso, el maletín nuclear es la clave del sistema de autorización de lanzamiento; o mejor dicho, los maletines nucleares, pues se asume que además del presidente también disponen de copias el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor. El equivalente ruso del ‘football’ nuclear se llama Chegety acompaña al presidente (presumiblemente también a los otros dos cargos) donde quiera que vaya de la mano de una unidad especial de técnicos del servicio secreto.

Cheget proporciona acceso a un sistema especial de telecomunicaciones reservado para emergencias nucleares que se denomina Kavkaz, a través del cual los líderes tomarían en su caso la decisión de uso. Para continuar el procedimiento, Kavkaz se conecta con otra red especial de comunicaciones denominada Kazbek, en la que están los oficiales militares encargados de llevar a cabo las acciones ordenadas. Como medida de seguridad, si el maletín Cheget del presidente no está conectado, el sistema no puede funcionar.


Esto es lo que ocurrió a partir del 18 de agosto de 1991 durante el intento de golpe de Estado contra el último Gobierno soviético, cuando el entonces premier Mijaíl Gorbachov fue desconectado de cualquier sistema de comunicación mientras estaba en su dacha en Forós, Crimea. Durante el incidente, los miembros de la entonces KGB encargados de Cheget fueron también desconectados y tras recibir órdenes contradictorias acabaron por ser trasladados a Moscú con el maletín en su poder por miembros del servicio secreto.

A lo largo del proceso, este Cheget había sido inutilizado, borrando su memoria magnética y técnicamente dejando a la URSS sin capacidad de respuesta nuclear temporalmente. Este aspecto fue discutido después por líderes militares, lo que sugiere que la cúpula de las fuerzas armadas tenía la capacidad de lanzar armas nucleares sin intervención del Gobierno civil. Después también se sugirió que durante el intento de golpe los comandantes de las fuerzas nucleares estratégicas ordenaron desactivar los maletines para evitar cualquier posibilidad de uso impropio.



El sistema tecnológico y de procedimientos heredado de la época soviética se mantiene básicamente hoy. Durante la transición entre la URSS y la actual Rusia, la posesión de Cheget se convirtió en un símbolo de poder político usado, por ejemplo, por Boris Yeltsin como arma publicitaria. Vladimir Putin ha subrayado en varias ocasiones públicamente el entrenamiento específico que ha llevado a cabo para el uso del sistema.

El principal gran cambio que se ha producido no ha sido tecnológico, sino burocrático: Yeltsin dividió las responsabilidades de la antigua KGB entre varios departamentos diferentes que se encargan de aspectos clave de las comunicaciones y de la protección física del sistema, pero no de ambos, tal vez para evitar un control único por parte de algún aspirante a golpista. Y Putin ha mantenido algunas separaciones clave, a pesar de que devolvió algunas tareas a la FSB (sucesora de la KGB): los guardaespaldas de altos cargos y las comunicaciones gubernamentales dependen directamente del presidente, como también la red de búnkeres y centros de control de la Guerra Fría.
Reino Unido: la carta del fin del mundo

El Reino Unido utiliza como fuerza disuasoria misiles Trident de fabricación estadounidense a bordo de sus cuatro submarinos Vanguard, aunque armados con unas 200 cabezas nucleares de fabricación local. A diferencia de los estadounidenses, las armas británicas carecen de los mecanismos de seguridad conocidos como PAL ('permissive action links', enlaces de acción permisiva), que están diseñados para hacer lo más difícil posible la activación accidental o no autorizada de una cabeza nuclear; el Reino Unido ha prescindido de ellos para acelerar su capacidad de represalia en caso de destrucción de la cadena de mando.

La autoridad para ordenar un lanzamiento corresponde en exclusiva al primer ministro, que se pondría en contacto con una estación de radio de muy baja frecuencia capaz de comunicar con submarinos en inmersión, se identificaría y daría las preceptivas órdenes para ser enviadas al buque en patrulla.



Estos códigos de activación tendrían que ser comprobados a bordo del submarino mediante un complejo sistema de verificación que comprende cajas fuertes dentro de cajas fuertes y la necesidad de que al menos dos personas validen sus códigos a la vez. La señal de disparo incluye la determinación de blancos, que se hace desde tierra: los tripulantes del submarino no conocen ni pueden alterar adónde irá el misil. Una vez llevadas a cabo las comprobaciones, el capitán del navío usaría un disparador tipo gatillo para proceder al lanzamiento.

En cuanto a garantías, el sistema británico incluye la posibilidad de que una orden del primer ministro sea vetada por el jefe del Estado Mayor o por el monarca reinante. El aspecto más curioso son las llamadas Cartas de Último Recurso, una característica única para el caso de que la cadena de mando (y, se presupone, el país) hayan sido destruidos. Cada primer ministro británico una vez elegido debe escribir de su puño y letra cuatro cartas para los capitanes de los cuatro submarinos nucleares con las instrucciones de qué hacer con su armamento nuclear si se comprueba (mediante una elaborada serie de controles) que el Reino Unido ha dejado de existir.

Cada primer ministro escribe cuatro cartas a los capitanes de los subamrinos con las instrucciones a seguir si el Reino Unido deja de existir

Las posibilidades incluyen (pero no se limitan a ello) ordenar el uso de las armas en venganza contra el enemigo responsable del ataque, ordenar la puesta a disposición de su buque y armas al Gobierno de Australia o al de los Estados Unidos o dejar a discreción del propio capitán sus acciones. Estas cartas solo pueden abrirse cuando sea necesario, y se destruyen (en teoría, sin leerlas) al acabar el mandato de cada primer ministro.

Francia: el PIN del presidente

El país galo mantiene unas 350 cabezas nucleares con varios sistemas diferentes de lanzamiento como submarinos de misiles balísticos (de los que se intenta mantener dos en patrulla permanentemente, cada uno con 16 misiles M4), misiles con base en tierra de alcance intermedio y misiles de lanzamiento desde aeronaves.

