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miércoles, 1 de febrero de 2017

China rompe el monopolio estadounidense sobre los aviones furtivos

En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Obama se jactó de lo que él interpreta como el predominio militar de Estados Unidos sobre el resto del mundo. Pero lo hace en el preciso momento en que Rusia ha desplegado en Kaliningrado, en el Mar Negro y en Siria un eficaz sistema de interferencia de las redes de comunicaciones y mando de la OTAN e ignorando el hecho que China acaba de registrar un importantísimo avance en materia de aviones furtivos.



Los chinos comenzaron a fabricar aviones de combate copiando varios aparatos soviéticas de los años 1960-1970. Durante las dos últimas décadas, China ha sabido eliminar el abismo tecnológico que la separaba casi totalmente de Occidente y se ha convertido en un país reconocido por su industria aeronáutica. El avión chino J-10B está equipado con un radar AESA (similar al del F-35) y dispone de un revestimiento hecho de un material que absorbe las ondas de los radares reduciendo así la superficie que refleja dichas ondas, lo cual pone a ese avión en un plano de igualdad con el F-16 estadounidense y con el Mitsubishi F-2, utilizados por las fuerzas aéreas de Japón y de Sudcorea.

China planea dotarse de entre 300 y 500 de J-10B. A pesar de haber terminado en 2014 la construcción de nuevas capacidades para la fabricación de aviones, que podían haberle garantizado un ritmo de construcción de entre 100 y 200 aviones de combate al año, el gigante asiático solamente produjo en 2015 unos 24 o 26 aviones de combate del tipo J-10B. La explicación es que China está preparando una línea de producción del nuevo avión J-20.



El primer día de 2016, China anunció está iniciando este año la producción en serie del avión furtivo J-20. Y procedió a publicar una serie de fotos de la última versión del J-20, producido por Chengdu Aerospace Corporation, con el número de registro 2101, lo cual significa que ha entrado en una nueva fase de la producción. Los 8 primeros prototipos del J-20 incluidos en el programa de ensayo fueron registrados con la serie de cifras del 2001 al 2017.

Este acontecimiento rompe con la supremacía de Estados Unidos, que había sido hasta ahora el único operador de aviones de combate de quinta generación. China se propone ahora dotarse de 300 o 400 J-20 para reemplazar su flota, ya obsoleta, de bombarderos tácticos de los tipos J-8 y Q-5.

Estados Unidos necesitó 20 años y 400 000 millones de dólares para la concepción y el desarrollo del F-35, anunciado como un avión de combate capaz de despegar desde pistas normales o desde portaviones, así como de despegar y aterrizar verticalmente. Pero, con sólo 8 años de concepción y proceso de pruebas, el J-20 chino es un poco más modesto. Este avión de guerra chino cuenta con 2 motores rusos AL-31F de 12 500 kgf, los mismos utilizados en el Su-30MKK y el Shenyang J-11. Contrariamente al F-22 estadounidense, el J-20 no tiene motores de tracción vectorial. En las maniobras cerradas es inferior al F-22 y al F-35, lo cual se debe a la relación entre empuje y masa de las subunidades, y también a una aviónica inferior. Rusia comenzará la entrega a China de 24 aviones multipropósito de 4ª++ generación del tipo Su-35, propulsados por motores Saturn 117 S, con un empuje vectorial de 15 800 kgf, y los chinos cuentan con ellos, quizás con intenciones de copiarlos y utilizarlos en el J-20 o de comprarlos a los rusos en grandes cantidades.

Aunque el avión chino de combate J-20 no ha sido concebido como un avión multipropósito capaz de luchar contra los aviones estadounidenses, japoneses y coreanos sino más bien como un bombardero, este aparato es el favorito de la marina de guerra china por estar equipado con una línea de datos vía satélite para la transmisión permanente de las coordenadas GPS de los blancos móviles. Esto permite utilizar el J-20 como avión «invisible», especializado en ataques sorpresivos, a gran distancia de las costas, contra los portaviones y otros buques de guerra. El J-20 pesa 32 toneladas, con un tanque interno capaz de recibir 11 toneladas de carburante, lo cual le permite volar 4 000 kilómetros sin necesidad en reaprovisionarse en vuelo, además de poder alcanzar la velocidad Mach 2.1. Al ser invisible a los radares, el J-20 no es vulnerable a los misiles aire-aire ni a los misiles antibalísticos de los destructores del tipo AEGIS, como los misiles antiportaviones DF-21D, que tienen un alcance de 1 450 kilómetros [1].



