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sábado, 26 de diciembre de 2020

El rompecabezas de la OTAN ‎

Nadie ha cuestionado las reglas de la OTAN, con excepción de la Francia del presidente ‎Charles de Gaulle –en 1966. Sin embargo, debido a sus constantes derivas ‎desde 2001, hoy todos sus miembros –menos Turquía– se plantean la posibilidad de ‎dejar esa alianza guerrerista. También lo hace Estados Unidos, donde la alianza ‎atlántica ya no se ve como algo indispensable. Un informe interno sobre lo que ‎debería ser en el futuro ilustra las contradicciones de la OTAN y lo difícil que resulta ‎reformarla. ‎

En momentos en que la hiperpotencia estadounidense ha caído en un estado de decadencia ‎avanzada y habiendo mencionado el presidente Trump la posibilidad de sacar a Estados Unidos ‎de la OTAN, los demás Estados miembros se interrogan sobre el futuro de la alianza atlántica. ‎Debido a ello, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, creó en abril una comisión de ‎reflexión, en la que figuran 10 personalidades atlantistas, para definir cómo será la OTAN ‎en 2030. ‎

El objetivo de esa comisión o grupo de expertos era redefinir la alianza, como se hizo en 1967, a ‎raíz de la salida de Francia del mando integrado de la OTAN. ‎

En aquella época, el ministro de Exteriores de Bélgica, Pierre Harmel, se dio a la tarea de ‎coordinar una gran consulta, teniendo en cuenta la voluntad francesa de recuperar la ‎independencia nacional. Adaptándose a la lógica del presidente francés Charles de Gaulle, Pierre ‎Harmel separó los aspectos políticos de la OTAN (el Tratado) de los aspectos militares ‎‎(la Organización). ‎

Por supuesto, Pierre Harmel no cuestionaba el control estadounidense sobre el llamado ‎‎«mundo libre». Siendo social-cristiano –aunque en documentos procedentes de sus archivos ‎personales él mismo se define como ideológicamente demócrata-cristiano–, Pierre Harmel ‎estaba en contra de la URSS, tanto por los principios colectivistas que ese país defendia como ‎por su ateísmo. Eso era lo que había llevado a Pierre Harmel a implicarse en el Movimiento de ‎Líderes Cristianos [1], organizado por el Pentágono. ‎

Ese nuevo grupo de reflexión de la OTAN entregó su informe el 25 de noviembre de 2020. ‎

Al contrario de lo que se esperaba, el grupo de reflexión de la OTAN no habla de nuevos ‎horizontes sino que llama a concentrarse sobre lo que une a los países miembros: los «valores ‎comunes» que menciona el tratado de constitución de la alianza atlántica –«los principios de la ‎democracia, las libertades individuales y el reino del derecho» [2]. El problema es que los principios ‎de la democracia acaban de ser violados en Estados Unidos por los fraudes electorales mientras ‎que las libertades individuales son cada vez más restringidas en cada uno de los países miembros ‎de la OTAN desde que se inició la epidemia de Covid-19. En cuanto al reino del derecho, ‎en Turquía ya no existe. ‎

Preámbulo

Aquí se impone un preámbulo. La OTAN nunca fue una «alianza» en el sentido de ser una libre ‎asociación de actores interesados en fortalecer su defensa. De hecho, es más bien lo contrario ‎ya que, desde su fundación, los miembros de la OTAN se han visto obligados a aceptar a Estados Unidos como jefe de la “alianza” y a obedecer sus órdenes, poniendo siempre ‎sus propias tropas bajo el mando de los jefes militares estadounidenses. En la práctica, la OTAN ‎es una legión extranjera al servicio de los anglosajones, con Estados Unidos como comandante y ‎el Reino Unido como segundo al mando. Esta violación flagrante del principio de soberanía ‎inscrito en la Carta de la ONU hace que la OTAN se vea obligada a utilizar un discurso sesgado. ‎

Pero la linda retórica de la OTAN –en apariencia cargada de nobleza– no logra ocultar su ‎comportamiento de delincuente.
Durante la guerra fría, los anglosajones utilizaron un servicio secreto de la OTAN para garantizar ‎que los demás Estados miembros se sometieran siempre a sus órdenes. Crearon una vasta red ‎‎stay-behind, supuestamente destinada a ser una fuerza de resistencia frente a una hipotética ‎invasión soviética pero que en realidad fue utilizada para eliminar toda forma de independencia ‎de sus propios “aliados”. Así organizaron asesinatos de dirigentes políticos y orquestaron golpes ‎de Estado entre otros países miembros de la alianza atlántica. Todo eso se estudia hoy en día ‎en las academias militares anglosajonas y varios historiadores han estudiado minuciosamente esos ‎hechos [3].‎
Ese sistema ha sido mantenido, a pesar del fin de la guerra fría, bajo una forma hoy diferente. ‎Cada Estado miembro de la OTAN está obligado a autorizar por escrito los países anglosajones ‎a espiarlo… con ayuda de sus propios funcionarios, como reveló el contratista estadounidense ‎Edward Snowden, y como quedó comprobado no más tarde que el mes pasado en Dinamarca ‎‎ [4].‎
Además, el mando militar anglosajón de la OTAN no vacila en violar los estatutos de la alianza ‎atlántica cuando le conviene. Por ejemplo, pese a la oposición del Consejo del Atlántico Norte –‎principal órgano de decisión política de la OTAN–, fueron los países anglosajones quienes ‎decidieron por su cuenta implicar a la alianza atlántica en los bombardeos contra Libia y el ‎derrocamiento de Muammar el-Kadhafi. ‎