En principio, la autoridad de lanzamiento única es el presidente, que puede ordenar un ataque desde el centro de control ‘Júpiter’, situado bajo el Palacio del Elíseo. Cuando el presidente no está en el Elíseo, va acompañado de un maletín llamado la ‘base móvil’, aunque no es equivalente al ‘football’ estadounidense o al Cheget ruso sino un simple sistema de comunicaciones sin capacidad de verificación o lanzamiento propia, que se usa para todo tipo de asuntos, no solo los nucleares.



En caso de ataque a Francia, incluyendo ataques terroristas respaldados por estados, el presidente podría ordenar un bombardeo nuclear. Para ello, usaría un PIN además de medidas de identificación biométricas para validar su identidad: el PIN se transmite de expresidente a presidente verbalmente en una ceremonia cara a cara durante la toma de posesión.

El nuevo presidente puede después modificar el número, que a su vez deberá transmitir a su sucesor. Se ha sugerido que el presidente no es el único en disponer del PIN, que además es variable según diferentes opciones de ataque y cambia con el tiempo como medida de seguridad. Se ha contado que François Miterrand recibió en 1981 el código PIN de su antecesor, Valery Giscard d’Estaing, en forma de una pequeña placa que se guardó en el bolsillo de la chaqueta; esa misma tarde, el traje fue enviado a la tintorería con el PIN nuclear aún dentro. La placa fue recuperada después sin incidentes.
China: el factor humano

Todo lo relacionado con las fuerzas nucleares chinas es tan secreto que ni siquiera se conoce el tamaño de su armamento atómico: las estimaciones van desde apenas 50 a casi 3.000 armas nucleares. Las más razonables parecen converger en alrededor de 200 a 300 cabezas, con unos 50 a 75 misiles de tipo ICBM; el país también dispone de al menos cinco submarinos de misiles balísticos (uno Tipo 092 y cuatro Tipo 094) que realizan patrullas operativas desde finales de 2015.

Cabe subrayar que la doctrina nuclear china es estrictamente de no primer uso: su armamento atómico está dedicado en exclusiva a la disuasión por medio de la promesa de un ataque de represalia contra las ciudades de un enemigo que ataque primero. Por ello, el énfasis no está en la capacidad de respuesta rápida, sino en asegurar la supervivencia del sistema de represalia ante un intento de decapitación.


Es por eso que el Segundo Cuerpo de Artillería, desde el 1 de enero de 2016 denominado Fuerza de Cohetes del Ejército de Liberación Popular (FCELP), pone mucho énfasis en la capacidad de supervivencia de sus misiles, de los que maneja unos 1.800 balísticos y 350 de crucero, la mayoría de ellos sin cabezas nucleares. Esto supone que puede ser complicado diferenciar entre un disparo de misil de carga convencional y uno nuclear. Sus 100.000 efectivos se encargan del mantenimiento y seguridad de todos los vectores y, almacenadas por separado, de las cargas atómicas, utilizando una red de túneles y escondrijos subterráneos para limitar su vulnerabilidad en caso de alerta.

Las tropas de esta unidad, que depende directamente de la Comisión Militar Central del Partido Comunista Chino (CMC), ensayan regularmente la retirada de su armamento a posiciones blindadas durante días e incluso semanas, para después emerger en condiciones de disparo: la táctica está diseñada para asegurar que la capacidad de arrasar a un enemigo que lance un ataque de decapitación sea capaz de sobrevivir.

China ensaya la retirada y posterior reaparición de su armamento para asegurar la supervivencia de la capacidad de arrasar a un enemigo

China no dispone de sistemas de control de cabezas nucleares tipo PAL, y su procedimiento de verificación y lanzamiento depende sobre todo de contactos personales para garantizar la identificación de los responsables con capacidad de lanzar un ataque. Se cree que la autoridad principal reside en el presidente del CMC, que es uno de los puestos clave de la jerarquía gubernamental china; el cargo suele ser ocupado por el secretario general del Partido Comunista y presidente de la República, como ocurre actualmente con Hu Jintao. En ocasiones, el puesto sirve como posición de retiro para antiguos líderes del partido y del aparato gubernamental, como ocurriera con Deng Xiaoping y Jian Zemin.

Se sabe que el sistema de seguridad depende de vínculos cara a cara, de la ‘regla de los dos hombres’ y del almacenamiento separado de las cabezas atómicas, y que las autoridades chinas consideran perfectamente adecuado el procedimiento. Dado que su postura estratégica no depende de una respuesta inmediata, es probable que tengan razón, aunque consta un esfuerzo de modernización de las redes telemáticas y de los sistemas de mando y control dentro del proceso general de modernización de las fuerzas armadas chinas.

India: arsenal de venganza

Otro país con una estricta política de no primer uso de armas nucleares es la India, desde que en 1974 detonase su primera prueba atómica. Sus dos enemigos principales son China y Pakistán; con el primero tiene una postura de inferioridad estratégica pero superioridad táctica convencional en la frontera, mientras que con el segundo sus mucho más volátiles relaciones se basan en la superioridad militar clásica.

La India dispone de 10 reactores nucleares y de recursos propios en toda la cadena de producción, desde minas de uranio a plantas de procesamiento de plutonio; se cree que actualmente produce alrededor de cinco a seis cabezas nucleares cada año, y que su arsenal está entre las 50 y 200 armas. Los vectores de lanzamiento son sobre todo misiles de alcance intermedio, de crucero y balísticos, aunque se trabaja en el despliegue de SLBM y de misiles balísticos intercontinentales para garantizar una adecuada capacidad de respuesta ante China. También se dispone de aviones con capacidad de ataque atómico. Se cree que la mayoría de las armas indias están separadas de sus cabezas nucleares.


El mando y control del armamento nuclear indio está en manos de la Autoridad de Mando Nuclear, un organismo dividido en un Consejo Político y un Consejo Ejecutivo. La misión del Consejo Ejecutivo, que preside el consejero de Seguridad Nacional, es informar y recomendar cursos del acción al Consejo Político, presidido por el presidente de la India; solo este cuerpo tiene la autoridad para lanzar un ataque nuclear. Existen disposiciones, creadas por el Consejo Ejecutivo, para garantizar la capacidad de represalia en caso de cortes de la cadena de mando normal.