Dado el hecho que Corea del Sur y Japón han hecho respectivamente pedidos de 40 a 50 aviones furtivos estadounidenses del tipo F-35, China también está desarrollando –aún se encuentra en fase de pruebas– un avión interceptor de 5ª generación, el J-31, que constituye una alternativa ante el F-35 estadounidense. Ambos aviones cuentan con la misma masa y disponen cada uno de 2 compartimientos que pueden ser utilizados para misiles aire-aire de alcance medio o para bombas. Como el J-31 no es un competidor en la categoría del Su-T-50, todo parece indicar que los rusos ayudaron discretamente a los chinos con transferencias de tecnología y, por consiguiente, la producción en serie del avión chino podría comenzar en 2018 [2]. Además de los 500 aviones J-31 que ha solicitado la fuerza aérea de China, unos 120 ejemplares serán destinados a los portaviones chinos y al menos 600 ejemplares se destinarán a la exportación. Incluso ya existe un pedido pakistaní de 40 de esos aviones. Como Israel ya hizo un pedido de 75 aviones estadounidenses del tipo F-35, Irán está tratando de tantear el terreno y pudiera estar interesado en adquirir una cantidad similar de J-31.

China se ha convertido en la primera economía mundial y dispone de más dinero que Estados Unidos para dedicarlo a la investigación y desarrollo. Por consiguiente, China ha desarrollado el más complejo de los programas de fabricación de drones (aviones sin piloto) con intenciones de desbancar a Estados Unidos en ese campo. China incluso estima que en los próximos años estará en condiciones de exportar drones por valor de 4 800 millones de dólares, dado el hecho que sus drones, tan buenos como los MQ-9 Reaper estadounidenses, son hasta 16 veces menos caros [3].



La flota de guerra de Estados Unidos, en cooperación con las flotas de sus aliados del sudeste de Asia (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Australia, etc.) constituye una fuerza de calidad superior a la de la marina de guerra de China y es capaz de bloquear las rutas comerciales marítimas que abastecen a China con materias primas.

Por su parte, China está construyendo buques de guerra cada vez mejores, pero necesitará 10 años para alcanzar el nivel tecnológico de Occidente en materia de marina militar [4]. La Casa Blanca sabía que mantener la situación actual, favorable a Estados Unidos en el oeste del Pacífico, sólo es posible si impide que China utilice su poderío económico para incrementar su potencial naval [5]. Es por ello que la nueva doctrina militar de China pone énfasis en el componente aéreo de su marina de guerra con la proyección rápida de su fuerza militar a gran distancia mediante operaciones de inserción de tropas aerotransportadas.

Desde 2013, China ha realizado ensayos con su prototipo de avión militar pesado de transporte Xian Y-20, capaz de transportar un volumen máximo de 66 toneladas de carga útil. El paso a la producción en serie del Xian Y-20 depende de la entrega de motores PS-90A21 por parte de Rusia.

Para contrarrestar las acciones de Estados Unidos, los militares chinos han definido 4 sectores marítimos vitales para China y han construido en cada uno de ellos nuevos puestos avanzados y bases de operaciones, designados como «perlas». Una «perla» comprende una pista de aterrizaje y despegue para aviones de combate (en particular para los J-20) y para aviones pesados de transporte del tipo Y-20, varias instalaciones navales y una guarnición de infantería de marina. Las «perlas» garantizan la infraestructura necesaria para los golpes aéreos y las fuerzas aerotransportadas y expedicionarias, así como de invasión, del ejército chino [6].

El Sector 1 representa el acceso al Mar de China Meridional sobre el Océano Índico a través del Estrecho de Malaca y del Estrecho de la Sonda. Una de las «perlas» es la isla de Hainan, donde los chinos disponen de una base naval subterránea, que alberga una flota de 20 submarinos convencionales y nucleares. En la isla de Hainan hay además 6 bases aéreas. Los chinos han construido otra «perla» en la isla de Woody del archipiélago Paracelso, situado 300 kilómetros al sudeste de la isla de Hainan. Además de un puerto militar, hay allí un aeródromo militar, desde donde ya operan aviones chinos multipropósito Su-30MKK. Otra «perla» ha sido construida en la isla de Sittwe, en Birmania (Myanmar).

El Sector 2 es la vía de acceso entre el Mar de China Meridional y el Océano Pacífico a través del Canal de Babuyan (Filipinas). China comenzó a modificar el arrecife de Fiery Cross, en el Archipiélago de Spratly, para crear otra «perla» alrededor de una pista de aterrizaje y despegue adaptada a las necesidades de los avions J-20.

El Sector 3 es la vía de acceso del Mar de China Oriental al Océano Pacífico a través del espacio entre la isla de Taiwán y las islas de Okinawa (Ryukyu).

El Sector 4 es la vía de acceso del Mar de China Oriental al Océano Pacífico a través del espacio entre Japón y Corea del Sur.

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