Una comisión bajo estrecha vigilancia

Sabiendo todo lo anterior sería ingenuo creer que la comisión de reflexión pudo “reflexionar” ‎libremente. ‎

Para empezar, esa comisión tenía como presidente a Wess Mitchell, quien fue asistente del ‎secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson y se ocupaba de los asuntos europeos y ‎euroasiáticos. ‎

Resulta además que Wess Mitchell es autor de un sorprendente estudio –La Doctrina del ‎Padrino– que no aparece mencionado en la biografía que de él divulga la OTAN. ‎En ese estudio, Wess Mitchell compara las tres principales tendencias que conforman la política ‎exterior de Estados Unidos a los métodos de los tres hijos del «Padrino», Don Vito Corleone, ‎‎“héroes” de la novela de mafiosos del escritor Mario Puzzo y de los célebres films de Francis Ford ‎Coppola ‎ [5]. Y Wess Mitchell se pronuncia por una mezcla de soft power y de ‎‎hard power, incluyendo las “técnicas” que practican los mafiosos. ‎

‎¿Cómo no ver la presencia de esos métodos en operaciones de verdadero chantaje orquestadas ‎en años anteriores contra varios miembros de la comisión de reflexión de la OTAN? ‎

Antes de ir más lejos, es importante que precisemos que los elementos que vamos a presentar ‎aquí no significan que ciertos miembros de la comisión hayan cometido graves delitos sino que ‎tuvieron conocimiento de tales hechos y no los denunciaron. ‎

Veamos, por ejemplo, el caso del alemán Thomas de Maiziere, ex director de la cancillería ‎federal y posteriormente ministro del Interior y ministro de Defensa [6]. Dejemos de lado el hecho ‎indiscutible de que de Maziere ha tenido varios “tanques pensantes” estadounidenses como ‎padrinos. Antes de convertirse en la mano derecha de Angela Merkel, el ilustre Thomas ‎de Maziere ocupó, entre otros, el cargo de ministro del Interior del Lander alemán de Sajonia ‎‎(de 2004 a 2005), función que lo llevó a tener conocimiento del caso de la «ciénaga sajona» ‎‎(Sachsensumpf). En aquel momento, de Maziere consideró que las informaciones recogidas por ‎el ministerio del Interior del Lander eran «serias» pero no las transmitió a la justicia –‎se trataba de un caso de prostitución de menores en el que estaban implicadas altas ‎personalidades locales. Aquel caso resurgió años después, cuando Thomas de Maiziere ‎se convirtió en ministro de Defensa, con la revelación de varios hechos que habían sido ‎‎“enterrados”, cuestionamientos sobre testimonios y debates parlamentarios [7].‎

Veamos ahora el caso del francés Hubert Vedrine, ex secretario general de la presidencia de la ‎República Francesa (de 1991 a 1995) y posteriormente ministro de Exteriores (de 1997 a 2002). ‎Siendo Vedrine el colaborador más cercano del presidente francés Francois Mitterrand [8], la OTAN logró ‎‎“comprometerlo” mientras se encontraba en una casa a la cual iba 2 veces al mes para ‎participar en la reunión de las autoridades municipales del pequeño poblado donde Vedrine había ‎sido electo. Allí, bajo la mirada despreocupada del colaborador del presidente Mitterrand, varios ‎miembros neonazis de la red stay-behind de la OTAN montaron el estudio de pornografía infantil ‎más grande de toda Europa [9]. ‎Aquel escándalo acabó siendo “enterrado”. Por iniciativa propia, el responsable de la seguridad ‎de la presidencia de la República Francesa hizo “desaparecer” a 2 actores –uno de ellos ‎fulminado por un «ataque cardiaco». Sin embargo, la muerte del segundo –probablemente ‎asesinado por un miembro de la inteligencia francesa que llegó inesperadamente a su casa para ‎detenerlo– no pasó inadvertida y dio lugar a un debate en la Asamblea Nacional [10].‎

En ambos casos, dado el hecho que la verdad nunca salió a la luz, los mencionados miembros ‎de la comisión de reflexión de la OTAN están expuestos a ser objeto de chantaje. ‎

Un informe revelador de conflictos internos

El informe de la comisión de reflexión, presentado bajo el título NATO 2030: United for a ‎New Era (“OTAN 2030: unidos por una nueva era”), resulta más esclarecedor por lo que ‎debería decir y no dice que por su contenido.