En la Autoridad de Mando Nuclear se sabe que están los ministros del Interior, Asuntos Exteriores, Defensa y Economía, y en el Consejo Ejecutivo, los jefes de Estado Mayor de las tres armas, pero la composición exacta es secreta. Existen redes de comunicaciones y procedimientos reservados, pero no hay ni un equivalente al ‘football’ estadounidense ni centros de mando alternativos ni una cadena de sucesión claramente establecida. Existe, eso sí, una ‘línea caliente’ de comunicación con las máximas autoridades paquistaníes similar al mítico ‘teléfono rojo’ entre Washington y Moscú de la Guerra Fría.

Pakistán: la amenaza del débil

En contraste con sus vecinos China y la India, la postura estratégica de Pakistán está basada en la debilidad militar y estratégica: el país ha librado cuatro guerras con la India y las ha perdido todas, y mantiene un conflicto permanente a causa de la herida abierta de Cachemira. Como consecuencia, su posición respecto a su vecino ha ido haciéndose cada vez más agresiva, respaldando una estrategia de apoyo a grupos terroristas anti-indios que han llevado a cabo ataques con múltiples víctimas en la India.

Dada su inferioridad militar convencional, además ha desarrollado armas nucleares tácticas montadas sobre vectores de corto alcance para amenazar, y así disuadir, ataques blindados sobre su territorio, lo cual implica descentralizar el mando sobre este tipo de armamento y su dispersión física, lo que aumenta el riesgo de robo por parte de terceros. La estrategia nuclear paquistaní se basa en una doctrina de primer uso en caso de considerarse existencialmente amenazado, incluso sin ataques de armas de destrucción masiva, y se desarrolló en respuesta al plan indio denominado ‘cold start’ (arranque en frío) que postula ataques convencionales con divisiones acorazadas en profundidad para derrotar a Pakistán.



En Pakistán, existe también una Autoridad de Mando Nuclear colegiada presidida por el primer ministro del país que incluye a los ministros de Asuntos Exteriores, del Interior, de Finanzas, de Defensa y de Ciencia, así como a los comandantes del Estado Mayor de los cuatro cuerpos (ejército, marina, aviación e infantería de marina), así como el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor y el general director de la división de planes estratégicos.

Inicialmente, era el presidente del país quien presidía la autoridad de mando, pero tras las elecciones de 2008, una nueva ley puso en su lugar al primer ministro. Toda la autoridad para iniciar un ataque nuclear reside en este órgano, que tiene por tanto control sobre las entre 50 y 100 cabezas nucleares que se cree tiene el país, así como los vectores de lanzamiento: aviones y misiles de corto y medio alcance.

La responsabilidad para iniciar un ataque reside en la Autoridad de Mando Nuclear, que tiene control sobre las 50 o 100 cabezas nucleares que se cree que tiene

En caso de ser necesario, la orden de lanzamiento de la Autoridad de Mando Nuclear sería transmitida a la División de Planes Estratégicos, encargada de la planificación y de la formulación de planes, que a su vez se la transmitiría a los mandos estratégicos de las diferentes fuerzas. No se conocen los procedimientos exactos, aunque se cree que Pakistán usa la regla de los dos (o tres) hombres para asegurar las órdenes de montaje de las cabezas nucleares en los vectores, que se almacenan por separado, y de lanzamiento de ataques.

A partir de 1998, se procedió a modernizar el sistema, que ahora incluye versiones locales de sistemas PAL para garantizar la imposibilidad de una detonación no autorizada. Los procedimientos están especialmente diseñados para dispersar la autoridad de lanzamiento ante el potencial de golpes de decapitación mediante asesinatos de puntos clave de la cadena de mando; una posibilidad muy real en el país.

Israel: derribar el templo

Aunque nunca reconocido oficialmente, es ampliamente conocido que Israel dispone de armas nucleares desde finales de los años sesenta o principios de los setenta; a lo largo de los años, diferentes filtraciones han revelado la sofisticación de los dispositivos israelíes, que incluyen bombas de neutrones capaces de eliminar personas causando mínimos daños al entorno. Se calcula que el país dispone de entre 50 y 100 cabezas nucleares operativas que pueden ser lanzadas mediante aviones, misiles balísticos de alcance intermedio o intercontinental y misiles de crucero lanzados desde submarinos, lo que le proporciona una capacidad de represalia asegurada (segundo golpe) nada desdeñable.

Debido a la falta de profundidad estratégica del país, a la composición de su sociedad y su ejército y a la historia del pueblo judío, Israel considera que no puede perder ninguna guerra, jamás, y por tanto enfatiza aspectos como la inteligencia y la capacidad de maniobra. En cuanto a doctrina nuclear, esto implica que no se descarte ninguna opción, ni siquiera la del ataque preventivo (primer uso), lo cual incluye ataques tácticos contra fuerzas convencionales o incluso la opción Sansón, caso de ser necesaria.


La doctrina nuclear establece al menos cuatro ‘líneas rojas’ que dispararían una represalia caso de ser cruzadas: un ataque convencional que alcanzara regiones pobladas en Israel, la destrucción de la Fuerza Aérea israelí, ataques masivos sobre las ciudades del país (de cualquier tipo) o el uso de armas nucleares en su contra.

Lógicamente, se conocen pocos detalles sobre la estructura de mando y control del armamento nuclear israelí, aunque se piensa que es de tipo colegiado, con la autoridad última en el primer ministro aconsejado por miembros del gabinete y militares. Se considera que el país almacena separadamente los vectores y las cabezas nucleares, aunque al menos en una ocasión parece que se ordenó su montaje durante la Guerra del Yom Kippur, en 1973.

Aunque no hay confirmación oficial, se ha publicado que Golda Meir ordenó la preparación de hasta 13 bombas atómicas en misiles y aviones para usarlas si los ataques sirio y egipcio rompían sus respectivos frentes y como medida de presión para que Estados Unidos lanzara un masivo puente aéreo de armamento a su favor. También se sabe que el arsenal nuclear israelí se puso en estado de alerta durante los primeros ataques a Irak en la Primera Guerra del Golfo, en 1991.

