Buscar en este blog

domingo, 15 de marzo de 2015

La armada rusa desfilará junto al ejército de Venezuela mientras buques de guerra rusos fondean en la costa



La historia se repite. A la vez que Estados Unidos y Cuba fraguan a la carrera el deshielo para validar el esperado abrazo en la Cumbre de las Américas, Washington y Caracas arman otra Guerra Fría.

Desde que el presidente Obama anunció las sanciones al Gobierno de Nicolás Maduro y declaró que Venezuela constituye una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, el régimen chavista no ha perdido tiempo en proclamar que la "invasión yanqui" es inminente. Tanto, que Maduro preparó a la nación para hacer ejercicios militares este sábado como clara señal a la "bota" imperialista de que están listos para el combate.

Pero para que una Guerra Fría sea como Dios manda, el Kremlin tiene que tomar cartas en el asunto. Sucedió en la década de los sesenta, cuando Kruschev se dejó enredar por Fidel Castro, en aquel entonces bastante más ansioso que la ex Unión Soviética por apretar el botón rojo que habría causado un holocausto nuclear. Ahora Vladimir Putin se suma a este revival siguiendo la lógica de Kruschev, en aquel momento rodeado de bases militares estadounidenses en Europa y resuelto a dar la batalla en el patio de su archienemigo.

Hoy, con las sanciones impuestas a Rusia y el apoyo de la administración Obama a Ucrania, el mandatario ruso ve en Venezuela, Cuba o Nicaragua terrenos fértiles para aumentar su influencia en la Región. De ahí su oferta de hacer desfilar la armada rusa junto al ejército bolivariano mientras sus buques de guerra fondean en aguas venezolanas.

El propio jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el comandante John Kelly, acaba de advertir en una audiencia del Senado que Venezuela vive una situación muy volátil, a lo que hay que añadir la preocupación del Pentágono por los desplazamientos de navíos o bombarderos rusos. Por otra parte, Kelly matizó que dichos movimientos militares son más una molestia que una verdadera amenaza.

Mientras Maduro busca aliados en Daniel Ortega, quien le ha brindado todo su apoyo con un acto de masas en Managua, en los Castro (que se saben a pie juntillas el guión a seguir) y en Putin (la Guerra Fría es un menage a trois), también le tiende puentes a la Casa Blanca "para que avancemos juntos en diálogos francos y se subsane este grave problema que se ha crecido."

El gobernante venezolano insiste en que es una "locura" plantear que su país representa una amenaza para Estados Unidos, y de algún modo el general Kelly le da la razón al resaltar la visión que hasta hace poco tenía la administración Obama: un fastidio pero no un peligro como el que podría representar Irán para la seguridad global y de los estadounidenses.

Acaso el problema del mensaje de Obama, fundamentado en la violación de los derechos humanos en Venezuela, es la omisión de elementos desestabilizadores en el país sudamericano que desde hace tiempo le preocupan a su gobierno: los narcogenerales que cooperan con el tráfico de drogas que manejan las FARC colombianas y las estrechas relaciones del chavismo con Irán, cuya presencia en Venezuela sirve de plataforma en toda la Región. A su regreso de Teherán en enero de este año Maduro dijo "Al igual que él (Chávez), reconocemos a Irán como nuestra casa".

Venezuela y Rusia podrán sacar sus tanques, empeñados en enseñarles la garras al eterno adversario. Ya lo hizo Cuba en su día y al final la única invasión real será la de los turistas "yanquis". Pero ahora toca jugar a la guerra y ya se sabe que Putin se apunta a cualquier bombardeo.

Fuente: El Mundo

No hay comentarios:

Publicar un comentario