En primer lugar, el informe machaca tanto los «valores comunes» que esto acaba sonando ‎como una acusación contra Estados Unidos y Turquía. Propone abstenerse de actuar ante las ‎violaciones comprobadas (en realidad, es imposible “castigar” a Washington) y tomar más bien ‎iniciativas antes de que tales valores lleguen a ser violados, lo cual es una manera de pasar la ‎página en cuanto al pasado y exigir sólo que lo sucedido no vuelva a suceder.‎

El informe designa a Rusia como único rival actual de la OTAN y a China como el próximo.

Recapitula todas las operaciones de la OTAN dentro y fuera de “su” zona geográfica, ‎exceptuando la destrucción de Libia, decidida exclusivamente por el mando anglosajón de ‎la alianza y a espaldas del Consejo del Atlántico Norte. Ese “olvido” es una muestra de rencor. ‎

Sin embargo, al referirse al sur de la zona geográfica de la OTAN, el informe subraya que cuando ‎hay seguridad en los países vecinos de la OTAN, la OTAN es más segura. Esto es un rechazo ‎indirecto de la doctrina Rumsfeld/Cebrowski de destrucción sistemática de los Estados en los ‎países del «Gran Medio Oriente» o «Medio Oriente ampliado» ‎ [11]‎, con lo cual el informe cuestiona implícitamente ‎la destrucción de Libia. ‎

Es importante recordar que en el momento de la agresión contra Libia, Muammar el-Kadhafi ‎parecía haber pasado a ser visto como un aliado de Estados Unidos. El presidente George ‎Bush hijo incluso llegó a felicitarlo por haber renunciado a la energía nuclear y haber aceptado ‎dejar en manos de Mahmud Jibril la reorganización de la economía libia. Pese a ello, de la noche ‎a la mañana Jibril se convirtió en jefe de la oposición y exigió la partida de Kadhafi.

Sobre el control de armas, la comisión de la OTAN se limita a mencionar sólo de pasada ‎el tratado de la ONU que apunta a prohibir las armas nucleares, pero sólo lo menciona para ‎condenarlo firmemente. En este punto, la comisión remite a los trabajos de Pierre ‎Harmel, que datan de 1967, y a la afirmación del objetivo de la disuasión y la distensión. Y ‎de nuevo se trata aquí de una forma velada de condena de la actual deriva de la OTAN, que está ‎incrementando su arsenal mientras rechaza las proposiciones del presidente ruso Vladimir Putin ‎en materia de desarme.

Sobre las fuentes de recursos energéticos, la comisión plantea como algo evidente el derecho de ‎la OTAN a garantizar su pleno acceso a las fuentes de hidrocarburos en el mundo entero, ‎sin importar las necesidades de las demás potencias.

En cuanto a la guerra mediática, la comisión de reflexión invita la OTAN a apoyarse en sus ‎ciudadanos. Sin cuestionar la licitación del 15 de octubre de 2020, la comisión aprueba los ‎objetivos del Centro de Excelencia de las Comunicaciones Estratégicas de Riga, pero cuestiona sus ‎métodos.

Al abordar la unidad de la alianza, la comisión subraya el compromiso de los miembros de ‎la OTAN a defender a cualquiera de ellos que sea atacado –en virtud del Artículo 5. Pero ‎también explica –en alusión al comportamiento de Turquía– que ese compromiso sólo podría ‎concretarse si cada Estado miembro respeta estrictamente los «valores comunes» de la alianza. ‎Después de la publicación del informe, el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo ‎se tomó el trabajo de venir a decir personalmente a los demás ministros de Exteriores de ‎la OTAN sus pensamientos más negativos sobre Turquía, abriendo así el camino a una posible ‎expulsión de Ankara de la alianza, o incluso a una guerra contra el presidente turco Recep Tayyip ‎Erdogan. ‎

En una evidente muestra de ironía, la comisión sugiere la creación de un Centro de Excelencia ‎para la Resiliencia Democrática.

Sobre el funcionamiento de la alianza, la comisión trata de prevenir que sus estatutos sean ‎violados nuevamente bajo la justificación de alguna “urgencia”, como sucedió con la destrucción ‎de Libia, así que aconseja consultas a todos los niveles, principalmente con la Unión Europea y ‎con los países asociados de la región indo-pacífica, susceptibles de convertirse en miembros de ‎la OTAN. ‎

Conclusión

A pesar de las presiones ejercidas sobre los miembros de la comisión de consulta, ‎está no evadió los verdaderos problemas, pero se abstuvo de abordarlos explícitamente. ‎En definitiva, todos están conscientes de que la OTAN es una herramienta de dominación ‎al servicio de los anglosajones y quienes quisieran liberarse de su control están tratando de ‎no dejarse arrastrar nuevamente, a sus expensas, a nuevos conflictos. ‎

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