Corea del Norte: el misterio

Públicamente, se desconoce casi todo sobre las armas nucleares norcoreanas, su número, capacidad operativa y sistema de mando y control. La mayor parte de los analistas de su estrategia atómica creen que el desarrollo de este tipo de armas tiene un objetivo político y diplomático más que militar: extraer concesiones de la comunidad internacional y garantizar la estabilidad del régimen, más que su uso puramente militar. Debido a esto y a las características del Gobierno de Corea del Norte, es probable que la autoridad de mando y control esté extremadamente centralizada en la cúpula del Gobierno y del partido.

LOS MISILES DE EEUU POSEEN UNA NUEVA CARACTERÍSTICA QUE LOS HACE MAS LETALES Y NOS ACERCAN AÚN MÁS A LA GUERRA NUCLEAR

LA ESPOLETA W-76

En el ámbito de la guerra, un avance tecnológico puede suponer más que una ventaja: puede ser una revolución y cambiar para siempre el equilibrio estratégico



En el ámbito de la guerra, un avance tecnológico puede suponer más que una ventaja: puede ser una revolución y cambiar para siempre el equilibrio estratégico entre dos adversarios. Un aro de metal colgado de una correa de cuero transforma la caballería en el arma más letal durante un milenio; un proyectil de cañón relleno de explosivos hace obsoletos a los buques de guerra de madera de un día para otro; una bala de plomo con una concavidad en la base transforma el mosquete en un rifle y aumenta su alcance un 50%, imponiendo un nuevo uso táctico de la infantería; tres ataques aéreos con éxito convierten al acorazado en poco más que apoyo artillero flotante.



En estos casos, un cambio relativamente menor multiplica la letalidad de un arma y hace posibles usos tácticos e incluso estratégicos nunca imaginados. El bando que realiza el avance obtiene una ventaja. Pero si esa ventaja es demasiado grande, el equilibrio se puede romper: el bando perjudicado puede decidir atacar antes de que el nuevo sistema esté operativo.

El potencial desestabilizador se multiplica cuando hablamos de estrategia nuclear, un campo en el que abundan las situaciones paradójicas debido a sus catastróficas consecuencias. Eso es justo lo que está ocurriendo con una simple mejora técnica en las espoletas de un modelo de cabeza nuclear estadounidense: ha hecho el mundo un poco más inestable y la guerra atómica un poco más probable.
La clave: misiles lanzados desde submarinos

Cada componente de la llamada Tríada Nuclear, base de la estrategia atómica, tiene características y cometidos diferentes. Los bombarderos tripulados son lentos y vulnerables, pero tienen a cambio la ventaja de que un ataque en marcha puede ser cancelado; además, pueden llegar desde cualquier dirección y cambiar su base. Los misiles balísticos intercontinentales con base en tierra tienen una enorme potencia, llegan en minutos a su blanco y son difíciles de interceptar, pero a cambio están en posiciones fijas conocidas por el enemigo, por lo que son vulnerables a un ataque de decapitación; por ello se instalan en silos acorazados.



Por fin los misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) tienen una función vital: son el arma de venganza definitiva. Su movilidad hace que sus proyectiles puedan llegar en pocos minutos a su blanco dependiendo de su zona de patrulla, pero su característica básica es que al estar escondidos en las profundidades del océano no pueden ser atacados preventivamente, lo que garantiza que un posible primer atacante recibirá una represalia letal.

Otra característica intrínseca de los misiles lanzados desde submarinos es que al despegar desde un objeto en movimiento son menos precisos que los que salen desde silos fijos, y sus cabezas nucleares son menos poderosas. Por este motivo se ha considerado hasta ahora que los SLBM no eran aptos para lanzar un primer ataque de decapitación contra las bases de misiles terrestres de un adversario, ya que, aunque su tiempo de vuelo reducido disminuye el tiempo de reacción del atacado, la menor precisión y potencia implica que cada uno de los silos debe ser blanco de varias cabezas nucleares para garantizar su destrucción. En la guerra nuclear ‘casi’ no es una opción: un único misil que sobreviva dentro de su silo puede arrasar decenas de ciudades y matar a decenas o centenares de millones de personas.

En el caso de los misiles estadounidenses Trident II, que equipan a los submarinos de la clase Ohio y también a los buques británicos de la clase Vanguard, las cabezas termonucleares son del tipo W-76 y van dentro de un vehículo de reentrada Mk-4; su potencia nominal es de 100 kilotones (casi siete veces la bomba de Hiroshima). La armada EEUU cuenta también con cabezas nucleares W-88 de 475 kilotones en vehículos de reentrada Mk-5 con iguales limitaciones de número en los misiles Trident II.

El problema: con la potencia de las W-76, había que asignar al menos tres misiles por silo para asegurar la destrucción

Cada submarino de la clase Ohio lleva 24 de estos misiles, cada uno de los cuales puede transportar hasta 14 vehículos de reentrada Mk-4 con capacidad de maniobra independiente (MIRV), pero para cumplir con las limitaciones de los tratados de limitación de armas nucleares solo se despliegan un máximo de ocho por misil. Entre 1978 y 1987, se fabricaron alrededor de 3.400 cabezas W-76, de las cuales siguen en servicio 3.030 en la marina estadounidense. La Royal Navy británica hasta hace poco usaba sus propias cabezas nucleares montadas en misiles Trident, pero las ha reemplazado por el último modelo Mk-76.

Con los actuales ritmos de patrulla, se estima que en cada momento hay desplegados entre cinco y seis submarinos, mientras que entre ocho y nueve están en puerto; esto sitúa la fuerza de disuasión estadounidense en entre 120 y 144 misiles que pueden lanzar entre 960 y 1152 cabezas nucleares W-76 de 100 kilotones. Por su parte, Reino Unido mantiene un submarino Vanguard siempre en patrulla armado con 16 misiles que llevan 12 cabezas cada uno, lo que supone una fuerza de represalia de 192 armas nucleares. Se trata de fuerzas de disuasión más que suficientes como para garantizar el completo arrasamiento de cualquier país que se atreviese a lanzar un ataque nuclear contra EEUU o Reino Unido.


Para lo que no se consideraban suficientes, sin embargo, era para lanzar un primer ataque denominado ‘contra fuerzas’, es decir, un lanzamiento contra los silos de un adversario capaz de destruir su arsenal de misiles antes de que estos despeguen. Solo las espoletas W-88 son lo bastante potentes como para destruir ‘blancos endurecidos’ como misiles protegidos en silos: un único lanzamiento basta para garantizar su destrucción. Las cabezas W-76, en cambio, solo podían usarse para destruir blancos ‘duros’ lanzando varios misiles por silo. El problema: con la potencia de las W-76 y la incertidumbre en el lanzamiento, para estar completamente seguro de la destrucción había que asignar al menos tres misiles por silo. Según estos cálculos, la fuerza submarina estadounidense no tenía capacidad para lanzar un primer ataque. Todo esto, sin embargo, ha cambiado de un plumazo con las nuevas cabezas W-76 mejoradas.

Así funcionan las nuevas 'superespoletas'

Diseñadas durante los años setenta y construidas en su mayoría durante los ochenta, estas armas fueron polémicas ya desde el principio, y han envejecido. Según algunos críticos, el diseño original era deficiente en algunos aspectos, lo que podía hacer que la explosión fuese defectuosa y no alcanzara la potencia de diseño. Además, los componentes electrónicos y físicos sufren deterioro con los años y el uso, por lo que deben ser reemplazados.

A principios de siglo comenzó un programa de aumento de la vida útil de las W-76 con el objetivo de extender su utilidad hasta la década de 2040. Tras una etapa de diseño y validación, los trabajos comenzaron en 2007 y se han extendido hasta ahora: se cree que todas las que ahora están desplegadas ya pertenecen al nuevo estándar mejorado W-76-1, que va asociado al nuevo vehículo de reentrada Mk-4A. La cuestión es que no solo se han remozado los componentes, aprovechando para remediar las dudas sobre la fiabilidad el arma; además, se ha cambiado el sistema de armado y explosión. Y la espoleta 'actualizada' proporciona una nueva capacidad: hace a las W-76-1 letales contra blancos endurecidos.

Uno de los componentes de la combinación W-76/Mk-4A que se ha reemplazado es el subsistema de armado y detonador (AFS: Arming and Fuzing Subsystem, en sus siglas en inglés), que integra un ordenador de vuelo, radar y un sistema de diagnóstico y control en un módulo compacto. El AFS se rediseñó para hacerlo más seguro, fiable y preciso haciendo más uso de componentes de tipo comercial para reducir también su coste. Como parte del rediseño, se añadió una nueva capacidad de la que carecían las W-76 originales: un detonador flexible capaz de ajustar la altura a la que se produce la explosión.

Las armas antiguas detonaban a una altura fija sobre el blanco, lo que combinado con la incertidumbre del punto de impacto (error circular probable de unos 100 metros) hacía que la probabilidad de que una única arma no detonara dentro de la ‘zona letal’ del blanco fuese muy elevada. Un riesgo inaceptable que solo podría compensarse lanzando varias armas por blanco.

Espoletas en proyectiles de 155 mm. (Wikimedia Commons)

Las nuevas ’superespoletas’ actúan de otra forma: miden su altura cuando aún están fuera de la atmósfera en la reentrada y calculan si el arma va a pasarse o a quedarse corta. Una vez realizada la medición ajustan su altura de explosión a este cálculo para garantizar que la detonación se producirá dentro del ‘volumen letal’ para el blanco. Esto prácticamente garantiza que todas las cabezas nucleares detonan dentro de la zona adecuada: la probabilidad de destrucción aumenta tanto que cada W-76-1/Mk4A hace el trabajo de 3 del modelo antiguo.

Antes de la introducción de la espoleta mejorada solo el 20% de las armas embarcadas en los submarinos balísticos estadounidenses tenían capacidad contra blancos reforzados; ahora todos los misiles la tienen. Las armas de mayor potencia, como la combinación W-88/Mk-5, ya no son necesarias para atacar silos y se pueden usar contra blancos más difíciles, como centros de mando subterráneos superprotegidos. Y esto cambia las cosas.

Desde el punto de vista de un adversario, el que todos los misiles de los submarinos puedan atacar con éxito blancos blindados puede hacer pensar que EEUU se prepara para un posible primer ataque al disponer de una posibilidad real de desarmar una hipotética respuesta. Como consecuencia, la respuesta racional es reducir el tiempo de decisión ante un potencial ataque: los misiles que ya están en vuelo no pueden ser destruidos por un ataque preventivo. Pero si un lanzamiento de misiles desde submarinos ya reduce ese intervalo a minutos, colocar las fuerzas en alerta rápida multiplica las posibilidades de error.

En la estrategia nuclear se producen este tipo de paradojas con frecuencia, como cuando el despliegue de un sistema antimisiles balísticos hace más seguro a quien lo instala, pero aumenta sustancialmente el riesgo de una guerra: la disuasión mutua solo se mantiene cuando ambos bandos son igual de vulnerables. Si uno obtiene una ventaja marcada, ya sea en defensa o en ataque, la balanza se desequilibra y la incertidumbre aumenta. Esperemos que las superespoletas de los SLBM no aumenten la inseguridad en un planeta que ya tiene demasiadas incertidumbres.

En caso de conflicto, ¿cuál es el arsenal militar del que disponen EEUU y China?

LA MARINA CHINA IGUALARÁ A LA DE EEUU EN 2020

Las incendiarias declaraciones de Trump y los miembros de su gabinete han hecho escalar la tensión entre EEUU y China. Este país ya ha 'sacado a pasear' su portaaviones Liaoning



China ha sacado a pasear por primera vez todo un grupo de combate de portaaviones centrado alrededor de su único y flamante CV-16 Liaoning. Su recorrido lo ha llevado por numerosos puntos clave de tensión en la zona, desde la cercanía de algunas islas disputadas con Japón hasta los alrededores de las islas artificiales que el país ha creado y fortificado en el Mar de China Meridional, pasando por el Estrecho de Taiwán, lugar de al menos tres crisis bélicas en el siglo XX. El problema es que el crucero de demostración ha coincidido con la llegada a la presidencia en EEUU de Donald Trump.



Las incendiarias declaraciones de Trump y sus miembros de su gabinete (y su llamada telefónica al presidente de Taiwán en diciembre) han hecho escalar la tensión entre ambas potencias. Los medios estatales chinos ya avisaron recientemente: EEUU se arriesga a una "guerra a gran escala" si bloquea el acceso a las islas del Mar de China Meridional. No es descabellado por tanto pensar que la tensión actual pueda desembocar en conflicto bélico. De ocurrir, ¿cuál es la correlación de fuerzas de ambos países en la región?

China: defensa creíble, ataque débil

En los últimos años China ha realizado importantes inversiones en la modernización de sus fuerzas armadas, que han pasado de estar basadas en los números y en la inmensidad del país a desarrollar importantes capacidades, con la incorporación de nuevos buques, aviones y sistemas de misiles bastante avanzados.

De seguir al ritmo actual de crecimiento, la Marina china alcanzará un tamaño equivalente al de la estadounidense antes de 2020

Tradicionalmente China ha tenido unas fuerzas armadas defensivas orientadas a impedir que otros puedan atacarles en casa: los avances de los últimos años intentan ampliar el área de defensa del país alejándolo de sus costas cada vez más. A pesar de las grandes innovaciones en aviación, misiles y buques de guerra, el país aún carece de una verdadera capacidad de proyección remota de fuerza, aunque ahora dispone de recursos para defender sus zonas próximas de modo creíble. Para lo cual ha gastado mucho dinero.


En 2014, por ejemplo, se estima que China dedicó 131.000 millones de dólares a su fuerzas armadas, un incremento del 12,5% sobre el año anterior. De seguir a este ritmo la Marina del país podría alcanzar un tamaño equivalente al de la estadounidense antes de 2020. Los números, sin embargo, no bastan a la hora de hacer comparaciones. Al fin y al cabo, EEUU invirtió casi 6 veces más en defensa en el mismo periodo. La calidad, la experiencia y la tecnología y composición de los ejércitos y las flotas también importan. En lo que se refiere a la Marina, China ha pasado en pocos años de ser apenas capaz de defender sus costas a ampliar sustancialmente las zonas de mar cercanas sobre las que puede ejercer control, e incluso a desarrollar una incipiente capacidad de proyección estratégica con un sustancial incremento de la cantidad y calidad de los buques disponibles. En caso de tensiones con los EEUU, la nueva armada china jugaría un papel decisivo.

Separada de aguas abiertas por dos cadenas de islas(el reguero que conecta Japón con Taiwán y con Filipinas y Borneo; la conexión Japón - Marianas - Guam - Palaos - Papúa Nueva Guinea) la estrategia china pasa por defender los mares intermedios impidiendo el paso a fuerzas externas y al mismo tiempo abriendo a sus flotas la posibilidad de salir libremente al Pacífico Central y el Índico.

Los misiles balísticos antibuque y las bases en el Mar de China Meridional forman parte de la parte defensiva de la ecuación estratégica

Para conseguir el primer objetivo, China ha optado por una estrategia A2/AD o de denegación de acceso: desarrollar sistemas de armamento de largo alcance que amenacen a aviones y buques de cualquier rival creando ‘burbujas’ inaccesibles para fuerzas externas. Para reforzar esta estrategia y para abrir la salida a aguas abiertas tras las dos cadenas de islas desde inicios del nuevo milenio, China decidió desarrollar también una flota basada en grupos de combate de portaaviones. Pero eso es mucho más fácil de decir que de hacer.

El desarrollo de sistemas como los misiles balísticos antibuque y las bases en el Mar de China Meridional forman parte de la creación de burbujas A2/AD, es decir, de la parte defensiva de la ecuación estratégica. Para reforzar la defensa y para proyectar fuerza a distancia están los grupos de combate de portaaviones. Lo que ocurre es que la aviación naval es un empeño extremadamente complejo y caro: los barcos son caros y requieren astilleros avanzados, el portaaviones debe ser protegido por un grupo de escolta que lo mantenga a salvo de ataques de misiles, aviones y submarinos, y los aviones del ala aérea embarcada deben ser diseñados ex profeso.


Además, hacen falta años de entrenamiento y experiencia, duramente ganada, para conseguir que todas las partes funcionen a la perfección, desde los pilotos navales a las escoltas, desde el trasvase de suministros en marcha hasta la capacidad de proyección a gran distancia. La marina estadounidense, que realizó sus primeros empeños serios en la Segunda Guerra Mundial, se calcula que sufrió 4.500 bajas de aviadores y marinos en accidentes durante la Guerra Fría; las lecciones que le permiten mantener un tempo y una efectividad sin igual han sido aprendidas, literalmente, con sangre.

El portaaviones Liaoning

El crucero realizado por el grupo de combate del Liaoning, el único portaaviones en la marina china por el momento, demuestra los grandes avances conseguidos pero también muestra sus debilidades. Su historia es larga y truculenta: nacido Varyag de la clase Kuznetsov pero abandonado tras la caída de la Unión Soviética, el actual navío fue remolcado como poco más que un cascarón oxidado desde Ucrania hasta China para ser convertido en un casino flotante, como otros grandes buques ex soviéticos.

Sin embargo, se decidió ponerlo en servicio para lo cual fue adaptado y equipado con motores, electrónica y todo lo necesario para su uso como base de aviación naval mientras en tierra una pista simulada con las dimensiones adecuadas servía para entrenar a los primeros pilotos. Entregado a la Marina a finales de 2012, desde entonces sirve como buque de entrenamiento y de desarrollo de procedimientos, pero su actual salida ha sido el primer despliegue prolongado en condiciones similares a las reales.

El buque cuenta con muchas de las limitaciones de su semigemelo, el ruso Almirante Kuznetsov: mucho más pequeño que los superportaaviones estadounidenses de las clases Nimitz y Ford, el Liaoning opera con el esquema STOBAR (despegue corto, aterrizaje con retención) y cuenta con una rampa de despegue. A pesar de ello, el peso máximo al despegue de los aviones que embarca es limitado, lo que reduce su radio de acción y el armamento que pueden llevar; originalmente la clase Kuznetsov estaba diseñada como crucero de aviación armado con misiles antibuque (que el Liaoning no lleva) y una misión fundamentalmente de superioridad aérea, antibuque y antisubmarina local. Los aviones a bordo, los Su-33 en el caso ruso y sus derivados Shenyang J-15 Tiburón Volador en el buque chino, son ante todo cazas que permiten controlar el espacio aéreo alrededor de una flota, pero apenas tienen capacidad de ataque a buques de superficie u objetivos terrestres.



En el despliegue recién realizado, el Liaoning ha sido escoltado por dos destructores Tipo 052C, armados con 48 misiles antiaéreos de largo alcance HHQ-9 y con un radar AESA avanzado, un moderno destructor de misiles guiados Tipo 052D Luyang III, dos fragatas Tipo 054A, una corbeta Tipo 056 y un buque de suministro Tipo 903A. En la cubierta del portaaviones se han visto hasta 3 helicópteros pesados Changhe Z-18, quizá de la versión antisubmarina Z-18F son sonoboyas y sonar de profundidad variable, y ocho cazas J-15.

En algunos momentos del periplo, el grupo de combate estuvo acompañado por un submarino de misiles balísticos (SLBM) del Tipo 094, una compañía poco habitual en la doctrina occidental pero similar a la idea soviética de uso de sus cruceros portaaviones para proteger los ‘santuarios’ donde se escondían sus SLBMs y asegurar así la capacidad de respuesta. A diferencia del crucero de su semigemelo ruso, el del Liaoning ha estado exento de accidentes.

Por lo que se sabe hay un segundo portaaviones muy similar al Liaoning en avanzado estado de construcción en China (CV-17) y quizá se hayan iniciado ya los trabajos en un tercero (CV-18) más grande y con características CATOBAR (despegue por catapultas, aterrizaje con retención) aunque aún de propulsión convencional; los siguientes (CV-19 en adelante) podrían usar reactores nucleares. Se estima que el objetivo es que hacia 2030 China pueda contar con hasta 6 portaaviones, al menos 2 tipo Liaoning, 2 similares a los ya retirados superportaaviones estadounidenses de propulsión convencional y quizá uno o dos de propulsión nuclear. El rápido crecimiento de la flota de destructores de misiles y de fragatas proporcionaría escoltas a varios grupos de combate de tal modo que al menos uno o dos pudieran estar siempre disponibles. Todo esto si todo sale bien; hasta entonces el Liaoning y sus primeros compañeros apenas podrán protegerse a sí mismos de un ataque, mucho menos actuar como fuerza ofensiva.

La marina china está desarrollando su capacidad de ataque anfibio: cuenta, entre otros, con 26 barcos de desembarco de tanques

La reciente fortificación de las islas reclamadas en el Mar de China Meridional, con el despliegue de avanzados sistemas antiaéreos de largo alcance y de defensa de punto, además de misiles antibuque y la construcción de pistas y hangares fortificados para operar cazas, convierten estos puntos en claves para establecer e imponer una zona de control aéreo (ADIZ) sobre toda esta disputada zona. Aunque es dudoso que estas islas pudieran mantenerse operativas mucho tiempo en caso de conflicto, la necesidad de eliminarlas influiría sobre cualquier estrategia de ataque. Las amenazas vertidas por políticos cercanos a Trump hacen temer que estas bases puedan convertirse en puntos de tensión en el inmediato futuro.

Ataques anfibios y submarinos

Otros importantes activos militares chinos en caso de conflicto en la zona son los misiles balísticos antibuque y su potencial amenaza sobre los grupos de combate de portaaviones estadounidenses, con todos sus matices. La marina china también está desarrollando notablemente su capacidad de ataque anfibio, para la que cuenta con 26 barcos de desembarco de tanques del Tipo 072 en sus diversas variantes, una treintena de buques de desembarco intermedios de los Tipos 073 y 074 y, especialmente, con 4 nuevos buques anfibios del Tipo 071 clase Yuzhao, con capacidad para desembarcar cada uno un batallón de infantería de marina con entre 15 y 20 vehículos mediante 'hovercrafts' y helicópteros.

La expansión de la capacidad de desembarco es relevante en caso de una nueva crisis en Taiwán. Además, China contaría con el apoyo de su aviación y de sus nutridas fuerzas de artillería de misiles (ventajas de 'jugar' cerca de casa).


En cuanto a submarinos, China cuenta con 4 SLBMs del Tipo 094, clase Jin, considerados equivalentes a los Delta III soviéticos de finales de la Guerra Fría y armados cada uno con 12 misiles JL-2, con un alcance de unos 8.000 km. Además tiene 6 submarinos nucleares (SSNs) de los Tipos 091 (3 activos), 093 (2 activos, 4 en construcción) y 095 (1 a punto de entrar en activo, 5 estimados). Además dispone de una gran flota de submarinos convencionales, algunos de los cuales están dotados de sistemas de propulsión independientes del aire (AIP), que en las regiones costeras pueden ser incluso más peligrosos para buques enemigos que los SSNs.

Destacan los más de 15 en activo del Tipo 039A (o 041), los 13 del Tipo 039 con caso en forma de lágrima, los 12 de la clase Kilo originalmente soviética y los 16 del Tipo 035 que todavía quedan en servicio, aunque van siendo retirados. Algunos de estos submarinos disponen de sistemas de lanzamiento vertical de misiles capaces de disparar misiles de crucero y antibuque. Como prueba de la calidad alcanzada por los barcos y tripulaciones chinas en 2006, un submarino clase Song (Tipo 039) emergió repentinamente a 9 millas (16,6 km) del portaaviones estadounidense Kitty Hawk en el Mar de China Oriental sin que sus escoltas lo hubiesen detectado. A tiro de torpedo.

Muchas de las armas y equipos chinos son diseños derivados de modelos rusos y su calidad en operaciones reales es inconsistente

En la parte negativa los indudables progresos realizados por la Armada china han de ser puestos en contexto: hay factores de calidad que han de ser tenidos en cuenta. La experiencia en el mantenimiento de fuerzas expedicionarias no es algo que se improvise en poco tiempo, y la Marina china es una recién llegada a las operaciones de largo alcance. Los despliegues de buques en las patrullas internacionales contra la piratería en la entrada del Mar Rojo y las cada vez más frecuentes visitas de barcos chinos a puertos del Índico y de muchos lugares del Pacífico están proporcionando esa experiencia, pero aún no es suficiente para garantizar un alto grado de eficacia en operaciones de combate.

Por otra parte, las armas y equipo presentan un aspecto imponente, pero muchas de ellas son diseños derivados de modelos rusos o incluso soviéticos y su calidad en operaciones reales es inconsistente. Persisten también deficiencias estructurales, como la incapacidad de desarrollar sistemas de mando y combate propios o los problemas para fabricar motores de turbina de gas o reactores para los cazas de mayor rendimiento.

En el otro bando: EEUU y aliados

De cara a un hipotético conflicto naval en Asia, Estados Unidos cuenta con varias bazas importantes en forma de bases avanzadas como Guam, en la Segunda Cadena de Islas, 23 establecimientos diferentes en Japón (destacando Okinawa, en la Primera Cadena de Islas) y sus bases en Corea del Sur. Además puede contar con aliados como Australia o Filipinas, aunque últimamente el gobierno de este último país se haya mostrado menos amistoso. Otros países de la zona como Vietnam o Taiwán probablemente estarían del lado estadounidense al considerar a China su enemigo.

Estados Unidos siempre puede desplazar sus portaaviones a lugares de crisis, pero en el caso de esta región cuenta con uno permanentemente estacionado allí: desde el 1 de octubre de 2015 el USS Ronald Reagan tiene como puerto base Yokosuka, en Japón, como portaaviones destacado de la Séptima Flota.


El Reagan es un clase Nimitz que tiene capacidad para generar más de 100 ataques diarios con sus casi 90 aviones y helicópteros y, dado que es del tipo CATOBAR, puede hacer despegar a sus aparatos con mayor carga de combustible y armas, dándole mayor capacidad de ataque a distancias más largas. En los despliegues el Reagan va escoltado por uno o dos cruceros antiaéreos y un par de destructores, además de un submarino nuclear SSN de las clases Los Angeles, Seawolf o Virginia. Los aviones F/A-18 son su principal arma de ataque a tierra, antibuque y antiaérea, y cuenta con el sistema Aegis a bordo de sus escoltas para protegerse de ataque con misiles de crucero o balísticos. En momentos de tensión, un segundo grupo de ataque portaaviones se podría desplegar en la región.

Aparte, Estados Unidos cuenta con un gran buque anfibio del tipo LHD estacionado en el puerto de Sasebo (Japón); estos barcos pueden actuar como ‘miniportaaviones’ ya que disponen de una cubierta corrida en la que pueden operar helicópteros, convertiplanos y aviones VTOL. Actualmente el buque destinado en Japón es el USS Bonhomme Richard, de la clase Wasp, que será reemplazado en 2017 por el USS Wasp, primero de su clase.

EEUU cuenta con un gran buque anfibio estacionado en el puerto de Sasebo (Japón); estos barcos pueden actuar como 'miniportaaviones'

El cambio es significativo porque el Wasp ha sido modificado para poder operar con los nuevos F-35B de despegue vertical. Además, EEUU cuenta con bases aéreas en Japón y Corea del Sur para sus cazas en las que a menudo hacen despliegues de aparatos como los F-22 Raptor. Recientemente se ha realizado una demostración de despliegue de los F-35B de los Marines. Los bombarderos furtivos B-2 han realizado despliegues en Guam, desde donde podrían realizar ataques sobre cualquier punto de Asia, y a menudo se realizan vuelos de aparatos como los B-52, bien desde el continente americano, o bien desde Hawaii.

En cuanto a fuerzas submarinas Estados Unidos tiene 57 submarinos nucleares de ataque en activo; 43 de la Clase Los Angeles, 3 de la clase Seawolf y 11 de la clase Virginia (de los que habrá al menos 5 más). También cuenta con cuatro submarinos de misiles de crucero (SSGNs) convertidos a partir de SSBNs de la clase Ohio y armados con hasta 154 misiles Tomahawk. La Armada estadounidense no cuenta con submarinos convencionales. Como complemento a todas estas armas, el país dispone de una red de apoyo considerable en términos logísticos, de comunicaciones y de vigilancia, espionaje y control, además de décadas de experiencia en la patrulla y control de los mares.



Pero a la hora de evaluar a los posibles contrincantes en esta zona es necesario asimismo mencionar a los aliados de EEUU, que lucharían a su lado y cuya contribución no sería desdeñable en el ámbito naval. Japón, Australia y Corea del Sur cuentan con avanzados submarinos convencionales, algunos de ellos con capacidad de ataque a tierra con misiles de crucero. Asimismo estos tres países disponen de buques anfibios de cubierta corrida capaces de operar helicópteros y (algunos) aviones de despegue vertical como las clases Hyūga (2) e Izumo (1 en servicio, 1 a punto) japoneses, los clase Camberra australianos (2, basados en el BPE Juan Carlos I español) o los Dokdo surcoreanos (1 activo, 1 en construcción). Vietnam, con intereses en el Mar de China Meridional, se ha rearmado con misiles para amenazar a las fuerzas chinas en el sector y crear su propia burbuja A2/AD. Y las fuerzas aéreas japonesas y taiwanesas no son desdeñables en caso de conflicto en la zona.

Así pues, la cantidad y calidad del armamento presente en el área no permite predecir con certeza quién saldría victorioso de un enfrentamiento, ya fuese en Taiwán, ya en el Mar de China Meridional. Lo que sí es seguro es que semejante guerra se convertiría rápidamente en una carnicería, con graves y sangrientas pérdidas por ambas partes; esperemos que nunca lleguemos a resolver este dilema.